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El Diario Vasco, 17 de marzo de 2004

Hipótesis, mentiras y cinta de vídeo

CÉSAR SAN JUAN GUILLÉN/SUBDIRECTOR DE INVESTIGACIÓN DEL INSTITUTO VASCO DE CRIMINOLOGÍA

Hoy he visto a una mujer a la que parecía producirle rabia haber sobrevivido a la masacre en del pasado 11 de marzo en Madrid. Se cerraron las puertas del vagón de la muerte delante de su cara; perdió el tren y ganó el resto de su vida. Por otra parte, he visto al Sr. Imaz confesando que se quitaba «una losa de encima» con la posibilidad de que ETA no fuera la autora de este brutal atentado. Curiosas reacciones de rabia y alivio respectivamente que merecen un análisis psicosocial más detenido y en otro espacio.

Ahora mi intención es ordenar los elementos que los acontecimientos han ido presentando de cara a cuestionar una idea que parece estar instalándose en algunos círculos de opinión de nuestro entorno, planteando una implícita diferenciación entre 'terroristas malos' y 'terroristas buenos'.

Aún cobrando fuerza la hipótesis del terrorismo islámico, algunos medios apuntan a eximir a ETA de toda responsabilidad basándose en el número de víctimas, lo que deja entrever un extraño baremo de lo que este pueblo es capaz de soportar a una organización terrorista vasca. Del «no son vascos, son alimañas», se ha pasado al «no son vascos, son árabes». Este deseo por eludir la conexión con la bestia etarra puede llevarnos a pasar por alto algunas manifestaciones casi esperpénticas.

La primera, y muy llamativa, es la rueda de prensa del Sr. Otegui que a primera hora de la mañana del 11-M tenía muy claro que no había sido ETA. Esta prontitud, en todo caso, sería sospechosa de la hipótesis contraria; a no ser que el Sr. Otegui fuera informado directamente por el dirigente de dicha organización terrorista confesando su no implicación. Pero en ese caso no era procedente la alusión a la «resistencia árabe» hasta que alguna de sus organizaciones lo reivindicara formalmente. Digo formalmente y, por lo tanto, no me refiero a la chapuza de correo electrónico que mandaron al rotativo londinense o a la cinta de video aparecida en una papelera, señal inequívoca de que el desconocido protagonista del mismo ha visto muchas películas.

Por otra parte, sostener ahora que ETA no podría promover el asesinato indiscriminado a población civil, obreros y estudiantes resulta un poco cretino toda vez que era el objetivo pretendido en el intento de atentado de Nochebuena, también en Atocha. Resulta, por tanto, muy difícil entender por qué dirigentes de la antigua Batasuna han condenado este atentado con 200 víctimas mortales y jamás los anteriores con más de 800, entre las que también hay trabajadores y estudiantes; ¿por qué fueron a pequeñas dosis?.

La hipótesis de un atentado del terrorismo islámico es probable, pero lo cierto es que tienen diferente modus operandi, y formas diferentes de reivindicar sus acciones. En todo caso, de cara a la recuperación psicológica y social de las víctimas es preciso esclarecer por completo la autoría de esta barbarie lo antes posible. Para los familiares de las víctimas y los supervivientes, lo peor, está por llegar.