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ENTREVISTA A IRENE VILLA

ANTZUELO

¿Qué ha significado escribir el libro Saber que se puede, donde repasa su vida desde el momento del atentado de ETA? ¿Cómo se ha sentido?
Ha sido lo mejor que he hecho en mi vida, porque sé que está ayudando a mucha gente y ese era el fin para el que lo escribí. Cada día recibo cartas de agradecimiento por ello, y eso, es el mejor regalo que podía recibir. Creo que se están cumpliendo los objetivos de contagiar paz y felicidad a todo el que lo lea.

Usted ha escogido con decisión vivir cerca de las víctimas del terrorismo y no ha querido refugiarse en el silencio y en el olvido, algo que por otra parte también es muy humano que suceda. ¿Por qué?
Porque afortunadamente desde un principio asumí lo que nos había ocurrido y me sentí en el compromiso de hacer que todas las demás víctimas lo hicieran también. Siempre me he sentido privilegiada por el hecho de haberlo asumido sin reproches porque sólo así eres capaz de retomar tu vida y ser feliz. Por eso nos hemos mantenido en la esfera pública, para contagiar a las demás víctimas de esta actitud tan favorecedora a nivel psicológico.

Irene Villa es para muchos la imagen que representa a las víctimas del terrorismo. ¿Eso le pesa a la hora de expresar sus sentimientos y opiniones?
No, porque sigo mostrándome como soy. En ningún momento he tenido que interpretar ningún papel, eso sí que sería cansado... Trato de captar todo el amor que España entera vuelca en mí, en representación de todas las víctimas, para después transmitírselo muy especialmente a quienes más sufren. Tanto mi madre como yo, lo superamos desde un primer momento, pero hay mucha gente destrozada por un atentado terrorista, por ellas, tenemos que estar ahí.

En el relato que hace en su libro destaca siempre las ganas de salir adelante, de no ponerse más barreras de las que ya la sociedad dispone para cualquier persona con una discapacidad. ¿Cómo lo consigue?
Desde el primer momento supe asumir lo que me había pasado. Ese fue el primer paso para vivir feliz los maravillosos años que tenía por delante. Las claves de afrontamiento fueron precisamente el afán de superación y el optimismo. Pero también tuve momentos malos. El libro me ha ayudado a recordarlos y a sentirme aún más fuerte.

"Las víctimas no queremos llorarle a nadie, ni dar pena, lo único que queremos es que seamos las últimas. Que no haya más muertos". Entiendo que con cada nuevo atentado a ustedes les vuelven a atacar otra vez.
Así es. Y creo que ese es un sentimiento generalizado entre todas las víctimas. Cuando escuchamos que se ha cometido otro atentado, revivimos el dolor porque nos identificamos con la nueva familia rota.

Destaca en su relato la importancia de atender bien en el apartado psicológico a las víctimas de un atentado, algo que ni a usted ni a otros muchos se les ofreció. Parece que ahora esto va cambiando a mejor.
fortunadamente cada vez se le da más importancia a la salud mental. Sobre todo en los casos de violencia y cambios drásticos en la vida de una persona, considero imprescindible la atención psicológica. Las cosas, si no las asumes en tu mente, pueden no llegar a superarse nunca. Y a veces es necesario que alguien nos dé ese empujoncito para afrontar la realidad.

Dice que se ha sentido la persona más querida de España, pero también habla del silencio y las promesas rotas que sustituyen a la atención que las víctimas reciben en los primeros días. Y cita concretamente a los políticos, de los que dice que la mayoría prometieron cosas que jamás llegaron a cumplir. ¿Qué ha echado de menos en general y de la clase política en particular en todos estos años?
En algún momento eché en falta una respuesta contundente contra el terrorismo de todos los partidos democráticos y de la sociedad en general. Me consta que en muchos casos era el miedo el que impedía esto, lo que me produce mucha pena. Afortunadamente el miedo está desapareciendo, dejando paso a una oposición cada vez más decisiva, contra el terrorismo.

La importancia de una imagen es vital. Aquellas secuencias en televisión del terrible atentado, de su madre y usted heridas. ¿Necesita la sociedad ver con sus propios ojos el horror para darle el valor real que tiene?
Sinceramente creo que sí. Hasta que no lo vemos no nos sensibilizamos. La prueba está en que tras aquellas duras imágenes que dieron la vuelta al mundo, la gente se volcó contra el terrorismo y nosotras nos hicimos muy famosas, mientras que otros muchos atentados han quedado en el olvido.

¿Cree que tras el atentado del 11-M hay en España dos clases de víctimas? ¿Qué las víctimas de ETA han pasado ahora a un segundo plano?
Yo trato de que no sea así. De hecho en la Asociación Víctimas del Terrorismo no existe ningún tipo de distinción entre las víctimas de distintas bandas terroristas, pero sí que es cierto que hay quienes orientan sus ayudas sólo a las víctimas del 11-M, porque están más sensibilizados a este hecho que a los otros casi mil asesinatos, que parecen desvanecerse de la memoria de muchos.

¿La enorme atención prestada a la señora Manjón en comparación con la que ha tenido el representante de la AVT en esa misma comisión parlamentaria no es dolorosa al separar a unas y otras víctimas?
En esa comisión el protagonismo era de las víctimas del 11-M. Lo doloroso es que no sólo no se abra una comisión que investigue a los etarras que ponen bombas o dan tiros por la espalda, sino que tengan un trato privilegiado en las cárceles.

Parece que el final de ETA está más cerca que nunca. ¿Qué papel cree que deben tener sus víctimas en este proceso?
Esperar que sea real para celebrarlo.

No son pocos, especialmente en el País Vasco, los que aceptarían una amnistía a los terroristas a cambio del final de ETA. Usted que conoce de cerca de muchas víctimas, ¿cómo aceptarían esta hipótesis?
No se puede negociar con quienes no han dejado nunca de matar. Todo delincuente, asesino, extorsionador... debe permanecer en la cárcel hasta que cumplan íntegramente sus penas.

A veces es complicado expresar de una forma personal la solidaridad hacia las víctimas del terror. No sabemos si podemos reavivar el dolor, si podemos caer en la compasión, si podemos pasarnos o quedarnos cortos. ¿Qué le parece?
Está claro que no todos necesitamos lo mismo pero hay una respuesta universal que reconforta a todas las víctimas, esa respuesta es el amor. Las muestras de cariño son el mejor regalo que podemos recibir, porque nos hacen sentir que no estamos solas.