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DESGRANANDO
LA
TRANSICIÓN

KATUARRAINAK ENTREVISTA A TEO URIARTE

Una semana antes de que Ibarretxe nos presentara su Plan en el Parlamento vasco, nos acercamos a Bilbao a ver a Teo Uriarte. En lugar de las preguntas tradicionales, le planteamos hechos, momentos, fechas, personas, lugares… Gracias a su buena capacidad de síntesis, en una hora recorrimos con él la historia de Euskadi.

El Proceso de Burgos.
Pasaba por allí… En mi generación, en la Universidad, o te metías en ETA o te metías en el PCE. Como mis amigos eran de ETA, me metí en ETA. Tuve la mala idea de escaparme de la Guardia Civil cuando fueron a buscarme por una tontería. A raíz de esto me encontré cada vez más comprometido dentro de la organización. Y, como en aquellos tiempos ascendías de escalafón muy rápidamente porque a los que estaban por encima los detenían enseguida, acabé algo así como de Capitán. Aquella ETA fue la ETA V Asamblea cuyo elemento de distinción con respecto a ETA Berri, o los "liquis" como despreciativamente se les llamaba, era el tema de la lucha armada. Hubo una serie de atentados simbólicos, algún atraco a bancos y ese activismo y la mitificación de las armas llevaron al enfrentamiento y asesinato no premeditado de un guardia civil de tráfico por parte de Xabi Etxebarrieta y a la muerte de éste a manos de la Guardia Civil. Aunque se había teorizado mucho sobre la "insurrección armada", fue el espíritu de revancha generado por el asesinato de Etxebarrieta el que provocó poco después el atentado mortal contra Melitón Manzanas. A los pocos meses nos detuvieron a todos y algunos sectores organizados del Ejército cometieron el enorme error de plantear un gran proceso, con todos los medios de comunicación presentes, y donde no encontramos más salida que convertir aquella escenografía que los militares nos ofrecían en un ámbito de propaganda y de discurso propio. El resumen puede ser un discurso bastante solidario, bastante obrerista, limitadamente nacionalista, hasta el punto de que del "Eusko Gudariak" que se canta -he aquí una primicia para ¡Basta Ya!- sólo se canta la primera estrofa, porque a muchos les pareció que la segunda, con la ikurriña y todo lo demás, era demasiado nacionalista, demasiado folclórico. Por eso se repite y se repite sólo la primera, como habrá podido comprobar quien haya escuchado el disco.

ETA.
Se puede hablar sólo en la intimidad de la ETA de la dictadura y de la ETA de la democracia, porque se mitifica la primera. Hasta el atentado de la Calle Correo en el año 1974, hay un terrorismo selectivo que algunos teóricos consideran que no se puede llamar terrorismo, una lucha armada de carácter simbólico y propagandístico bastante delimitada. Incluso sobrevivía algo que era propio de nuestra generación como era la supeditación del grupo armado a la dirección política y a los otros sectores de la organización, entonces denominados frente cultural y socioeconómico. A partir de ese atentado, se ve que la hegemonía en el seno de ETA y su discurso es fundamentalmente terrorista y la ETA que tenemos ya en democracia es una ETA cínica que considera que, a través del terrorismo, se puede condicionar mucho más una democracia. Desgraciadamente el intento de Euskadiko Ezkerra de llevar lo que había sido la izquierda abertzale a la vía política se vio limitado y, con el tiempo, fracasó. Es verdad que muchos de los que pertenecimos a aquella generación de los años 70 lo intentamos en Euskadiko Ezkerra, quizá porque la ETA de la que algunos procedíamos no era tan radical, no era tan terrorista y era fundamentalmente política.

La cárcel.
Durante muchos años creí que la cárcel no servía para nada. Después, cuando me he ido haciendo viejo, he meditado sobre ello y he pensado que en un determinado ambiente, en unas determinadas condiciones, la cárcel puede servir para reflexionar sobre lo que has hecho, lo que ha ocurrido, los errores que hayas podido cometer y plantearte que, cuando salgas de la cárcel, hay ciertas cosas que no se deben hacer. Lo que ocurre es que esas condiciones son difíciles de encontrar. Yo tuve mucha suerte: me pasé cuatro años con la única compañía de Mario Onaindia y José Luis Zalbide. Creamos un pequeño círculo muy reflexivo. Todo lo que leíamos u oíamos en la radio daba pie a la reflexión.

¿Saliste distinto?
No. Pero determinadas cuestiones que habían estado solapadas por el rol que toda organización cerrada te obliga a cumplir -y ETA era una organización cerrada, jerarquizada y militarizada- cambiaron. Cuando salí a la calle, dije algo así como "Nunca más", para desesperación de Mario que me perseguía diciendo "Con ese talante tuyo vas a joder la izquierda abertzale". Yo me volvía hacia él diciéndole "Pues si la jodo, la jodo de una vez". Salí inconscientemente despreciativo de lo que suponía ETA en esos momentos. Quizá fue por el susto que me di al descubrir que la gente estaba mucho más radicalizada cuando se estaba abriendo un proceso de democracia que cuando vivía sometida, humillada y callada a finales de los años 60 con Franco.

La Transición.
Una apasionante aventura con un final feliz. Os voy a decir por qué. Es verdad que se cometieron algunos excesos. En la Transición se sacralizaron cuestiones como el consenso y el diálogo, hasta el punto de pensar que personas procedentes del Movimiento acabaran consensuando con el Partido Comunista era una especie de magia, fruto del diálogo. La verdad es que el Partido Comunista llevaba más de 15 años planteando, aunque no le hicieran caso, la necesidad de la reconciliación nacional y estaban por ello ya maduritos. De la misma manera, supongo, que sectores del Movimiento estaban también maduros para encontrar un post-franquismo democrático. Se sacralizaron determinadas cosas que después han pesado, sobre todo en Euskadi, para que mucha gente hiciera demagogia sobre lo que es la política, el consenso, la negociación y todas esas cuestiones. Fue una aventura feliz, apasionante, porque en España podía haber pasado lo de Yugoslavia. Recuerdo que en la BBC de Londres, que en mi casa escuchábamos siempre, hablaban del futuro incierto de dos países: Yugoslavia y España. ¿Qué pasaría tras la muerte de Tito y de Franco? Afortunadamente la sensatez y sobre todo el recuerdo de una de las peores guerras del siglo pasado, la guerra civil española, sirvió para que todos los interlocutores en el proceso político que se abría estuvieran muy vacunados con respecto a determinados idealismos que cada cual dejó en su baúl de utopías.

23 F.
Fue el coletazo de sectores del Ejército que no asumían la existencia de un Estado democrático con el papel protagonista de gentes que habían sido perseguidas por ellos mismos. Una concepción tremendamente preliberal de la política. Después de haber vivido 40 años en un régimen de naturaleza absolutista y militar, no se acomodaban a una situación democrática, en la que para colmo había una crisis económica profunda y en la que también ETA lanzó una de las campañas terroristas más fuertes de las que hemos conocido en toda la historia.

¿El 23 F en Euskadi?
¡Cómo corría la gente! Algunos remaban… En Euskadi fue llamativa la cantidad de gente que salió huyendo. Posteriormente sí hubo manifestaciones. La más importante la de Madrid en contra del golpe y a favor de la Constitución. A pesar de todo, creo que la gente no fue consciente de lo que significaba la Constitución. El periódico El País lanzó aquella edición especial de "¡Viva la Constitución!" y, sin embargo, con el tiempo mucha gente ha perdido este grito. Quizá lo hayamos recuperado nosotros, quienes vivimos aquí, en estas condiciones, porque o tenemos Constitución o nos matan, lo mismo que en el 23 F.

Felipe González
Fue un gran estadista necesario y fue un gran gobernante. El problema es que tuvo una etapa determinada y creó una serie de secuelas en el mismo aparato del Estado y alrededor del partido difícilmente superables. El PSOE era un partido muy joven y pequeñito en el momento en que accede al poder y determinados problemas, como corruptelas o tentaciones de resolver por atajos el problema de la violencia, fueron errores difíciles de superar en aquellas condiciones. Para terminar diré que fue un gran presidente y un no tan buen ex presidente.

Euskadiko Ezkerra.
Voy a hacer algo de lirismo. Fue un intento de búsqueda de lo imposible, pero que desgraciadamente fracasó. El fracaso de Euskadiko Ezkerra es en gran medida el fracaso de este país, consecuencia de lo que el propio país es. Intentar congeniar en un círculo reducido tendencias nacionalistas y no nacionalistas fue un objetivo realmente idealista, pero difícil de llevar a buen término. ¿Por qué? Porque lo que en un principio son dos ideas, el nacionalismo y el socialismo, al materializarse en el transcurso del tiempo, chocan. Y en Euskadiko Ezkerra chocaron y los que eran más socialdemócratas se fueron al Partido Socialista y los que eran más nacionalistas se fueron al PNV.

Acuerdo de Ajuria Enea.
En aquellos momentos fue importante, aunque se hicieron demasiadas concesiones con tan tal de dar una cobertura política a la colaboración existente entre el Partido Socialista y el PNV. La idea inicial fue de Euskadiko Ezkerra. Comparándolo con lo que tenemos ahora, fue un instrumento útil, que sirvió para la estabilidad política en aquella época. De hecho, el Pacto de Ajuria Enea condenaba a ETA, cosa que en estos momentos no está tan clara.

¿Concesiones de las que tenemos que arrepentirnos?
El problema no es que en el Pacto de Ajuria Enea hubiera alguna concesión. El problema es que en el Pacto de Ajuria Enea había alguna concesión, que en determinadas competencias estatutarias había alguna otra concesión, que en el tema legislativo había alguna otra concesión, que en el tema de la Ertzaintza había alguna otra concesión, y al final se acostumbraron a creer que todo lo reivindicado era por derecho, un derecho no basado en la legislación vigente, sino en la soberanía originaria. El problema es que en todo había concesiones. Y en lo simbólico también. Mucha gente, después de 12 años de gobiernos en coalición con los socialistas, no se enteró de que los socialistas también estaban gobernando, es decir que la representación simbólica del poder político de este país la siguió ostentando el nacionalismo. Ni siquiera los vice-lehendakaris, cuando no estaba el lehendakari, gozaban, por el mero hecho de no ser del PNV, de la digna representación que les hubiera correspondido.

Autovía de Leizarán.
El principio de todos nuestros males. El pacto al que se llegó con ETA legitimó a ésta en su lucha armada, en su terrorismo, en su permanente extorsión a aquella iniciativa. Lo más negativo no fue que el trazado final fuera peor que el inicialmente diseñado, sino que ETA salió absolutamente reforzada. Por otra parte, y para colmo, el PNV descubrió que se podía pactar con ETA. Ese fue el preludio de Lizarra.

Miguel Ángel Blanco.
Ante el asesinato tan ignominioso y brutal de Miguel Ángel Blanco hubo una movilización popular que sorprende. Incluso se echa de la calle a la gente que siempre la ha tenido ocupada: a los de HB. Recuerdo el discurso de Ardanza, subido en un banco delante de Ajuria Enea, en el que recordaba el Proceso de Burgos para decir que ni siquiera Franco, en unas circunstancias parecidas, osó matarnos. También hablaba de la imposibilidad de acuerdo con ETA. Pero la verdadera reacción del PNV vino después, cuando determinados círculos nacionalistas perciben que la desaparición de ETA puede arrastrar al resto del nacionalismo a su desaparición o a su debilitamiento. Ahí empiezan a tantear a ETA, es el inicio de los encuentros que desembocan en Estella. Eso significa un salto cualitativo fundamental en la naturaleza del nacionalismo vasco y en la constitución de una auténtica comunidad nacionalista, no frente a otra comunidad, que no existe ni existía, sino frente a una serie de ciudadanos modernos, individuos desarticulados, que normalmente se expresan en cada elección través de sus representantes en las instituciones políticas. Por tanto la ciudadanía no nacionalista se encuentra en una situación de desamparo y de indefensión frente a esa oleada de carácter nacionalista, muy similar por cierto a esa gran comunión que se produjo en Alemania entre elementos católicos conservadores y la cuadrilla de gamberros que rompían escaparates, que era el Partido Nacional Socialista.

Pacto de Lizarra.
Se produce el salto cualitativo. No es solamente el Pacto, ni que excluyen a cualquier fuerza política no nacionalista de las instituciones, sino que todo el nacionalismo se radicaliza y en particular el Partido Nacionalista Vasco. Algunos, que esperábamos que la tregua fuera una pista de aterrizaje para que ETA aterrizara, descubrimos que era una pista de despegue para que el PNV se fuera. Ante el temor a la pérdida de poder tras la movilización social por el asesinato de Miguel Ángel Blanco, se produce una comunión de dos cuestiones fundamentales: el tradicionalismo del PNV, que estaba arrumbado en el baúl de las utopías (la soberanía originaria que da lugar a la reivindicación de la independencia…) por el pragmatismo que exige la gestión del poder, y los de ETA, que les ofrecen en cápsulas el voluntarismo revolucionario. Aquí "revolucionario" no quiere decir "hacia el progreso", porque también hay "voluntarismo revolucionario reaccionario". ETA ofrece al PNV la concepción de que a través de la voluntad se puede conseguir absolutamente todo, como de hecho ellos habían conseguido del PNV tantas cosas. En el caso de ETA se trata de la voluntad terrorista, pero el PNV asume otras formas de voluntad: la insumisión pacífica, la ilegalización de la legalidad vigente, los gestos de ruptura, el no-cumplimiento de sentencias… En definitiva los nacionalistas osan convertirse en parte del conflicto frente al Estado, como Egibar dice poco después en un Pleno del Parlamento vasco corrigiendo a Mayor Oreja y diciéndole "Usted se confunde, el conflicto es entre yo y lo que represento y lo que representa usted, que es España". En definitiva, el que sale más condicionado por ese pacto es el PNV.

Constitucionalismo.
Constitucionalismo en Euskadi: minoritario pero importante. Importante incluso para el resto de España. Ha dado lugar a un movimiento de reflexión respecto a la necesidad de la Constitución. Constitución que no sólo declara los derechos fundamentales de los ciudadanos, sino que obliga al Estado a ampararlos y protegerlos. Surgen así una serie de colectivos que inciden en el ambiente social y que empiezan a constituir un mínimo tejido social. Es un constitucionalismo que no quiere sustituir a la comunidad nacionalista, ni puede imitarla, y que nunca va a ser un frente uniforme y organizado como es la nacionalista. Es un encuentro de ciudadanos ante una problemática concreta. Se descubre que la defensa de la Constitución significa el derecho a la vida, al honor, a la seguridad… También responde a una sociedad moderna que se suele expresar sin vínculos tan cerrados como los de una sociedad preliberal que es la nacionalista. Un constitucionalismo quebrado porque, como he dicho antes, no existe una conciencia, después de 25 años de Constitución, de que como Mario decía "La Constitución es sagrada". Lo decía tomando el concepto de los romanos de lo que para ellos era la ley, que formaba parte de su religión y, por consiguiente, no se podía atentar contra ella. Si atentabas contra ella, se producía la guerra civil en Roma. En estos momentos se está jugando peligrosamente con el constitucionalismo. Y os digo por qué. Por un lado, tenemos la radical reforma del Estatuto que promueve el señor Ibarretxe, que de reforma no tiene nada porque incluso atenta contra la Constitución y contra sus bases. Tendría que ser otra Constitución de signo muy diferente a la actual el lugar donde se pudiera plantear. No se puede llamar reforma a algo que se hace para provocar cambios tan traumáticos en el ordenamiento que rige la convivencia de toda una nación, comprometida además con el resto de las naciones europeas. Por otra parte, la falta de conciencia ha hecho que, al socaire y al impulso de las propuestas de Ibarretxe que electoralmente al menos le dan resultado, la izquierda haga suyo el mito de las reformas. Reformas que, si son sinceras, se hacen con moderación, intentando que no se conviertan en bandera partidista. Porque si se convierten en bandera partidista y no digamos nada si lo hacen en bandera electoral, como hace Maragall, no son reformas sino ámbitos de conflicto. Y, en muchas ocasiones, ámbitos de conflicto para que no se resuelva el conflicto. Con lo cual, por un lado los talantes para las reformas de naturaleza constitucional no son los constitucionalmente adecuados y, por otro, la izquierda (PSOE e IU) convierte a una parte del núcleo del constitucionalismo en una opción de carácter periférico, ya que todas sus reformas van al reforzamiento de la periferia frente a la centralidad, con el riesgo, que ya observa Arregi, de que se confundan las reivindicaciones de los nacionalismos radicales con las reivindicaciones de estos partidos, constitucionalistas en su origen y posiblemente en su voluntad. Lo que convierte en depositario de lo nacional y de lo constitucional exclusivamente a un solo partido en España. Esto constituye un grave riesgo, porque desaparece el núcleo constitucional. Se está jugando con cosas muy serias y el constitucionalismo en general en España está en crisis y si eso es así, la posibilidad de que se traslade la falta de convivencia política en Euskadi al resto de España es una posibilidad real que nos toca a los constitucionalistas vascos denunciar cuando nos invitar a ir por ahí.

13 de mayo 2001.
Ese día se frustraron unas expectativas, quizás excesivas por parte de los constitucionalistas, y se quebró la unión política entre el Partido Socialista y el Partido Popular ante el fracaso del resultado electoral. Fue un fracaso mínimo, pero suficiente para que Ibarretxe pudiera constituir el Gobierno. Y digo mínimo, porque en este ambiente de polarización, vimos realmente emerger a la comunidad nacionalista con una potencia electoral sorprendente frente a algo que también fue importante, el incremento de la opción constitucionalista en Euskadi. Se frustraron las esperanzas de cambio en este país que, después de veinte, años era merecedor de una alternancia en el gobierno por salud democrática. Posteriormente se crearon contradicciones en el seno del constitucionalismo solamente salvadas gracias a la existencia de los movimientos cívicos que existen en Euskadi.

Háblanos de los movimientos cívicos.
Tras varios años de democracia, los partidos políticos están peor que cuando se inició la transición. Entonces determinados aspectos teóricos eran, si queréis, excesivamente idealistas, pero posteriormente el ejercicio del poder creó burocracias y la burocracia se convierte en un fin en sí mismo. Si no llega a ser por la existencia de círculos ajenos a los partidos políticos, en Euskadi la existencia del pensamiento constitucionalista hubiera sido algo muy difícil. Y de hecho determinados hitos de la existencia de un constitucionalismo cívico en Euskadi sobrepasa a los partidos políticos. Por ejemplo, la manifestación del 23 de septiembre de 2000 si la convoca un partido político no llega ni a la mitad de los ciudadanos a los que llegó convocados por un colectivo cívico. En la movilización son los movimientos cívicos los que tienen el protagonismo en Euskadi por encima de los partidos políticos. Y pienso que es imprescindible que sigan, no sólo en circunstancias tan dramáticas como éstas, sino porque es evidente que los partidos políticos tienen sus limitaciones. Quizás uno de los problemas que existe hoy en día en la democracia española es que la sustitución de la política por la defensa de unos intereses muy concretos conduce a unos enfrentamientos sin límites, no poniendo en salvaguarda los objetivos fundamentales de la política. Aunque la situación no fueran tan dramática, la existencia de colectivos cívicos, de colectivos universitarios, de intelectuales, son fundamentales para la vitalidad de una sociedad e incluso para la corrección de los defectos, que con el tiempo, se producen en los partidos políticos. Pensad, por ejemplo, que todo partido tiene en sí el virus de convertirse en un poder totalitario. Si no hay reacción social ante eso, si no hay emanación social que se plantee también un determinado discurso político, los partidos acabarían totalmente anquilosados y dejarían de ser un instrumento para trasformar la sociedad y para desarrollarla, que es para lo que se funda un partido político.

Aznar.
José María Aznar… Aunque su tinte tradicionalista me preocupa, reconozco que en caso de duda o de crisis, esa actitud le facilita tomar una opción adecuada que normalmente se suele revestir con elementos ideológicos que en muchas ocasiones le ofrece la izquierda sociológica. Yo creo que su decisión no es por la izquierda sociológica sino por una concepción tradicional de lo que es Estado y España. Quizá las bases de esa decisión pueden ser erróneas pero no rechaza su defensa con argumentos cogidos de prestado de la izquierda, entendiendo por tal lo que en España se puede llamar izquierda desde los inicios del s. XX. Porque es posible que si ahora adoptara planteamientos políticos de lo que en este momento se ha dado en llamar izquierda, acabaría convirtiendo España en un ocho. En ese sentido ha sido una cierta sorpresa porque, desde unos planteamientos originarios de una derecha muy tradicional, ha centrado mucho la derecha y ya podemos hablar de una opción política de centro derecha, la primera importante que existe en España y que no delega determinadas decisiones en otros aparatos del Estado, como ha sido la constante de nuestra historia.

Ibarretxe
Un producto de la burocracia interna de un partido que lo ha tenido todo. Es un hombre que ha militado en el PNV desde su más tierna juventud, hecho en el seno del partido. Tenía fama de buen negociador y por lo tanto se cree que puede negociar la venta de un Jaguar por cinco duros, entre otras razones porque en las negociaciones previas siempre le han salido las cosas muy bien, a él y a su partido. Su talante y su lógica son absolutamente endogámicos. A Ibarretxe hay que entenderlo desde la misma lógica del nacionalismo, si no, es imposible. Es un fenómeno de sinceridad interna en el seno de su partido, y los que dicen que no se lo cree o que es una marioneta, no conocen a Ibarretxe. Por otro lado, es un político que se siente muy a gusto en la reconversión que inicia el PNV a raíz del Pacto de Estella. Descubre y defiende como nadie aquellas reivindicaciones tradicionalistas del PNV conservadas en el baúl de las utopías, como la soberanía originaria y el tener derecho a todo. Es, además, el que traduce el voluntarismo de ETA a un voluntarismo con apariencia de legalidad democrática, como "la voluntad de los vascos a decidir libremente su futuro". Esto se lo ha regalado ETA. No le ha regalado toda la frase, le ha regalado la actitud, el talante, es decir, "lo que yo proponga puede salir adelante". Está absolutamente decidido a llevar adelante lo que se plantea, a pesar de los titubeos actuales. ¿Dónde está la razón del titubeo? En que los sondeos le ofrecen la dificultad de no encontrarse con un gobierno débil en España que es lo que le hace guardar para otras fechas mejores las propuestas que tiene en la cartera. Él pensaba en un gobierno en minoría, bien del PSOE, bien del PP, y ahora no lo tiene claro y se reserva para una crisis en los partidos que tradicionalmente han estado gobernando en España. Todo eso edulcorado con un comportamiento aparentemente muy educado y muy amable, capaz de ir al comité de honor de la celebración del 25 aniversario de la Constitución. ¿Por qué va? Sencillamente porque se la quiere cargar y porque considera que, mediante el diálogo, la negociación y toda la paralegalidad que ha creado, ir a ese acto es algo normal, en su lógica endogámica y además carece de piedad o de sensibilidad hacia los que no están de acuerdo con él.

PSE/PSOE
l Esperemos mejores épocas, no siempre ha sido así. La verdad es que la crisis del socialismo no se ha superado desde que perdió las elecciones. Se están ensayando diferentes derivas y espero que la realidad corrija lo que en determinados momentos se ensaya con una cierta frivolidad.

Futuro inmediato.
Lo veo con cierta preocupación, sobre todo para los que vivimos en este país, y a la vez con determinado optimismo, por dos cuestiones. La primera porque el Estado se ha hecho presente en el País Vasco y por tanto las "paralegalidades", tanto de ETA como del PNV, empiezan a tener un costo hasta personal. Con esto se ha demostrado también que el Estado tiene autoridad. No ese Estado concebido erróneamente por los nacionalistas que identifican España con Estado, sino el Estado de verdad: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Así que por este lado soy optimista, entre otras razones porque ha conseguido debilitar muchísimo el mundo de HB y el mundo de ETA. Y Euskadi sin HB y sin ETA es una Euskadi en otra dimensión. Incluso el 80% de la credibilidad que tiene el discurso de Ibarretxe está en función de la existencia de la amenaza terrorista, porque sin amenaza terrorista Ibarretxe nos produciría tanta guasa como el Macario del Moreno. Es la perturbación que produce en la sociedad la existencia del terrorismo la que hace pensar que es democrático el Plan Ibarretxe. Quizá alguien pueda pensar que el Plan Ibarretxe conseguirá que desaparezca la violencia de ETA. Sin embargo, yo sigo creyendo que el Estatuto de libre adhesión que plantea es la creación de los aristocráticos estados de la Confederación del sur de los Estados Unidos. Era lo más reaccionario que se pudo producir en aquellas fechas. Por cierto, hubo carlistas que fueron a combatir en el ejército confederal… Y la segunda cuestión que produce optimismo es que, a pesar de todo, la sociedad española a través de su electorado es muy sensata. Hizo la transición, que fue difícil, y espero que ahora pueda con esto. ¡Y tengo una tercera razón para el optimismo! Ha llegado tan lejos el nacionalismo que se va a plantear muy pronto la frustración frente a la alucinación de las propuestas que ha realizado.

Mario.
En primer lugar, la pérdida de una gran persona, de una persona honrada, de un buen político, de un hombre polifacético, hasta el punto de poder considerarle un humanista. La pérdida del intelectual orgánico, no el intelectual florero en un partido, sino el intelectual comprometido con el partido aunque él lo pasara mejor haciendo tareas de intelectual que de militante. Lo seguiremos teniendo entre nosotros en sus reflexiones, en sus artículos, en lo que ha dejado escrito, pero se pierde alguien insustituible porque se pierde un talante de persona capaz de corregirse a sí mismo, capaz de acercarse a los demás con el afán de un sincero acuerdo. ¿Qué queréis que os diga? El amigo que ha desaparecido, el hermano que no tuve… Después de pasar juntos siete años de cárcel, mi gran amigo.

KATUARRAINAK