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Iñaki Arteta: "Estar cerca de las víctimas es un orgullo para mí"

Daniel Muñagorri

Iñaki Arteta, director de cine y escritor, recibió el pasado sábado en San Sebastián el premio que otorga el Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco (COVITE). Galardón que le ha sido otorgado "por su permanente compromiso en ayudar a mantener viva la memoria de las víctimas del terrorismo, dándoles la voz en sus implicados trabajos cinematográficos y por saber reflejar nítidamente el retrato más cruel de la realidad del terrorismo en nuestro país".

Arteta, que el miércoles presentó en Bilbao el libro Olvidados, escrito junto al profesor universitario y guionista Alfonso Galletero, comenzó su trabajo cinematográfico en 1988 con el largometraje Material sensible. En 2001 realizó Sin libertad, un cortometraje dedicado a las víctimas de ETA, por el que recibió en 2002 el primer premio al mejor director de documental en el Festival Internacional de Cine y Vídeo Independiente de Nueva York. Voces sin libertad, una ampliación en 50 minutos de los testimonios recogidos en Sin libertad, fue su siguiente trabajo, que vio la luz en 2004, el mismo año en el que filmó Agustín Ibarrola, entre el arte y la libertad, un documental biográfico sobre este artista vasco.

Su último filme es Trece entre mil (2005), en el que recoge otros tantos testimonios de afectados por atentados terroristas durante las décadas de los setenta y ochenta en Madrid, Barcelona y el País Vasco, y en el que denuncia el abandono social e institucional que sufrieron las víctimas de ETA en estos periodos. En estos momentos prepara una película sobre los exiliados, las miles de personas que en han ido abandonando el País Vasco y Navarra por la presión terrorista.

Cuando mucha gente tiene prisa por hacer que aquí no ha pasado nada, usted coge la cámara cada día para darles voz a las víctimas de ETA. ¿Cómo consigue no desanimarse?

Teniendo la seguridad de creer en lo que estoy haciendo, que tiene sentido ahora, pero que lo que estoy haciendo son piezas para formar un mosaico que construya nuestra historia reciente, junto con otros escritores, analistas y artistas, tampoco demasiados. Saber que estoy haciendo algo con mucho peso y valor me anima y me hace esforzarme en ser meticuloso con el contenido de mis obras.

¿Piensa más en el efecto que sus películas tienen ahora o en lo que de documento para la memoria van a significar?

El presente me da un poco lo mismo a la hora de hablar de las víctimas o de lo que ocurre en Euskadi. Los trabajos que he hecho hasta ahora son atemporales, no tienen que ver con la vertiginosa actualidad de nuestro entorno porque si fuera así serían reportajes para televisión y eso ya lo hacen las televisiones. Busco hacer unos trabajos más pausados y meditados, que al verlos uno pueda hacerse con algunas claves de lo que ha ocurrido y ocurre en torno al terrorismo en este país.

¿Qué sensación tiene del eco que sus películas tienen cuando llegan a los espectadores?

Son sensaciones muy buenas, creo que son trabajos que, de momento, interesan a una parte de la sociedad que se ha visto privada de ver documentos audiovisuales con los contenidos que yo manejo. Se transmiten unas cuestiones que son de interés para toda la sociedad, pero que de momento han sido acogidas por un sector, el no nacionalista, con mucha emoción y dándole a mis trabajos un prestigio que a mí me enorgullece. No están teniendo una repercusión masiva, no son La guerra de las galaxias, pero tienen una aceptación que me agrada mucho.

¿No se ha convertido en una voz molesta para una parte de la sociedad vasca y del resto de España, que lo que desean es olvidar?

Sí, cualquier postura artística y pública que tenga que ver con posicionamientos contra corriente se convierte en molesta. Pero ha sido ahora y siempre. Cuando hay un poder dominante que presiona mucho a la sociedad desde la comunicación, desde los elementos propagandísticos, a esa sociedad le cuesta mucho reaccionar en forma de rebeldía. Y yo me sitúo en ese margen, en el de los que podrían rebelarse pero hay pocos que lo hacen. Pues he sido de los que se rebelan y creo que represento a un sector amplio del pensamiento en el País Vasco y en España que apoya a las víctimas, que es crítica en lo intelectual contra el nacionalismo. Todo eso suele ser molesto, pero como cualquier persona contraria al nazismo o al franquismo y que lo expusiera públicamente en su momento. La crítica debe ser consustancial a la labor del artista.

El momento actual, especialmente dado al olvido y el borrón y cuenta nueva, puede ser todavía peor para trabajos como los suyos.

Sí, pero también debemos ver un cierto sentido de trascendencia si uno no se dedica a la actualidad pura y dura. Y, en ese sentido, ser incómodo o no la verdad es que no me importa mucho. Lo que intento hacer requiere un análisis más pausado. Se pueden ver en el presente, claro, pero no como una referencia a los movimiento políticos que hubo anteayer o que habrá pasado mañana. Voy dejando piezas del presente que conviene verlas desde muchos puntos de vista, pero sobre todo desde una visión global.

¿Por qué Trece entre mil estuvo tan poco tiempo en las carteleras, tuvieron alguna responsabilidad los medios de comunicación?

Se portaron bien y desde todo tipo de medios me hicieron entrevistas y a buen tamaño y creo que interesó a nivel mediático. Así que teníamos la esperanza de que esa comunicación llegara al espectador y se animara a ir a verla. Pero eso no fue tanto así, hay que entender que el documental es un género minoritario y, además, me parece que la certeza por parte del espectador de que iba a pasar un mal rato se puso en nuestra contra. Ir a ver algo dramático y que alude a tu propia conciencia sin duda no es un planteamiento muy divertido que digamos. Frente a otras películas cuyo planteamiento era sostener la bondad de la equidistancia. Está claro que es más apetecible que alguien esté transmitiendo el mensaje de que lo que hace uno está muy bien porque no se mete en nada. Mi propuesta era incómoda de partida, pero al margen de lo que ocurrió en los cines, hay otros circuitos interesantes. Hay grupos cívicos de toda España que están pidiéndome la película.

¿Está ya Trece entre mil disponible en DVD?

Sí, desde hace un par de semanas. Y, además de que se compre la película o no, la proyección pública en muchos sitios promocionada por grupos cívicos, ayuntamientos o centros educativos está siendo un goteo y es otra vía interesante para difundirla.

Usted nació en 1959, un día después de que lo hiciera ETA, pertenece a esa gente que convive con ETA toda su vida. ¿Cómo explicar esa situación?

Es realmente difícil. Absolutamente perturbador. Repasar la historia de uno y ligarla a lo que ha ocurrido en este país con el terrorismo es un ejercicio muy duro. A nada que uno repase la hemeroteca de los años 80 se te cae el alma a los pies. Todo eso ocurrió mientras estudiábamos, nos echábamos novia, viajábamos y queríamos tener trabajo y piso. Hemos vivido con una aceptación tan grande de que lo que ocurría, bueno, pues tenía que ocurrir así. Desde una perspectiva crítica que puede tener alguien que dedique un poco de tiempo a su pasado y a sus actitudes de entonces, el resultado puede ser tremendo. También ese repaso al pasado, que se puede hacer personalmente o, por ejemplo, con una película como Trece entre mil o el libro Olvidados, puede ser interesante para situarse en el presente. Cuando se hacen planteamientos de negociaciones conviene echar un vistazo a lo que ha pasado, no olvidar, tenerlo muy presente para tomar una postura sensata, incluso moral, con respecto a una posible negociación.

¿Es cierto que la Diputación de Bizkaia dejó de encargarle trabajos como fotógrafo tras su primera película?

Sí. Llevaba trabajando catorce años para el gabinete de prensa de la Diputación y a partir de mi primera película me hicieron lo que ahora se conoce como mobing. Depurarte, eliminarte y sacarte de su lista de la manera menos escandalosa posible. Forma parte de la represalias a las que nos tienen acostumbrados. Estamos muy acostumbrados a hechos fascistas cotidianos en este país, pero también lo compensamos desde grupos como el vuestro, Basta Ya, y otra gente con coraje cívico. Este país tiene estas paradojas. Hay que aguantar todo este tipo de hechos que tienen que ver con el autoritarismo y el totalicultarismo al que nos quieren conducir y que hay que combatir con mucha energía.

¿Se ha convertido en víctima potencial al dar la cara por las víctimas de ETA?

Sí, sí, y como todas las víctimas a mi pesar. Al tocar el tema de las víctimas y del terrorismo cuando todavía existe, corres el riesgo de verte absorbido por esa historia e introducirte en ese grupo que observas. Los que se han acercado a las víctimas se han convertido, en mayor o menor medida, en una de ellas. Estar cerca de los que creo que tengo que estar cerca es un orgullo para mí.

La película que está preparando se centra en esas miles de personas que han ido abandonando el País Vasco y Navarra por la presión terrorista.

Otra parte muy importante de lo que ocurre aquí es la gente que se ha marchado. Personas que se han tenido que ir por cuestiones educativas, empresariales, económicas, intelectuales. Eso hay que contarlo y en eso estamos.

Si muchos desprecian y minusvaloran el papel de las víctimas de ETA, imagino que en el caso de los exiliados será mucho peor, supongo que más de uno dirá que se han ido porque han querido.

Llegará un momento en que alguien dirá que esto no ha ocurrido. Si teniendo como techo el holocausto nazi ya hay escritores y publicaciones que lo niegan, de una manera más sencilla con lo nuestro también pueden decir que no ha sido para tanto, que se tuvieron que ir algunos, pero que luego viven muy bien fuera. Esa tendencia a minimizar lo ocurrido y que eso lo asimile la ciudadanía un poco mediatizada por su anhelo de paz, probablemente pase. Pero de eso me estoy encargando yo o, por ejemplo, Querejeta y todos estos compañeros que han escrito sobre estos temas y que son mis maestros intelectuales. Nos encargamos de poner las piezas para que en el futuro no digan que esto no ocurrió, que ya habrá quien lo haga. Ese es el espacio que tenemos los que nos dedicamos a la creación, el espacio de aportar algo sensato a la historia de lo que vivimos.

¿Le gustaría tener un cara a cara, con una cámara por medio, con alguno de los jefes de ETA?

Sí, evidentemente. Y no sólo con los jefes. Hay un tema muy interesante que lo recogió muy bien Fernando Reinares en su libro Patriotas de la muerte, en el que él se entrevistaba con decenas de gentes de ETA, unos en la cárcel, otros habían salido; unos militaban aún, otros no. Conocer la mentalidad, las motivaciones de los asesinos y los cómplices no deja de ser interesante. ¡Ahora!, uno tiene sus prioridades. Mi acometida al tema vasco no podía empezar por ahí, como han hecho otros que se han interesado más por los asesinos que por las víctimas, pero desde luego que hay un tema muy interesante en saber de su propia voz lo que han hecho. Lo que se descubre en el libro de Reinares es que no hay condiciones objetivas para hacer lo han hecho. Cada uno se busca sus agravios.

Usted que ha hablado con tantas víctimas de ETA, ¿cómo ve el papel que pueden tener en este proceso de negociación que se abre?

Lo que tienen que hacer, casi lo único que pueden hacer, es protestar. No tienen más que perder, ya han perdido lo más importante de sus vidas: un padre, un hijo, un hermano. Tienen que hacer lo que ya hacen, no perder la perspectiva de su reivindicación de memoria, verdad, justicia. Y protestar, movernos a todos, agarrarnos por el cuello y decirnos: "estamos aquí porque paso esto, nos afecta a todos y no se puede olvidar". Hay momentos en los que han tenido menos presencia pública y eso hace que a la ciudadanía se le olvide su existencia. Creo que deben estar ahí y estarán probablemente con toda la artillería argumental que tienen para decirnos a los que estamos con ellos que sigamos en la búsqueda de ese futuro mejor y más justo. Y a los que no están con ellos para recordarles lo que han hecho. Ganen o pierdan por cuestión de negociaciones, lo que tenemos que hacer es que pierdan lo menos posible. Hay que trabajar apoyándoles en ese sentido.