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DESGRANANDO
LA
TRANSICIÓN
KATUARRAINAK
ENTREVISTA A TEO URIARTE
Una
semana antes de que Ibarretxe nos presentara su Plan en el Parlamento
vasco, nos acercamos a Bilbao a ver a Teo Uriarte. En lugar de las
preguntas tradicionales, le planteamos hechos, momentos, fechas,
personas, lugares… Gracias a su buena capacidad de síntesis,
en una hora recorrimos con él la historia de Euskadi.
El
Proceso de Burgos.
Pasaba por allí… En mi generación, en la Universidad,
o te metías en ETA o te metías en el PCE. Como mis
amigos eran de ETA, me metí en ETA. Tuve la mala idea de
escaparme de la Guardia Civil cuando fueron a buscarme por una tontería.
A raíz de esto me encontré cada vez más comprometido
dentro de la organización. Y, como en aquellos tiempos ascendías
de escalafón muy rápidamente porque a los que estaban
por encima los detenían enseguida, acabé algo así
como de Capitán. Aquella ETA fue la ETA V Asamblea cuyo elemento
de distinción con respecto a ETA Berri, o los "liquis"
como despreciativamente se les llamaba, era el tema de la lucha
armada. Hubo una serie de atentados simbólicos, algún
atraco a bancos y ese activismo y la mitificación de las
armas llevaron al enfrentamiento y asesinato no premeditado de un
guardia civil de tráfico por parte de Xabi Etxebarrieta y
a la muerte de éste a manos de la Guardia Civil. Aunque se
había teorizado mucho sobre la "insurrección
armada", fue el espíritu de revancha generado por el
asesinato de Etxebarrieta el que provocó poco después
el atentado mortal contra Melitón Manzanas. A los pocos meses
nos detuvieron a todos y algunos sectores organizados del Ejército
cometieron el enorme error de plantear un gran proceso, con todos
los medios de comunicación presentes, y donde no encontramos
más salida que convertir aquella escenografía que
los militares nos ofrecían en un ámbito de propaganda
y de discurso propio. El resumen puede ser un discurso bastante
solidario, bastante obrerista, limitadamente nacionalista, hasta
el punto de que del "Eusko Gudariak" que se canta -he
aquí una primicia para ¡Basta Ya!- sólo se canta
la primera estrofa, porque a muchos les pareció que la segunda,
con la ikurriña y todo lo demás, era demasiado nacionalista,
demasiado folclórico. Por eso se repite y se repite sólo
la primera, como habrá podido comprobar quien haya escuchado
el disco.
ETA.
Se puede hablar sólo en la intimidad de la ETA de la dictadura
y de la ETA de la democracia, porque se mitifica la primera. Hasta
el atentado de la Calle Correo en el año 1974, hay un terrorismo
selectivo que algunos teóricos consideran que no se puede
llamar terrorismo, una lucha armada de carácter simbólico
y propagandístico bastante delimitada. Incluso sobrevivía
algo que era propio de nuestra generación como era la supeditación
del grupo armado a la dirección política y a los otros
sectores de la organización, entonces denominados frente
cultural y socioeconómico. A partir de ese atentado, se ve
que la hegemonía en el seno de ETA y su discurso es fundamentalmente
terrorista y la ETA que tenemos ya en democracia es una ETA cínica
que considera que, a través del terrorismo, se puede condicionar
mucho más una democracia. Desgraciadamente el intento de
Euskadiko Ezkerra de llevar lo que había sido la izquierda
abertzale a la vía política se vio limitado y, con
el tiempo, fracasó. Es verdad que muchos de los que pertenecimos
a aquella generación de los años 70 lo intentamos
en Euskadiko Ezkerra, quizá porque la ETA de la que algunos
procedíamos no era tan radical, no era tan terrorista y era
fundamentalmente política.
La
cárcel.
Durante muchos años creí que la cárcel no servía
para nada. Después, cuando me he ido haciendo viejo, he meditado
sobre ello y he pensado que en un determinado ambiente, en unas
determinadas condiciones, la cárcel puede servir para reflexionar
sobre lo que has hecho, lo que ha ocurrido, los errores que hayas
podido cometer y plantearte que, cuando salgas de la cárcel,
hay ciertas cosas que no se deben hacer. Lo que ocurre es que esas
condiciones son difíciles de encontrar. Yo tuve mucha suerte:
me pasé cuatro años con la única compañía
de Mario Onaindia y José Luis Zalbide. Creamos un pequeño
círculo muy reflexivo. Todo lo que leíamos u oíamos
en la radio daba pie a la reflexión.
¿Saliste
distinto?
No. Pero determinadas cuestiones que habían estado solapadas
por el rol que toda organización cerrada te obliga a cumplir
-y ETA era una organización cerrada, jerarquizada y militarizada-
cambiaron. Cuando salí a la calle, dije algo así como
"Nunca más", para desesperación de Mario
que me perseguía diciendo "Con ese talante tuyo vas
a joder la izquierda abertzale". Yo me volvía hacia
él diciéndole "Pues si la jodo, la jodo de una
vez". Salí inconscientemente despreciativo de lo que
suponía ETA en esos momentos. Quizá fue por el susto
que me di al descubrir que la gente estaba mucho más radicalizada
cuando se estaba abriendo un proceso de democracia que cuando vivía
sometida, humillada y callada a finales de los años 60 con
Franco.
La Transición.
Una apasionante aventura con un final feliz. Os voy a decir por
qué. Es verdad que se cometieron algunos excesos. En la Transición
se sacralizaron cuestiones como el consenso y el diálogo,
hasta el punto de pensar que personas procedentes del Movimiento
acabaran consensuando con el Partido Comunista era una especie de
magia, fruto del diálogo. La verdad es que el Partido Comunista
llevaba más de 15 años planteando, aunque no le hicieran
caso, la necesidad de la reconciliación nacional y estaban
por ello ya maduritos. De la misma manera, supongo, que sectores
del Movimiento estaban también maduros para encontrar un
post-franquismo democrático. Se sacralizaron determinadas
cosas que después han pesado, sobre todo en Euskadi, para
que mucha gente hiciera demagogia sobre lo que es la política,
el consenso, la negociación y todas esas cuestiones. Fue
una aventura feliz, apasionante, porque en España podía
haber pasado lo de Yugoslavia. Recuerdo que en la BBC de Londres,
que en mi casa escuchábamos siempre, hablaban del futuro
incierto de dos países: Yugoslavia y España. ¿Qué
pasaría tras la muerte de Tito y de Franco? Afortunadamente
la sensatez y sobre todo el recuerdo de una de las peores guerras
del siglo pasado, la guerra civil española, sirvió
para que todos los interlocutores en el proceso político
que se abría estuvieran muy vacunados con respecto a determinados
idealismos que cada cual dejó en su baúl de utopías.
23
F.
Fue el coletazo de sectores del Ejército que no asumían
la existencia de un Estado democrático con el papel protagonista
de gentes que habían sido perseguidas por ellos mismos. Una
concepción tremendamente preliberal de la política.
Después de haber vivido 40 años en un régimen
de naturaleza absolutista y militar, no se acomodaban a una situación
democrática, en la que para colmo había una crisis
económica profunda y en la que también ETA lanzó
una de las campañas terroristas más fuertes de las
que hemos conocido en toda la historia.
¿El
23 F en Euskadi?
¡Cómo corría la gente! Algunos remaban…
En Euskadi fue llamativa la cantidad de gente que salió huyendo.
Posteriormente sí hubo manifestaciones. La más importante
la de Madrid en contra del golpe y a favor de la Constitución.
A pesar de todo, creo que la gente no fue consciente de lo que significaba
la Constitución. El periódico El País lanzó
aquella edición especial de "¡Viva la Constitución!"
y, sin embargo, con el tiempo mucha gente ha perdido este grito.
Quizá lo hayamos recuperado nosotros, quienes vivimos aquí,
en estas condiciones, porque o tenemos Constitución o nos
matan, lo mismo que en el 23 F.
Felipe González
Fue un gran estadista necesario y fue un gran gobernante. El problema
es que tuvo una etapa determinada y creó una serie de secuelas
en el mismo aparato del Estado y alrededor del partido difícilmente
superables. El PSOE era un partido muy joven y pequeñito
en el momento en que accede al poder y determinados problemas, como
corruptelas o tentaciones de resolver por atajos el problema de
la violencia, fueron errores difíciles de superar en aquellas
condiciones. Para terminar diré que fue un gran presidente
y un no tan buen ex presidente.
Euskadiko
Ezkerra.
Voy a hacer algo de lirismo. Fue un intento de búsqueda de
lo imposible, pero que desgraciadamente fracasó. El fracaso
de Euskadiko Ezkerra es en gran medida el fracaso de este país,
consecuencia de lo que el propio país es. Intentar congeniar
en un círculo reducido tendencias nacionalistas y no nacionalistas
fue un objetivo realmente idealista, pero difícil de llevar
a buen término. ¿Por qué? Porque lo que en
un principio son dos ideas, el nacionalismo y el socialismo, al
materializarse en el transcurso del tiempo, chocan. Y en Euskadiko
Ezkerra chocaron y los que eran más socialdemócratas
se fueron al Partido Socialista y los que eran más nacionalistas
se fueron al PNV.
Acuerdo
de Ajuria Enea.
En aquellos momentos fue importante, aunque se hicieron demasiadas
concesiones con tan tal de dar una cobertura política a la
colaboración existente entre el Partido Socialista y el PNV.
La idea inicial fue de Euskadiko Ezkerra. Comparándolo con
lo que tenemos ahora, fue un instrumento útil, que sirvió
para la estabilidad política en aquella época. De
hecho, el Pacto de Ajuria Enea condenaba a ETA, cosa que en estos
momentos no está tan clara.
¿Concesiones
de las que tenemos que arrepentirnos?
El problema no es que en el Pacto de Ajuria Enea hubiera alguna
concesión. El problema es que en el Pacto de Ajuria Enea
había alguna concesión, que en determinadas competencias
estatutarias había alguna otra concesión, que en el
tema legislativo había alguna otra concesión, que
en el tema de la Ertzaintza había alguna otra concesión,
y al final se acostumbraron a creer que todo lo reivindicado era
por derecho, un derecho no basado en la legislación vigente,
sino en la soberanía originaria. El problema es que en todo
había concesiones. Y en lo simbólico también.
Mucha gente, después de 12 años de gobiernos en coalición
con los socialistas, no se enteró de que los socialistas
también estaban gobernando, es decir que la representación
simbólica del poder político de este país la
siguió ostentando el nacionalismo. Ni siquiera los vice-lehendakaris,
cuando no estaba el lehendakari, gozaban, por el mero hecho de no
ser del PNV, de la digna representación que les hubiera correspondido.
Autovía
de Leizarán.
El principio de todos nuestros males. El pacto al que se llegó
con ETA legitimó a ésta en su lucha armada, en su
terrorismo, en su permanente extorsión a aquella iniciativa.
Lo más negativo no fue que el trazado final fuera peor que
el inicialmente diseñado, sino que ETA salió absolutamente
reforzada. Por otra parte, y para colmo, el PNV descubrió
que se podía pactar con ETA. Ese fue el preludio de Lizarra.
Miguel
Ángel Blanco.
Ante el asesinato tan ignominioso y brutal de Miguel Ángel
Blanco hubo una movilización popular que sorprende. Incluso
se echa de la calle a la gente que siempre la ha tenido ocupada:
a los de HB. Recuerdo el discurso de Ardanza, subido en un banco
delante de Ajuria Enea, en el que recordaba el Proceso de Burgos
para decir que ni siquiera Franco, en unas circunstancias parecidas,
osó matarnos. También hablaba de la imposibilidad
de acuerdo con ETA. Pero la verdadera reacción del PNV vino
después, cuando determinados círculos nacionalistas
perciben que la desaparición de ETA puede arrastrar al resto
del nacionalismo a su desaparición o a su debilitamiento.
Ahí empiezan a tantear a ETA, es el inicio de los encuentros
que desembocan en Estella. Eso significa un salto cualitativo fundamental
en la naturaleza del nacionalismo vasco y en la constitución
de una auténtica comunidad nacionalista, no frente a otra
comunidad, que no existe ni existía, sino frente a una serie
de ciudadanos modernos, individuos desarticulados, que normalmente
se expresan en cada elección través de sus representantes
en las instituciones políticas. Por tanto la ciudadanía
no nacionalista se encuentra en una situación de desamparo
y de indefensión frente a esa oleada de carácter nacionalista,
muy similar por cierto a esa gran comunión que se produjo
en Alemania entre elementos católicos conservadores y la
cuadrilla de gamberros que rompían escaparates, que era el
Partido Nacional Socialista.
Pacto
de Lizarra.
Se produce el salto cualitativo. No es solamente el Pacto, ni que
excluyen a cualquier fuerza política no nacionalista de las
instituciones, sino que todo el nacionalismo se radicaliza y en
particular el Partido Nacionalista Vasco. Algunos, que esperábamos
que la tregua fuera una pista de aterrizaje para que ETA aterrizara,
descubrimos que era una pista de despegue para que el PNV se fuera.
Ante el temor a la pérdida de poder tras la movilización
social por el asesinato de Miguel Ángel Blanco, se produce
una comunión de dos cuestiones fundamentales: el tradicionalismo
del PNV, que estaba arrumbado en el baúl de las utopías
(la soberanía originaria que da lugar a la reivindicación
de la independencia…) por el pragmatismo que exige la gestión
del poder, y los de ETA, que les ofrecen en cápsulas el voluntarismo
revolucionario. Aquí "revolucionario" no quiere
decir "hacia el progreso", porque también hay "voluntarismo
revolucionario reaccionario". ETA ofrece al PNV la concepción
de que a través de la voluntad se puede conseguir absolutamente
todo, como de hecho ellos habían conseguido del PNV tantas
cosas. En el caso de ETA se trata de la voluntad terrorista, pero
el PNV asume otras formas de voluntad: la insumisión pacífica,
la ilegalización de la legalidad vigente, los gestos de ruptura,
el no-cumplimiento de sentencias… En definitiva los nacionalistas
osan convertirse en parte del conflicto frente al Estado, como Egibar
dice poco después en un Pleno del Parlamento vasco corrigiendo
a Mayor Oreja y diciéndole "Usted se confunde, el conflicto
es entre yo y lo que represento y lo que representa usted, que es
España". En definitiva, el que sale más condicionado
por ese pacto es el PNV.
Constitucionalismo.
Constitucionalismo en Euskadi: minoritario pero importante. Importante
incluso para el resto de España. Ha dado lugar a un movimiento
de reflexión respecto a la necesidad de la Constitución.
Constitución que no sólo declara los derechos fundamentales
de los ciudadanos, sino que obliga al Estado a ampararlos y protegerlos.
Surgen así una serie de colectivos que inciden en el ambiente
social y que empiezan a constituir un mínimo tejido social.
Es un constitucionalismo que no quiere sustituir a la comunidad
nacionalista, ni puede imitarla, y que nunca va a ser un frente
uniforme y organizado como es la nacionalista. Es un encuentro de
ciudadanos ante una problemática concreta. Se descubre que
la defensa de la Constitución significa el derecho a la vida,
al honor, a la seguridad… También responde a una sociedad
moderna que se suele expresar sin vínculos tan cerrados como
los de una sociedad preliberal que es la nacionalista. Un constitucionalismo
quebrado porque, como he dicho antes, no existe una conciencia,
después de 25 años de Constitución, de que
como Mario decía "La Constitución es sagrada".
Lo decía tomando el concepto de los romanos de lo que para
ellos era la ley, que formaba parte de su religión y, por
consiguiente, no se podía atentar contra ella. Si atentabas
contra ella, se producía la guerra civil en Roma. En estos
momentos se está jugando peligrosamente con el constitucionalismo.
Y os digo por qué. Por un lado, tenemos la radical reforma
del Estatuto que promueve el señor Ibarretxe, que de reforma
no tiene nada porque incluso atenta contra la Constitución
y contra sus bases. Tendría que ser otra Constitución
de signo muy diferente a la actual el lugar donde se pudiera plantear.
No se puede llamar reforma a algo que se hace para provocar cambios
tan traumáticos en el ordenamiento que rige la convivencia
de toda una nación, comprometida además con el resto
de las naciones europeas. Por otra parte, la falta de conciencia
ha hecho que, al socaire y al impulso de las propuestas de Ibarretxe
que electoralmente al menos le dan resultado, la izquierda haga
suyo el mito de las reformas. Reformas que, si son sinceras, se
hacen con moderación, intentando que no se conviertan en
bandera partidista. Porque si se convierten en bandera partidista
y no digamos nada si lo hacen en bandera electoral, como hace Maragall,
no son reformas sino ámbitos de conflicto. Y, en muchas ocasiones,
ámbitos de conflicto para que no se resuelva el conflicto.
Con lo cual, por un lado los talantes para las reformas de naturaleza
constitucional no son los constitucionalmente adecuados y, por otro,
la izquierda (PSOE e IU) convierte a una parte del núcleo
del constitucionalismo en una opción de carácter periférico,
ya que todas sus reformas van al reforzamiento de la periferia frente
a la centralidad, con el riesgo, que ya observa Arregi, de que se
confundan las reivindicaciones de los nacionalismos radicales con
las reivindicaciones de estos partidos, constitucionalistas en su
origen y posiblemente en su voluntad. Lo que convierte en depositario
de lo nacional y de lo constitucional exclusivamente a un solo partido
en España. Esto constituye un grave riesgo, porque desaparece
el núcleo constitucional. Se está jugando con cosas
muy serias y el constitucionalismo en general en España está
en crisis y si eso es así, la posibilidad de que se traslade
la falta de convivencia política en Euskadi al resto de España
es una posibilidad real que nos toca a los constitucionalistas vascos
denunciar cuando nos invitar a ir por ahí.
13
de mayo 2001.
Ese día se frustraron unas expectativas, quizás excesivas
por parte de los constitucionalistas, y se quebró la unión
política entre el Partido Socialista y el Partido Popular
ante el fracaso del resultado electoral. Fue un fracaso mínimo,
pero suficiente para que Ibarretxe pudiera constituir el Gobierno.
Y digo mínimo, porque en este ambiente de polarización,
vimos realmente emerger a la comunidad nacionalista con una potencia
electoral sorprendente frente a algo que también fue importante,
el incremento de la opción constitucionalista en Euskadi.
Se frustraron las esperanzas de cambio en este país que,
después de veinte, años era merecedor de una alternancia
en el gobierno por salud democrática. Posteriormente se crearon
contradicciones en el seno del constitucionalismo solamente salvadas
gracias a la existencia de los movimientos cívicos que existen
en Euskadi.
Háblanos de los movimientos
cívicos.
Tras varios años de democracia, los partidos políticos
están peor que cuando se inició la transición.
Entonces determinados aspectos teóricos eran, si queréis,
excesivamente idealistas, pero posteriormente el ejercicio del poder
creó burocracias y la burocracia se convierte en un fin en
sí mismo. Si no llega a ser por la existencia de círculos
ajenos a los partidos políticos, en Euskadi la existencia
del pensamiento constitucionalista hubiera sido algo muy difícil.
Y de hecho determinados hitos de la existencia de un constitucionalismo
cívico en Euskadi sobrepasa a los partidos políticos.
Por ejemplo, la manifestación del 23 de septiembre de 2000
si la convoca un partido político no llega ni a la mitad
de los ciudadanos a los que llegó convocados por un colectivo
cívico. En la movilización son los movimientos cívicos
los que tienen el protagonismo en Euskadi por encima de los partidos
políticos. Y pienso que es imprescindible que sigan, no sólo
en circunstancias tan dramáticas como éstas, sino
porque es evidente que los partidos políticos tienen sus
limitaciones. Quizás uno de los problemas que existe hoy
en día en la democracia española es que la sustitución
de la política por la defensa de unos intereses muy concretos
conduce a unos enfrentamientos sin límites, no poniendo en
salvaguarda los objetivos fundamentales de la política. Aunque
la situación no fueran tan dramática, la existencia
de colectivos cívicos, de colectivos universitarios, de intelectuales,
son fundamentales para la vitalidad de una sociedad e incluso para
la corrección de los defectos, que con el tiempo, se producen
en los partidos políticos. Pensad, por ejemplo, que todo
partido tiene en sí el virus de convertirse en un poder totalitario.
Si no hay reacción social ante eso, si no hay emanación
social que se plantee también un determinado discurso político,
los partidos acabarían totalmente anquilosados y dejarían
de ser un instrumento para trasformar la sociedad y para desarrollarla,
que es para lo que se funda un partido político.
Aznar.
José María Aznar… Aunque su tinte tradicionalista
me preocupa, reconozco que en caso de duda o de crisis, esa actitud
le facilita tomar una opción adecuada que normalmente se
suele revestir con elementos ideológicos que en muchas ocasiones
le ofrece la izquierda sociológica. Yo creo que su decisión
no es por la izquierda sociológica sino por una concepción
tradicional de lo que es Estado y España. Quizá las
bases de esa decisión pueden ser erróneas pero no
rechaza su defensa con argumentos cogidos de prestado de la izquierda,
entendiendo por tal lo que en España se puede llamar izquierda
desde los inicios del s. XX. Porque es posible que si ahora adoptara
planteamientos políticos de lo que en este momento se ha
dado en llamar izquierda, acabaría convirtiendo España
en un ocho. En ese sentido ha sido una cierta sorpresa porque, desde
unos planteamientos originarios de una derecha muy tradicional,
ha centrado mucho la derecha y ya podemos hablar de una opción
política de centro derecha, la primera importante que existe
en España y que no delega determinadas decisiones en otros
aparatos del Estado, como ha sido la constante de nuestra historia.
Ibarretxe
Un producto de la burocracia interna de un partido que lo ha tenido
todo. Es un hombre que ha militado en el PNV desde su más
tierna juventud, hecho en el seno del partido. Tenía fama
de buen negociador y por lo tanto se cree que puede negociar la
venta de un Jaguar por cinco duros, entre otras razones porque en
las negociaciones previas siempre le han salido las cosas muy bien,
a él y a su partido. Su talante y su lógica son absolutamente
endogámicos. A Ibarretxe hay que entenderlo desde la misma
lógica del nacionalismo, si no, es imposible. Es un fenómeno
de sinceridad interna en el seno de su partido, y los que dicen
que no se lo cree o que es una marioneta, no conocen a Ibarretxe.
Por otro lado, es un político que se siente muy a gusto en
la reconversión que inicia el PNV a raíz del Pacto
de Estella. Descubre y defiende como nadie aquellas reivindicaciones
tradicionalistas del PNV conservadas en el baúl de las utopías,
como la soberanía originaria y el tener derecho a todo. Es,
además, el que traduce el voluntarismo de ETA a un voluntarismo
con apariencia de legalidad democrática, como "la voluntad
de los vascos a decidir libremente su futuro". Esto se lo ha
regalado ETA. No le ha regalado toda la frase, le ha regalado la
actitud, el talante, es decir, "lo que yo proponga puede salir
adelante". Está absolutamente decidido a llevar adelante
lo que se plantea, a pesar de los titubeos actuales. ¿Dónde
está la razón del titubeo? En que los sondeos le ofrecen
la dificultad de no encontrarse con un gobierno débil en
España que es lo que le hace guardar para otras fechas mejores
las propuestas que tiene en la cartera. Él pensaba en un
gobierno en minoría, bien del PSOE, bien del PP, y ahora
no lo tiene claro y se reserva para una crisis en los partidos que
tradicionalmente han estado gobernando en España. Todo eso
edulcorado con un comportamiento aparentemente muy educado y muy
amable, capaz de ir al comité de honor de la celebración
del 25 aniversario de la Constitución. ¿Por qué
va? Sencillamente porque se la quiere cargar y porque considera
que, mediante el diálogo, la negociación y toda la
paralegalidad que ha creado, ir a ese acto es algo normal, en su
lógica endogámica y además carece de piedad
o de sensibilidad hacia los que no están de acuerdo con él.
PSE/PSOE
l Esperemos mejores épocas, no siempre ha sido así.
La verdad es que la crisis del socialismo no se ha superado desde
que perdió las elecciones. Se están ensayando diferentes
derivas y espero que la realidad corrija lo que en determinados
momentos se ensaya con una cierta frivolidad.
Futuro inmediato.
Lo veo con cierta preocupación, sobre todo para los que vivimos
en este país, y a la vez con determinado optimismo, por dos
cuestiones. La primera porque el Estado se ha hecho presente en
el País Vasco y por tanto las "paralegalidades",
tanto de ETA como del PNV, empiezan a tener un costo hasta personal.
Con esto se ha demostrado también que el Estado tiene autoridad.
No ese Estado concebido erróneamente por los nacionalistas
que identifican España con Estado, sino el Estado de verdad:
el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Así que por este
lado soy optimista, entre otras razones porque ha conseguido debilitar
muchísimo el mundo de HB y el mundo de ETA. Y Euskadi sin
HB y sin ETA es una Euskadi en otra dimensión. Incluso el
80% de la credibilidad que tiene el discurso de Ibarretxe está
en función de la existencia de la amenaza terrorista, porque
sin amenaza terrorista Ibarretxe nos produciría tanta guasa
como el Macario del Moreno. Es la perturbación que produce
en la sociedad la existencia del terrorismo la que hace pensar que
es democrático el Plan Ibarretxe. Quizá alguien pueda
pensar que el Plan Ibarretxe conseguirá que desaparezca la
violencia de ETA. Sin embargo, yo sigo creyendo que el Estatuto
de libre adhesión que plantea es la creación de los
aristocráticos estados de la Confederación del sur
de los Estados Unidos. Era lo más reaccionario que se pudo
producir en aquellas fechas. Por cierto, hubo carlistas que fueron
a combatir en el ejército confederal… Y la segunda
cuestión que produce optimismo es que, a pesar de todo, la
sociedad española a través de su electorado es muy
sensata. Hizo la transición, que fue difícil, y espero
que ahora pueda con esto. ¡Y tengo una tercera razón
para el optimismo! Ha llegado tan lejos el nacionalismo que se va
a plantear muy pronto la frustración frente a la alucinación
de las propuestas que ha realizado.
Mario.
En primer lugar, la pérdida de una gran persona, de una persona
honrada, de un buen político, de un hombre polifacético,
hasta el punto de poder considerarle un humanista. La pérdida
del intelectual orgánico, no el intelectual florero en un
partido, sino el intelectual comprometido con el partido aunque
él lo pasara mejor haciendo tareas de intelectual que de
militante. Lo seguiremos teniendo entre nosotros en sus reflexiones,
en sus artículos, en lo que ha dejado escrito, pero se pierde
alguien insustituible porque se pierde un talante de persona capaz
de corregirse a sí mismo, capaz de acercarse a los demás
con el afán de un sincero acuerdo. ¿Qué queréis
que os diga? El amigo que ha desaparecido, el hermano que no tuve…
Después de pasar juntos siete años de cárcel,
mi gran amigo.
KATUARRAINAK
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