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EN CABEZA. Numerosas personalidades sociales y políticas caminaron detrás de la pancarta con el lema común a todas las marchas de España: 'Con las víctimas, con la Constitución, por la derrota del terrorismo». / LUIS ANGEL GÓMEZ

 

El Correo, 13 de Marzo de 2004

Una multitud desborda las calles de Bilbao para compartir su dolor con los madrileños

Ibarretxe y la oposición marcharon por separado en un acto a cuyo término afloraron tensiones
LOURDES PÉREZ/BILBAO

«Porque había que estar», Bilbao estuvo anoche con Madrid. Decenas de miles de ciudadanos, sabedores en carne propia del dolor y las profundas heridas que puede abrir el terrorismo, desbordaron el centro de la capital vizcaína en una manifestación de tristeza e indignación colectivas sólo comparable a la celebrada el día negro que ETA asesinó a Miguel Ángel Blanco. 300.000 personas, según la Subdelegación del Gobierno, ganaron la calles en memoria de las víctimas madrileñas en un sentido duelo compartido, bajo una pertinaz lluvia que caló a todos tanto como el desconsuelo.

Fue una marcha compacta, sin fisuras, trabada por sentimientos comunes, pese a las distancias ideológicas -que afloraron a su término- y a carecer de un liderazgo institucional y político único y nítido. Porque la gente de Bilbao abarrotó las arterias de su ciudad ajena a las rencillas que los partidos parecen incapaces de aparcar en Euskadi, ni siquiera ante un atentado tan devastador como el perpetrado en la capital española. Todos los partidos se quedaron con la incondicional, pacífica y conjunta respuesta de la ciudadanía vasca.

Pero lo cierto es que ellos caminaron entre la marea humana lejos los unos de los otros: dirigentes del PP y del PSE y representantes de UGT y CC OO encabezaban la manifestación sujetando el lema oficial, 'Con las víctimas, con la Constitución, por la derrota del terrorismo'; a distancia de ellos marchaban el lehendakari, la cúpula del PNV, Juan María Atutxa y José Antonio Ardanza tras una pancarta blanca, 'manchada' tan sólo con un crespón negro; y en medio se sumían entre la multitud la presidenta de EA y el líder de Ezker Batua, partido cuyos simpatizantes lucían en sus pecheras pegatinas propias.

Gentío

Entre unos y otros, llenándolo todo, iba el gentío. La manifestación arrancó de la plaza del Sagrado Corazón poco después de las siete de la tarde; ya entonces, pese a que la creciente oscuridad y el océano de paraguas impedían cualquier cálculo certero, la intuición apuntaba a una de las convocatorias más ingentes en la historia reciente de Euskadi. Un coche de la Ertzaintza tuvo que abrirse paso entre la muchedumbre para que la marcha pudiera echar a andar a lo largo de la Gran Vía, tan atorada que los agentes acabaron por recurrir a la megafonía. Bilbao y sus gentes desfilaron a ritmo lento y en un silencio absoluto por las calles, salpicadas de lazos oscuros y rudimentarios carteles contra la violencia.

Fue al desembocar la cabeza en el punto final, frente al Ayuntamiento de Bilbao, cuando la multitud liberó lo que llevaba horas rumiando en solitario. Primero se escucharon gritos tímidos de libertad y aplausos acompasados. Luego, unos empezaron a clamar contra la guerra y otros contra ETA, con tal intensidad que los políticos optaron por poner fin al acto para evitar disgustos. Sin embargo, nadie se movió, hasta que un grupo de estudiantes se adueñó de las escalinatas consistoriales y unió a todos los presentes al grito de 'Madrid, amigo, Bilbao está contigo'. Después, durante 45 intensos minutos, los manifestantes lanzaron voces contra ETA -las más-, contra Al-Qaida, contra todos los terrorismos, en apoyo a España. Y también reclamando que se esclarezca lo ocurrido el 11-M con un simple 'Queremos la verdad'.