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Furgoneta
hallada ayer en Alcalá de Henares y supuestamente relacionada
con los atentados perpetrados a primera hora de la mañana
en Madrid. (EFE)
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El
País , 12 de marzo de 2004
Al
estilo Al Qaeda
Madrid,
JOSEP RAMONEDA
En primer lugar las víctimas. La terrible fatalidad.
Y la imposibilidad de comprender por qué ellos. El
sin sentido de una muerte encontrada, simplemente, por haberse
levantado a la hora de cada día para ir a trabajar
o por haber cogido el tren unos minutos más tarde de
lo habitual porque se pegaron las sábanas. El más
radical de los absurdos.
Después,
la ciudadanía. Aturdida, desconcertada porque no hay
categorías en nuestro cerebro para integrar una carnicería
de estas proporciones. Creo que lo más importante de
todo es no cerrar los ojos ante la barbarie: lo peor es la
banalización del mal. La ciudadanía tiene el
domingo la cita democrática con las urnas. Se me ocurre
pedir que nadie falte y que cada cual vote lo que tenía
decidido votar ayer. ETA no puede cambiar un solo voto.
A
partir de aquí, cuesta mucho entrar por la vía
de los análisis. Tendemos siempre a esperar lo mejor.
Sabíamos que ETA estaba debilitada. Pensábamos
que por esta razón esta vez su intervención
en campaña se limitaría al obsceno comunicado
de la tregua selectiva. Cuando las fuerzas de orden público
detuvieron una furgoneta cargada de explosivos comprendimos
que lo seguían intentando pero preferimos creer que
el peligro estaba desactivado. No, ETA ha intervenido con
su instrumento de siempre: matar, porque es su única
forma de existir. Y lo ha hecho a una escala sin precedentes.
Es
muy arriesgado hacer especulaciones sobre las acciones de
ETA. Los que la han conocido desde dentro aseguran que su
toma de decisiones es mucho menos elaborada de lo que a veces
se supone y que dan los golpes cuando y como pueden. Pero
las características de este atentado no pueden pasar
desapercibidas. ETA ha matado ayer más ciudadanos que
la suma de las víctimas de sus cinco atentados anteriores
más sanguinarios. Se trata de un salto cualitativo
perfectamente buscado. De una masacre hecha con toda conciencia.
Esta vez no ha habido llamada de aviso. No se buscaba asustar,
se buscaba aterrorizar. Porque el terror es paralizante.
Es
inevitable mirar al exterior. Han sido Al Qaeda y otros ramas
del terrorismo islamista los que, en los últimos años,
han practicado repetidamente los atentados indiscriminados,
con explosiones simultáneas en diversos puntos, y altamente
mortíferos. No hace falta mirar sólo al 11-S.
En Irak, cada día hay ejemplos de este tipo de terrorismo.
¿Puede pensarse en cierto mimetismo por parte de los
dirigentes de ETA? ¿O más bien hay que pensar
en un intento de producir el mayor daño posible optimizando
la capacidad mortal de los limitados recursos operativos de
la banda? "El terrorismo -escribía Amos Oz- actúa
como la heroína: las dosis han de ser cada vez más
fuertes para que el efecto se mantenga". La dificultad
de ETA para actuar estaba desdibujando su imagen. Hacía
muchos meses que no mataba, con lo cual, en cierto modo, era
ya más una sombra que una amenaza. ETA ha querido acabar
con cualquier tipo de ilusión. Una masacre para que
nadie dude de que sigue ahí. Pero el hecho de que ETA
opte por un masacre estilo Al Qaeda, aún sabiendo que
es el tipo de atentado que más rechazo social produce,
es a tener en cuenta. Sembrar el pánico colocando a
toda la población como víctima potencial. Esta
es la estrategia. Porque ciertamente ninguno de los que tomaron
ayer los trenes en los que encontraron la muerte tenía
razón alguna para pensar que ETA iba a por él.
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