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P:
¿Cómo ves el sindicalismo actualmente en España
en líneas generales?
L: En España, a diferencia de otros países europeos,
tenemos un modelo sindical muy representativo, pero de escasa filiación,
porque el modelo para medir la representatividad de los sindicatos
son las elecciones sindicales. Participan en las elecciones sindicales
entre el 60 y el 80% de los trabajadores en las empresas, pero sin
embargo están afiliados tan sólo en torno al 20%.
Es decir es un sindicalismo de poca afiliación pero de mucha
representación. Pero yo creo que es un sindicalismo que goza
de buena salud. Dentro del sistema sindical europeo es uno de los
sindicalismos más vigorosos, con más capacidad de
iniciativa social y política y con una mejorable pero razonable
confianza por parte de los trabajadores.
P: ¿Y, en concreto, en el País
Vasco?
L: En el País Vasco, por desgracia, tenemos dos sindicalismos:
uno confederal, que está representado por CCOO y UGT, que
creo que, a pesar de las dificultades también es un sindicalismo
vigoroso, que defiende un modelo confederal y solidario y por otro
lado un sindicalismo que yo hace años describí en
un artículo como nacional - sindicalismo, en el que lo fundamental
no es la defensa de los intereses laborales, económicos y
sociales de los trabajadores, sino el servicio a un proyecto nacional,
de carácter sectario y excluyente. Yo creo que ese sindicalismo,
que goza de apoyos políticos y de beneficios gubernamentales,
es un sindicalismo que está muy alejado de las coordenadas
del sindicalismo moderno.
P: Hablando de este asunto. ¿Cómo
se ve desde Bruselas, y desde la CES (Confederación Europea
de sindicatos), este sindicalismo, el de ELA y LAB, que prima el
soberanismo y la acción en el plano de la política
sobre las reivindicaciones laborales?
L: Os voy a contar simplemente una anécdota, que en realidad
es un acontecimiento muy importante. A principios del mes de junio
de este año, no recuerdo el día, se celebró
la última reunión de la Comisión ejecutiva
de la CES. En ella, la CES y todos los sindicatos europeos mostraron
el apoyo a CCOO y UGT en la huelga general que habíamos convocado
el día 20 de junio contra el decretazo. Es más, Emilio
Gabaglio, el secretario general de la CES, participó en Sevilla
en la manifestación convocada. Bueno pues en esa reunión
José Elorrieta, secretario general de ELA, planteó
que la CES apoyara la huelga del 19 y encontró el desprecio
y la ignorancia de todos los demás. Creo que eso refleja
cuál es la credibilidad que los sindicatos nacionalistas
tienen entre los sindicatos europeos y entre las organizaciones
internacionales.
P: Durante años CCOO estuvo bajo
la influencia clara del PCE, con los años y la democracia
consiguió ser un sindicato plural y sin influencia directa
de ningún partido, ¿se mantiene esa pluralidad y esa
independencia?
L: Yo creo que en la medida en que CCOO es un sindicato que en estos
momentos tiene aproximadamente un millón de trabajadores
afiliados cotizando regularmente, que tiene algo más de 100.000
representantes elegidos en las empresas, se puede decir que es un
sindicato absolutamente plural. Lo que expresa la composición
social de CCOO es la composición social que existe entre
los trabajadores. Es cierto, y creo que fue así también
en otros ámbitos de la política, que uno de los colectivos
más activos y que impregnaron el conjunto de la política,
y también de la reivindicación sindical, fue el Partido
Comunista. Este partido estuvo en el origen de CCOO junto a sectores
cristianos -progresistas y trabajadores independientes sin ninguna
adscripción ideológica, comprometidos todos ellos
en la lucha por la libertad y por los derechos de los trabajadores.
Todo el proceso de la transición y de la consolidación
de la democracia ha desarrollado en CCOO una cultura de pluralidad
ideológica, de autonomía sindical y política,
de tal manera que el sindicato toma sus propias decisiones en las
empresas y en los órganos federales y confederales en función
de sus propios análisis, y no sólo las decisiones
de naturaleza sindical sino también las propuestas de naturaleza
más social y política.
P: Sabemos que el último Congreso
de CCOO de Euskadi fue conflictivo, incluso se habla de una especie
de "golpe de estado". ¿Qué pasó realmente?
L: Fue un congreso muy difícil, yo lo califico de erróneo.
Ha pasado tiempo, dos años ya, y lógicamente las cosas
son algo diferentes, pero creo que, además de problemas de
carácter burocrático, se conformaron posiciones distintas
respecto a dos cuestiones. La primera cuestión es estrictamente
sindical. Es un debate que afecta a todos los sindicatos europeos
y se refiere al modelo sindical de equilibrio entre la función
de las federaciones y la función confederal. En general,
los sindicatos del centro y del sur de Europa somos sindicatos confederales,
en los cuales la acción sindical, la negociación colectiva
fundamentalmente corresponde a las secciones sindicales en la empresa
y a las federaciones de industria y de servicios dentro de unos
criterios confederales, y luego la representación institucional
y la acción socio-política corresponden al órgano
confederal. Esta fue una parte de los debates. Algunos pensábamos
que en CCOO de Euskadi, dadas las circunstancias sociales y políticas,
se debiera reforzar más el carácter confederal. Sin
embargo, no fueron esas las posiciones que ganaron en el Congreso.
Y luego está la cuestión del tono político
del sindicato en la lucha contra el terrorismo y a favor de la libertad.
No era una cuestión de fondo, porque en el fondo todos en
CCOO coincidimos, como no puede ser de otra manera, en que no es
legítimo el uso de la violencia como instrumento de acción
política y que la libertad es como el aire que respiramos,
no es posible la actividad sindical si no es en un marco de libertad.
La diferencia estaba en el tono, en el papel que el sindicato debiera
desempeñar en este contexto. Algunos defendíamos que
debíamos tener un tono muy intenso y estar en primera línea
en la lucha por la libertad, como lo estuvimos en tiempos de la
dictadura, en la cual no sólo negociábamos buenos
convenios para los trabajadores, sino que éramos la punta
de lanza de los movimientos ciudadanos en la lucha por la libertad.
En este congreso, otros compañeros, que se demostró
que eran mayoría, pensaban que el sindicato debía
tener un papel menos activo en la lucha contra el terrorismo y por
la libertad. Y esto es lo que yo creo que ocurrió en el congreso.
Luego el tiempo ha hecho que las cosas sean menos agudas y la realidad,
por desgracia, ha demostrado que el sindicato no puede existir si
no es dentro del oxigeno de la libertad. El sindicato está
siendo, por su carácter confederal, agredido por el sindicalismo
nacionalista y también por el resto de las organizaciones
políticas nacionalistas. Digamos que la expresión
más aguda de esta dificultad ha sido la ruptura por parte
de ELA y LAB de la huelga general, convocando una huelga de carácter
antisindical la víspera, el día 19.
P: De hecho, ha habido agresiones contra
sedes de UGT y de CCOO. Tenemos la impresión de que estos
hechos se prefieren ocultar. No entendemos por qué.
L: Yo tampoco lo sé. Hemos tenido, tanto UGT como CCOO, algunas
agresiones a nuestros locales en diversos lugares, de la kale borroka,
de la violencia de persecución. No son agresiones continuadas,
son de carácter esporádico, no creo que hay un clima,
como existe en otros ámbitos de la política, que propicia
que el movimiento sindical, sus locales y sus personas, sufran agresiones
continuadas, pero pudiera ocurrir
Pudiera ocurrir que estas
agresiones esporádicas se generalicen. Yo creo que la dirección
del sindicato debería de tener una actitud más intensa
de denuncia de esta situación y lograr un mayor arrope a
las personas, a los locales del sindicato, en aquellas localidades
donde están sufriendo las agresiones.
P: ¿Crees que hoy volvería
a estar la Confederación de España de tu sindicato
con los de Basta Ya en el Kursaal defendiendo la libertad y una
alternativa al nacionalismo en el Gobierno Vasco?
L: Yo estuve hace un mes en un almuerzo con José María
Fidalgo y José Luis Sánchez, responsable de organización
de CCOO, con motivo de la inauguración de un mural que ha
donado Agustín Ibarrola para el local de CCOO de Madrid y
sé por lo tanto la opinión precisa y exacta de Fidalgo
sobre los problemas políticos y sociales en Euskadi. Yo no
tengo ninguna duda de que, si se dieran las circunstancias similares
que se dieron con motivo del mitin del Kursaal
P: (Risas) Esas no se pueden dar
No vale
L: Estoy convencido de que Fidalgo y también el anterior
secretario general, Antonio Gutiérrez, participarían
P: ¿Y tal y como están hoy
las circunstancias?
L: Hoy no hay convocado ningún acto
P: ¿Y si lo convocáramos
mañana para pedir el voto a los constitucionalistas en las
elecciones municipales?
L: Repito que yo no tengo ninguna duda de que si las circunstancias
fueran similares, Fidalgo participaría en ese acto o en otros
en defensa de las personas y las organizaciones sociales y políticas
que en Euskadi luchan a favor de la libertad. Más no puedo
decir. Como sabéis, CCOO de Euskadi no estuvo en el Kursaal
y creo que fue un error por parte de Josu Onaindi no haber participado.
Sospecho que si se convocara un acto de naturaleza similar tampoco
iría y creo que sería un error.
P: Cuando hablamos de la pluralidad de
CCOO y del último congreso de Euskadi, ¿te atreverías
a afirmar que la dirección actual del sindicato en Euskadi
es independiente o por el contrario esa independencia ya no existe
con respecto a IU?
L: Es una asignatura aprobada hace muchos años. Podemos tener
diferencias entre nosotros de análisis sindical, político,
pero creo que todos coincidimos en la autonomía del sindicato
con respecto a cualquier estrategia política. Otra cuestión
es que, como así parece, la actual dirección de CCOO
de Euskadi tiene una sintonía más fácil con
unos que con otros, pero eso no tiene que ver con la autonomía
sino simplemente con los análisis propios que llegan a conclusiones
similares a las que llegan otros, creo que equivocadas, pero autónomas.
P: ¿Cómo son las relaciones
con el resto de las fuerzas sindicales en el País Vasco en
la actualidad?
L: Desde hace 3 años estoy en el Comité Económico
y Social de la Unión Europea y por lo tanto no tengo responsabilidades
sindicales concretas en el País Vasco. Por mi experiencia
anterior de muchos años de dirigente sindical en Euskadi,
y porque sigo los acontecimientos, creo que se ha producido una
ruptura irreversible. La decisión que tomó ELA como
liebre en el proceso de Lizarra y la posición que ha tomado
en estos momentos también como liebre de un nuevo proceso
político de unidad de los nacionalistas, aparcando la cuestión
de la violencia como si fuera un tema menor, hace muy difícil,
irreversible, en la actual estrategia el entendimiento sindical.
No sólo desde el punto de vista político, sino también
sindical. ELA tiene un modelo sindical de carácter excluyente,
es decir en su proyecto sindical deben desaparecer los demás,
por eso es muy difícil recuperar escenarios de unidad de
acción en la negociación de los convenios colectivos.
Se equivoca ELA porque la realidad de la pluralidad social existente
en Euskadi también se manifiesta entre los trabajadores que
optan libre y democráticamente por modelos y organizaciones
sindicales distintas. ELA es un sindicato muy importante, el más
representativo en cuanto al número de delegados, pero no
es el sindicato único, ni es el sindicato hegemónico.
Actúa como tal, pero no lo es en la realidad de las empresas,
ni de los centros de trabajo. El modelo sindical de ELA, en lo sindical
y en lo político, hace imposible el entendimiento con CCOO
y con la UGT.
P: Y de ahí las dos convocatorias
L: Lo de las dos convocatorias es más grave, porque, si ELA
hubiera tenido una voluntad de movilizar a los trabajadores vascos
frente a una decisión política del Gobierno, no tenía
que haber esperado a que UGT y CCOO convocáramos formalmente
la huelga para, unos días después, como un vampiro
intentando alimentarse del trabajo y del esfuerzo de los demás,
intentar romper la huelga en Euskadi y además, modificando
la naturaleza de la convocatoria de la huelga, transformarla en
una huelga contra el sindicalismo confederal. Es una decisión
que pone las relaciones entre los sindicatos en una situación
de no retorno. Está, en consonancia con las propias decisiones
políticas: Elorrieta ha manifestado que ellos se están
yendo de España, que no aceptan el actual marco jurídico
y político y que su función es la unidad del conjunto
de los nacionalistas para poner en marcha un proceso secesionista
de carácter antidemocrático. Y la huelga del día
19 no es más que la expresión de ese proyecto, no
tiene razón sindical ninguna.
P: Los ciudadanos conocemos bien las relaciones
de CCOO con los diferentes Gobiernos de España. Sin embargo,
las relaciones con el Gobierno Vasco son una nebulosa. ¿Qué
pasa?
L: No, yo creo que CCOO tiene una relación normal con el
Gobierno Vasco en los asuntos propios de la actividad sindical y
además es una relación muy crítica. En el País
Vasco tenemos un modelo sindical que favorece a ELA. Desde el Parlamento
Vasco se ha legislado para crear un Consejo Económico y Social
que le ha otorgado a ELA el derecho de veto, un Consejo de Relaciones
Laborales que, con la configuración de su número,
también le otorga a ELA el derecho de veto y, a pesar de
todo, por la propia decisión de ELA, Euskadi es la Comunidad
Autónoma de España donde existe menos diálogo
social. Desde este punto de vista, CCOO tiene una posición
muy crítica con respecto al Gobierno Vasco. En esto coincido
con la Dirección de CCOO de Euskadi: en las políticas
de empleo, en la fiscalidad, en la formación continua, en
la salud laboral, etc. el Gobierno Vasco está haciendo una
dejación muy importante de la capacidad de autogobierno que
concede nuestro Concierto Económico y nuestro Estatuto de
Autonomía de cara a favorecer una sociedad más justa
y más participativa en el ámbito de las relaciones
de trabajo. Esta es una crítica permanente de CCOO. Lo que
ocurre es que en este país es muy difícil que los
temas de naturaleza social o laboral adquieran rango de titulares,
pero las personas que leemos las páginas económicas
y laborales de los periódicos vemos que hay una actividad
permanente del movimiento sindical y de CCOO de crítica al
Gobierno Vasco. Otra cuestión es que nunca, salvo con motivo
de la huelga, los temas laborales y sociales, ocupan titulares en
los medios de comunicación. Por tanto CCOO mantiene una relación
normal con el Gobierno desde una posición crítica,
porque el Gobierno Vasco, además de favorecer a ELA en todas
las decisiones políticas y legislativas para construir un
modelo de mayorías sociales nacionalistas, no está
utilizando los recursos e instrumentos del autogobierno para defender
una sociedad más igualitaria y más justa.
P: ¿No es un poco contradictorio
lo que estás diciendo con lo que defiende Izquierda Unida
y con la presencia de este partido en el Gobierno Vasco?
L: Ya opiné, y voy a repetir mi opinión, cuando IU
entró en el gobierno nacionalista. Dije que cometió
un inmenso error además de un engaño a los ciudadanos.
Javier Madrazo había centrado su campaña electoral
en el mensaje de que él no participaría en un gobierno
nacionalista, en un gobierno sectario y frentista, dijeron que iban
a jugar el papel de bisagra, de entendimiento entre los nacionalistas
y los socialistas. Como se vio, su promesa electoral fue un engaño
y, a pesar de la escasa representación que obtuvo en las
elecciones, él formó parte de un gobierno nacionalista.
Como se está viendo, su papel es residual. No están
condicionando la acción política del gobierno en un
sentido menos sectario en relación a los no nacionalistas,
y tampoco en un sentido más social. Yo creo que es un error
su participación en un gobierno nacionalista y que IU deberá
rectificar y si no lo hace, los electores y los ciudadanos lógicamente
castigarán a esa opción política por esa actitud.
P:
Aunque sea volver atrás, cuando llegan las elecciones sindicales
a la hora de buscar delegados en lo que se suele llamar la Euskadi
profunda ¿hay dificultades para que la gente se presente
en las listas de CCOO?
L: No, de momento no. CCOO es una organización muy enraizada
entre los trabajadores vascos y de hecho tenemos siempre una disputa
con los asturianos, de si las CCOO nacieron en Euskadi o en Asturias.
Todos conocemos a numerosas personas en la margen izquierda, pero
también en el Duranguesado, en el Goiherri, en la costa,
en la comarca de Donostia que trabajan y actúan en CCOO desde
hace 20 ó 30 años. Es una organización muy
enraizada en la sociedad vasca. Otra cuestión es que existe
una ofensiva muy fuerte del nacionalismo para deslegitimar a CCOO
como un sindicato vasco. Esta actitud forma parte de la pretensión
antidemocrática de negar los derechos políticos y
cívicos a los no nacionalistas. Es una ofensiva del nacionalismo
en todos los ámbitos y en los últimos tiempos también
en el sindical. El mensaje de ELA el día 19 en los piquetes
era insultar a los trabajadores que no secundaban su huelga y que
iban a participar en la huelga del día 20 llamándoles
"españoles". Yo vi en la televisión a un
responsable de ELA, a Jesús Mari Larrañaga, el secretario
general de la federación del metal, con un megáfono
en la mano, llamando "español" a un trabajador,
conductor de autobús, afiliado y delegado de CCOO, que le
decía que él iba a parar al día siguiente.
Esta descalificación de los derechos civiles y políticos
a los ciudadanos no nacionalistas pretenden extenderla al hecho
sindical pero yo tengo que decir que CCOO goza de buena salud y
que además de crecer en la afiliación sindical crece
también la representación de las elecciones sindicales.
Es cierto que algunas personas tienen dificultades para ser delegados,
pero diría que son más de naturaleza laboral. Pero
sí me preocupa que ELA y LAB hayan utilizado este tipo de
descalificaciones y estas actitudes tan peligrosas.
P: ¿Cómo se ve desde la perspectiva
sindical y desde Bruselas el último paso dado por el Gobierno
Vasco para que el Parlamento apruebe -gracias a la abstención
de Batasuna- apropiarse unilateralmente de todas las competencias
del Estatuto que considera no transferidas?
L: Bruselas es el Consejo, la Comisión, el Parlamento, el
Comité Económico y Social. La Unión Europea
está planteándose los problemas del futuro de Europa
en los próximos 20 años, en el primer cuarto del siglo
XXI y de hecho los sindicatos también en Europa estamos planteando
los problemas que tienen los trabajadores en el siglo XXI. Sin embargo,
el nacionalismo vasco, tanto el político como el sindical,
están en el siglo XXI haciéndose las preguntas del
siglo XIX. Este es un viaje que no conduce a ningún sitio.
Ya lo dije hace dos meses en una reunión del Consejo Vasco
del Movimiento Europeo, del que soy miembro. Estaba Eneko Landaburu
que es el director general que en estos momentos lleva el dossier
de la ampliación hacia los países del Este, estaba
también Álvaro Gil Robles, que fue presidente del
Parlamento Europeo y ahora es el presidente del Consejo de Europa.
Allí había numerosas personas, alcaldes, diputados
del País Vasco, empresarios
Al final, después
de varias horas de debate, tuve que intervenir porque estaba realmente
preocupado del enfoque de los debates porque todos los gobiernos,
los ciudadanos, las organizaciones en Europa están pensando
en el futuro de le Unión Europea, en el marco del la globalización,
preparando la ampliación hacia los países del Este,
analizando la política agrícola común, viendo
cuál es la agenda social, asegurando el futuro de la Unión
económica y monetaria y veía allí a muchos
responsables políticos vascos preguntando "¿Y
qué hay de lo mío?". No estaban pensando en cómo
podemos contribuir los vascos al futuro de Europa, sino pensando
en qué va a ser de lo nacionalista en la Europa del futuro.
Me di cuenta de que, a pesar de las palabras que son muy volátiles,
el nacionalismo vasco está haciéndose las mismas preguntas
que se hacen los nacionalistas integristas y reaccionarios en Francia,
en Austria, en Flandes, en Chequia, en Italia, en Eslovaquia. Es
decir, constituyen fuerzas retardatarias del proceso de unidad europea,
haciendo que sus intereses sean incompatibles con los proyectos
colectivos. La UE, además de suponer, por primera vez, un
marco para la estabilidad, la paz y el progreso de Europa, es un
proceso de compartir soberanía. Esto significa caminar en
una dirección distinta de la caminan todos los nacionalistas,
incluidos los nacionalistas en el País Vasco, que están
precisamente en un proceso de carácter soberanista: cómo
conseguir un proyecto político que no comparta la soberanía
con los demás, con el Estado Español o con los demás
estados de la UE. Los ciudadanos vascos no pueden confiar en políticos
que buscan las soluciones a los problemas del siglo XXI haciéndose
las preguntas del siglo XIX.
P: Para acabar ¿qué piensas
tú que debería hacer CCOO en el caso de una consulta
de Ibarretxe de tipo secesionista?
L: La cuestión fundamental es la democracia. Hoy el principal
problema que tenemos los vascos es la violencia política
y la falta de democracia. El pensar como hacen Ibarretxe y Arzalluz
que la violencia es una forma de expresión de un conflicto
político es equivocado. Al final ese planteamiento produce
en la sociedad vasca una legitimación de la violencia como
instrumento de acción política. Hace unos cuantos
años, en una reunión de la dirección de CCOO
de Euskadi con la Mesa Nacional de Herri Batasuna, surgió
a propósito del referéndum de Québec, la cuestión
de la consulta. Yo les hice a los responsables de HB tres preguntas
que hoy le haría a Ibarretxe. En primer lugar cuál
es el censo electoral, quiénes son los ciudadanos que tienen
la plenitud de los derechos políticos en el País Vasco.
No obtuve respuesta. La segunda pregunta es cuál es la circunscripción
electoral, de qué País Vasco estamos hablando, del
de la CAV o del Zazpiak Bat. No obtuve respuesta. La tercera cuestión
es cuál es la pregunta política que se haría
en ese supuesto referéndum. Tampoco obtuve respuesta. Si
hablamos de un sistema democrático, antes de hablar de un
posible referéndum, hay que asegurar que si vinieran observadores
de las Naciones Unidas a vigilar el proceso no se encontraran con
irregularidades previas como las que estoy apuntando. Pero además
un referéndum para la secesión rompería de
forma radical, aunque fuera un referéndum democrático,
las reglas del entendimiento. Porque la mejor manera de autogobernarse
de una sociedad tan plural, con identidades tan diversas y creo
que complementarias y compatibles, es el Estatuto. Plantear un proyecto
político independentista supondría una ruptura definitiva
de la convivencia entre los vascos. Es un inmenso error político
y como dice Joseba Arregi, con quien comparto muchas reflexiones,
los nacionalistas "se están cargando la nación",
"la nación" en el sentido republicano, como dice
la Constitución francesa "la nación de ciudadanos
libres". Están diseñando un proyecto en el cual
los ciudadanos no son libres.
Y contestando a la pregunta, CCOO defiende un modelo sindical de
carácter confederal y solidario y por lo tanto no estamos
a favor de un proceso de secesión, ni en Europa, ni en España,
ni en Euskadi. Estamos por un proceso de cooperación cada
vez más importante y más reforzado entre todos los
trabajadores y todos los ciudadanos, tanto en España como
en Europa. Creo que Ibarretxe y el Gobierno Vasco deberían
reflexionar antes de iniciar ese proceso.
KATUARRAINAK
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