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DETENIDO. La Guardia Civil traslada a uno
de los integrantes de la red que vendió los
explosivos. / PURI CITOULA
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EL CORREO,
10 de junio de 2004
Detenidos en Asturias seis
miembros de la red que robó los explosivos
del 11- M
Entre los arrestados por la Guardia Civil están la mujer y el cuñado
del minero acusado de vender la dinamita a la célula integrista Otro
de los integrantes de la banda era el guarda de un polvorín
MELCHOR SÁIZ-PARDO/COLPISA. MADRID
Cayó la red de venta de explosivos robados en Asturias que facilitó a
los terroristas del 11-M los más de 200 kilos de 'goma 2' y los detonadores
usados en los atentados. Efectivos de los Servicios de Intervención de
Armas y Explosivos de la Guardia Civil, tras tres meses de investigaciones para
determinar el origen exacto de la dinamita plástica utilizada en la masacre,
detuvieron a primera hora de la tarde de ayer a cinco personas en la localidad
asturiana de Avilés y a una más en Gijón, acusadas todas
ellas de ser miembros de un grupo especializado en distraer explosivos de las
explotaciones asturianas para su reventa ilegal a particulares.
Es la red a la que pertenecía José Emilio Suárez Trashorras,
el ex minero detenido el 18 de marzo y que está en prisión acusado
de haber vendido la 'goma 2' a los terroristas a cambio de unos 7.000 euros y
32 kilos de hachís.
Entre los detenidos hay dos familiares suyos: su mujer y guardia de seguridad,
Carmen María Toro Castro, y su cuñado y socio, Antonio Toro Castro,
hermano de la anterior. Otro de los arrestados es Emilio Llano Álvarez,
el guarda de vigilancia del polvorín de la mina 'Conchita', ubicada en
Calabazos (Belmonte de Miranda, Asturias), la explotación de donde procedía
el explosivo usado en las mochilas bomba.
Libro de salidas
Llano -aseguran los investigadores- era la única persona que tenía
acceso a los explosivos y era el encargado de llevar el libro de salidas y entrada
de la 'goma 2' y los detonadores. La Guardia Civil le acusa de haber falsificado
los registros para ocultar las sustracciones de material.
El resto de las personas detenidas son mineros relacionados con esta red: Rubén
Iglesias, Juan Granados Peña y Javier González Díaz, más
conocido como 'El dinamita', todos ellos amigos de Suárez Trashorras.
El ministro del Interior, José Antonio Alonso, explicó que los
seis arrestados son miembros de la «trama que permitió a los terroristas
del 11-M conseguir los explosivos».
Según fuentes de la lucha antiterrorista, la última fase de la
investigación -denominada 'operación Páramo'- comenzó el
pasado 26 de marzo, cuando la Policía asaltó la casa de Morata
de Tajuña (Madrid) donde la célula terrorista fabricó las
mochilas bomba que reventaron en los trenes. En la infravivienda, los expertos
policiales encontraron los envoltorios de los cartuchos de 'goma 2'.
Después de varias semanas de pesquisas en los libros de entrada y salida
de material de decenas de explotaciones y canteras, los Servicios de Intervención
de Armas y Explosivos de la Guardia Civil llegaron a la conclusión de
que la dinamita plástica sólo había podido salir de dos
minas: de 'Conchita' o de 'Colladas y Anexas', en Arbodas (Salas). Dos explotaciones
que -asegura el instituto armado en sus informes- consumen al mes cerca de 2.000
kilos de explosivos y unos 7.500 detonadores.
Los especialistas no tardaron en comprobar que Suárez trabajó como
ayudante de minero hasta el 31 de octubre de 2002, en que causó baja por
finalización de contrato, en 'Conchita', una explotación de caolín
-una arcilla blanca usada para la fabricación de medicamentos y porcelanas-
propiedad de la sociedad Caolines de Merillés y que da empleo a un total
de 35 trabajadores.
Suárez Trashorras reconoció haber vendido la dinamita a Jamal Ahmidam,
'El chino', el 'número dos' de la célula islamista y que acabó suicidándose
en Leganés, con quien acordó guiarle hasta la explotación
entre el 28 y el 29 de febrero para sustraer el explosivo, ya que ninguna de
las dos minas tenía vigilancia. Sin embargo, el ex minero aseguró que él
no tomó parte en el asalto y que, en todo momento, trabajó solo.
Sin embargo, las explicaciones de José Emilio Suárez no convencieron
ni a la Policía ni a la Guardia Civil, el cuerpo que tiene competencias
en la vigilancia de explosivos. Las contradicciones del ex minero se acentuaron
después de que la empresa Caolines de Merillés asegurara que, tras
comprobar sus libros, no constaba ningún robo en la mina 'Conchita'.
Fue entonces cuando los técnicos de la Guardia Civil comenzaron a sospechar
de que Suárez Trashorras no había actuado solo y que el grupo de
traficantes de explosivos al que pertenecía contaba con la ayuda de algún
responsable de la explotación bajo sospecha.
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