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A
ESTE LADO
DE
LAS
REJAS
P:
¿Cuál es vuestro estado de ánimo en estos momentos,
sabiendo que, desde hace ya tiempo, sois objetivo de ETA?
R. Carlos: En mi caso, el estado de ánimo es normal dentro
de lo que cabe, teniendo en cuenta la situación de una persona
que vive en el País Vasco y que forma parte de un colectivo
amenazado por la banda terrorista hace ya mucho tiempo. Llegas a
"acostumbrarte". Yo me siento amenazado como persona que
forma parte de un colectivo, no como persona concreta que corra
un riesgo en el plano individual.
R. Joaquín: Te veo muy optimista. Sólo el hecho de
pensar que alguien te pueda pegar un tiro ya te altera. No puedes
tener un estado de ánimo normal. Cuando llevas mucho tiempo
viviendo en estas mismas circunstancias, como es nuestro caso, de
alguna manera acabas asumiéndolo, incluso engañándote
a ti mismo, diciéndote por ejemplo que la carretera mata
a más gente... sobre todo entre personas que vivimos aquí
y que no queremos irnos del lugar que hemos elegido para vivir.
Pero, en el fondo, por dentro, estamos hechos polvo, por lo menos
nosotros desde el último asesinato lo llevamos muy mal; no
podemos hacer una vida normal, no dormimos bien... Tienes que procurar
siempre ir esquivando cosas y, emocionalmente, estás siempre
a la que salta. Si a eso le unes, que cada vez que se produce o
bien una amenaza en la prensa o, por desgracia, un atentado, se
genera un rechazo a tu alrededor y tú notas que la gente,
en lugar de acercarse, lo que hace es buscar excusas para no acercarse,
te sientes mal. Terminas acostumbrándote, pero yo creo que
en general el estado de ánimo no es el normal, el que tendría
que tener una persona que lo único que hace es trabajar en
una determinada profesión, en este caso como funcionario
de prisiones.
P: ¿Cómo os sentís
y cómo reaccionáis cada vez que ETA asesina a alguien?
¿Se producen fricciones entre vosotros?
R. Joaquín: Tampoco tenemos entre nosotros una relación
tan directa, no somos un colectivo cerrado, trabajamos a turnos,
no nos vemos mucho, no somos muy corporativistas de cara a nuestra
profesión y, por lo tanto, no tenemos una relación
estrecha y procuramos no tenerla, porque si no estaríamos
todo el día hablando de los muchos problemas que de por sí
ya tiene nuestra profesión.
Las reacciones dependen mucho, aunque sea injusto decirlo, de lo
cerca o lejos que sientas el atentado... Supongo que como todo el
mundo... Evidentemente, cuando se produce en el territorio en el
que nosotros vivimos o cuando la víctima tiene una profesión
cercana a la tuya, te afecta más... Yo no sabría decir
cómo reaccionamos, nosotros hemos sufrido cinco asesinatos
de compañeros y la reacción ha sido cada vez distinta.
P: ¿Sentís rechazo si hay
un asesinato más cercano?
R. Joaquín: A lo mejor es una obsesión nuestra, pero
sí notamos que cuando se produce un atentado de estos, con
ciertas personas con las que sueles tomar un vino, ese día
no coincides o el sitio donde vas a ver el partido de fútbol
ese día está vacío o cuando tú llegas,
de pronto todo el mundo tiene algo que hacer... Pero son cosas puntuales,
después va pasando el tiempo y se vuelve a la "normalidad"...
R. Carlos: Dentro de los círculos habituales sí notas
que la familiaridad desaparece en parte. Quizá el compañero
tiene razón y sea algo de obsesión... pero sí
se nota, sobre todo con personas que no son muy allegadas se produce
un cierto distanciamiento.
Yo he conocido y he trabajado con todos los compañeros que
han sido asesinados. El primero fue hace 12 años y aquello
sirvió para unirnos. En aquellos primeros casos la gente
se unió, luego las cosas cambiaron. No es que haya distanciamiento
entre nosotros, pero depende mucho de cómo acepta cada persona
la situación: algunos se hunden y no son capaces de nada,
en otros se produce cierto histerismo y el resto intentamos sobrellevarlo
con la mayor dignidad.
P: ¿Cómo vivisteis los meses
de secuestro de Ortega Lara?
R Joaquín: El secuestro de Ortega Lara fue larguísimo
y nos pilló a todos por sorpresa. Lo vivimos mal. En el centro
de Logroño, al que él pertenecía, se mantuvo
un encierro, en contacto con los demás centros, durante todo
el tiempo en el que estuvo secuestrado. Ver alterado tu ritmo normal
de trabajo, con concentraciones todas las semanas, estar todo el
día pensando qué va a pasar con este hombre... Fue
un secuestro que terminó por alterarnos a todos. Salías
menos a la calle, estabas pendiente todo el día de las noticias,
fue una tensión que duró muchísimo. El día
que lo liberaron, mientras que casi todo el mundo comentaba las
condiciones en las que lo habían tenido, nosotros sólo
veíamos el hecho de que había vuelto con vida. Eso
era lo que nos llenaba de alegría.
R. Lourdes: Tampoco fue un secuestro típico. Hasta entonces
secuestraban para sacar dinero y, en esta ocasión, el beneficio
que pretendían obtener no era precisamente el dinero. Yo
creo que buscaban publicidad y, si no lo hubieran rescatado, el
final habría sido la muerte. Era la crónica de una
muerte anunciada.
P: ¿Os sentís respaldados
por la Administración de Prisiones? ¿Y por los políticos?
R. Joaquín: Yo no me siento especialmente respaldado por
la Administración, por la de Prisiones en absoluto. Ni siquiera
cuando ha habido un atentado, hemos sentido un calor especial de
nuestra Dirección General o de nuestro Secretario General.
Más bien la relación ha sido fría, no ha habido
un acercamiento, ni siquiera en esos momentos. Tampoco, en el día
a día, nos sentimos en absoluto respaldados. En las reuniones
que hemos mantenido en la Mesa de Seguridad tampoco se nos ha transmitido
calor.
Lo que es verdad es que las medidas que se toman con respecto al
colectivo de Instituciones Penitenciarias son diferentes a las que
se toman con respecto a otros colectivos afectados. A nosotros ni
se nos han facilitado comisiones de servicios para salir del País
Vasco, ni nos han puesto guardaespaldas, ni nos han ofrecido esas
opciones. Tampoco las hubiésemos aceptado a lo mejor, pero
ni siquiera se han barajado. Cuando tu nombre aparece en un listado
de objetivos, la comunicación es una simple llamada diciéndote:
"Lo sentimos mucho, pero estás en un listado que ha
aparecido en tal sitio." Sin más opciones. Pensamos
que el trato debería de ser completamente distinto, lo que
pasa es que quienes queremos seguir viviendo aquí necesitamos
no darle muchas vueltas para buscar una sensación de normalidad.
Y en cuanto a los políticos, cero patatero. Vienen el día
del suceso, se hacen la foto y desaparecen. Hemos tenido incluso
fricciones más de una vez sobre cómo se deben hacer
las cosas, presiones, etc. De todos modos, los políticos
de este país -bueno, algunos- ya tienen también lo
suyo desde que ETA decidió actuar contra ellos y yo creo
que se sienten cercanos, pero esta situación, en lugar de
unirnos para buscar juntos la solución, lo único que
hace es que nos miremos, nos comprendamos y vayamos cada uno por
nuestro lado. Esto es como la mujer a la que pega el marido y le
da vergüenza a ella decirlo en alto.
P: Decíais que no se os ha ofrecido
ninguna propuesta de medidas de seguridad, del tipo permisos o comisiones
de servicios. ¿Tampoco las habéis pedido?
R Joaquín: Nosotros hemos planteado una serie de medidas
reivindicativas, en el sentido de procurar nuestra seguridad. La
Administración nos ha concedido unas y otras no. Ha sido
fruto, más que de hechos puntuales, de una negociación
sindical, de una negociación entre una empresa y sus trabajadores.
Sí que existen una serie de normas y medidas especiales,
sobre todo para los que trabajamos dentro de la Comunidad Autónoma
Vasca. A lo que yo me refería antes, es que las medidas puntuales
que se han tomado para otros colectivos ni siquiera se nos han ofrecido.
Lo normal sería que si apareces en una lista de ETA, además
de comunicártelo con una llamada telefónica, te recibieran
y te propusieran algo, un traslado, una comisión de servicios
en otro sitio... Y eso no se produce. Probablemente si se produjera,
tampoco lo aceptaríamos, pero ese tratamiento no existe.
R. Carlos: El problema es que en un principio sí ocurría,
cuando se produjeron los primeros atentados, que eran inesperados
y que a ellos también les desbordaban. Entonces sí
intentaron arroparnos un poco más a los afectados, a la gente
que apareció en un listado, pero con los años y con
el tiempo y cuando ya efectivamente se nos ha marcado como "funcionarios
de prisiones objetivo de ETA", la relación se enfría
y se limitan a una llamada. Y tú verás
No te
dan ninguna alternativa
No te preguntan si te afecta o no
te afecta, si estás preparado o no para ello
Hay una
serie de medidas de ámbito del colectivo, pero el trato se
ha enfriado mucho.
P: Por lo que hemos entendido, vosotros
intentáis llevar una vida normal, pero hay personas de vuestro
colectivo que, mientras trabajan, están dentro de la prisión,
durmiendo y todo, y luego se van otros ocho días a su casa
fuera del País Vasco.
R.Carlos : Sí, hay una serie de personas que, ante la amenaza,
optan por no residir en el País Vasco. Desde que se empieza
a estrechar el cerco contra nosotros, se nos da la posibilidad de
trasladar nuestra residencia fuera. Y hay gente que viene, trabaja
y se marcha. Nosotros intentamos llevar una vida lo más normal
posible dentro de la anormalidad que supone pertenecer a un colectivo
amenazado.
R.Joaquín : Lo que sí ha habido son más facilidades,
por parte de la Institución, para vivir en tu domicilio de
origen. Entonces, la mayoría de los funcionarios que no son
de la Comunidad Autónoma Vasca optan por vivir en su provincia
natal, dado que son zonas limítrofes y teniendo en cuenta
la posibilidad de acumular turnos. Además, cuando están
en la prisión, el trabajo es tan seguido que tampoco les
permite vivir fuera; viven en las residencias habilitadas dentro
del cárcel.
Esto ha ocurrido siempre, lo que pasa es que antes, cuando no se
sentían tan amenazados, vivían en pisos cercanos a
la prisión y las residencias no existían. Pero tras
los asesinatos, algunos compañeros que estaban integrados
aquí, han hecho un balance de su vida y han decidido marcharse.
P: ¿Cómo responden vuestras
familias y, más concretamente, vuestros hijos? ¿Sufren
ellos rechazo de sus compañeros de trabajo, de escuela, etc.?
R.Lourdes : Mientras son pequeños, no son conscientes de
la situación. Cuando son mayores, por lo que sé, lo
asumen. Es decir son conscientes de que tiene que mirar debajo del
coche y de los asientos porque les puede tocar de rebote a ellos
también.
R.Carlos : Efectivamente, cuando son pequeños no son conscientes.
En el caso de mi mujer, lo vive con la normal preocupación
y toma las mismas medidas de seguridad que yo.
P: ¿Por qué pensáis
que no estáis transferidos? ¿Os interesa a vosotros
que os transfieran?
R.Joaquín : Nosotros llevamos años luchando para que
nos transfieran por dos razones: primera, porque consideramos que
el Estatuto de Autonomía marca esa competencia y por tanto
nuestra Administración debe ser la vasca, y segunda, porque
es más fácil la comunicación como trabajador
con una Dirección General que esté aquí. Preguntáis
por qué no se produce la transferencia: pues porque ni unos
ni otros están interesados. Ni al PNV le interesa, ni al
PP en este caso, ni antes al PSOE.
P: ¿Por qué no le interesa
al PNV?
R. Joaquín: Porque es más fácil que un Consejero
de Justicia diga lo que dice con respecto a los presos de ETA si
no tiene las competencias, porque si las tuviera no podría
decir esas cosas. Políticamente, es muy bonito salir a la
prensa y hacer una serie de afirmaciones, pero si tuviera la responsabilidad
del tema no lo podría hacer. Tampoco les interesa porque
la presión que se produciría dentro de sectores del
PNV, y sobre todo desde sectores de la izquierda abertzale, sería
mucho mayor.
El otro día presumía el Sr. Arzalluz, con toda la
cara del mundo, de que hay un listado por ahí de amenazados
de su partido cuando claramente van sin guardaespaldas, paseando
tranquilamente. El hecho de que salgan ahora diciendo "Nosotros
también estamos amenazados" da a entender que ya estamos
todos en el mismo saco. Y no es verdad, porque no es lo mismo cómo
vive un concejal del PSOE que uno del PNV, ni una persona afín
al PNV que una que lo es al PP. Ya no es necesario tener cargo para
sentir el hostigamiento de la gente que está a tu alrededor.
No les interesa la transferencia. ¿Cómo les va a interesar
a ellos soportar una presión que ahora no tienen de ese mundo
que les presionaría constantemente? A modo de ejemplo, os
podemos decir que, durante una huelga de hambre que mantuvieron
los presos de ETA, cuando salían al hospital y estaban a
cargo de la Consejería de Interior, pasaron cosas que no
eran reglamentarias: visitas sin autorización, mayor tiempo
de estancia de los familiares, etc. Evidentemente, si en dos días
que tuvieron a su cargo de alguna manera esa responsabilidad, permitieron
esas cosas, imaginaos que la tuvieran permanentemente
P: ¿Cambiarían las transferencias
la situación de los presos de ETA?
R. Joaquín: Si se transfiriera la competencia, los presos
de ETA seguirían estando donde están. Los que están
preventivos, en Madrid a disposición de la Audiencia Nacional;
los que están cumpliendo condena clasificados en primer grado,
lejos del País Vasco, porque aquí no existe ningún
centro de primer grado; y el resto aquí como están
ahora. No iba a haber ninguna variación política.
Al Estado español tampoco le interesa cederla porque, aunque
no debería de haber más política penitenciaria
que la reinserción de los internos, se utilizan los centros
penitenciarios para hacer un seguimiento de los presos de ETA distinto
al que está marcado en la Ley Orgánica General Penitenciaria.
El retraso en las transferencias lo sufrimos los trabajadores, pero
sobre todo los internos, porque las cárceles del País
Vasco y de Navarra son las más obsoletas de este país.
Son cárceles del siglo pasado que se están cayendo.
No existen compromisos de ningún tipo entre la Administración
Penitenciaria y la sociedad. Suplimos un montón de servicios
a través de las ONG o de asociaciones, porque no hay voluntad
de utilizar los recursos. Los que sufren el problema realmente son
los presos. Lo más terrible de esta cuestión es el
agravio comparativo: en Madrid, por ejemplo, hay cárceles
con piscinas climatizadas, guarderías, tratamientos en la
calle con una serie de medidas alternativas, zonas donde comparten
hombres y mujeres las mismas dependencias, etc., mientras que en
la Comunidad Autónoma Vasca seguimos teniendo a dos personas
por celda en unas celdas que se caen de viejas y sin posibilidad
de medidas alternativas por falta total de inversión. La
Administración central dice que como se van a transferir
no invierte y el Gobierno Vasco tampoco, porque dice que no son
suyas.
P: ¿Qué trato recibís
tanto de los presos de ETA como de sus familiares y personas que
los visitan?
R Joaquín: Los presos de ETA tienen un poder enorme dentro,
porque tienen mucho apoyo fuera y de eso son conscientes. Y eso
te hace de alguna manera a ti intimidarte un poco en el trato que
tienes con ellos. Pero, quitando esa presión, no hay trato
distinto, ni tampoco por parte de las familias.
También hay que tener en cuenta que ellos generalmente tampoco
buscan relación con el funcionario. Como si fueran embajadores
de algún país extraño, sólo quieren
tratar con el Director del Centro Penitenciario o con el Jefe de
Servicio de turno. No discuten nada con el funcionario, siempre
exigen tratar con la autoridad.
P: ¿La actitud de los colectivos
de familiares de presos en la calle se refleja al acudir a la ventanilla
de la prisión?
R.Lourdes : En términos generales, no. Cuando tienes que
negarles alguna cosa por un precepto reglamentario, puede salir
esa actitud prepotente. En casos puntuales. En general la actitud
es correcta y no plantean problemas.
R. Joaquín: El problema no es precisamente con los familiares.
El problema de sentirte más o menos amenazado puede venir
más de los abogados y de colectivos que van a visitarlos.
R.Carlos : El problema con estos familiares se puede plantear cuando
no reúnen, en la ventanilla o en las visitas, alguno de los
requisitos necesarios para entrar. De todos modos, ellos conocen
perfectamente los trámites y cuando llegan a la ventanilla
van con el carnet de identidad, con el caducado, con el duplicado,
con el nuevo, con el viejo, con todo lo que haga falta, de tal manera
que no les puedas plantear ninguna pega. Además saben que
el menor problema que haya puede significar una suspensión
de las visitas, por lo que procuran evitarlo. Lo mismo se puede
decir de los internos, que saben que cualquier problema con su comportamiento
puede suponer un traslado o una incomunicación. De ahí
que su comportamiento no sea especialmente agresivo con nosotros.
De vez en cuando, hacen alguna reivindicación como colectivo,
pero siempre con la boca muy pequeña. Tampoco tratan de forzar
la jugada.
P: Según decís, que están
muy bien informados, saben qué pueden exigir, hasta dónde
pueden llegar y a quién se lo tienen que pedir. ¿Están
también muy bien organizados, no como los otros presos?
R. Carlos: Hasta el más tonto en este caso va a tener el
asesoramiento del más listo. Están organizados de
tal manera que saben de sobra cuáles son sus derechos.
P: Vamos a centrarnos ahora en la vida en prisión y, aprovechando
que vosotros sois testigos directos, contadnos cómo es un
día cualquiera de un preso en la cárcel.
R. Lourdes: En primer lugar existen unos horarios porque es un colectivo
grande y no podía ser de otra manera, hay actividades dirigidas
tanto a los que no saben leer ni escribir como a los que quieren
aprender idiomas o incluso carreras; les hacen las tutorías,
les hacen los exámenes. Además hay un horario para
comer, para cenar y actividades, una vida monótona.
R. Joaquín: Es algo así como la vida en la mili o
en un colegio interno. Se levantan a las 8, bajan a las 8,30 a desayunar,
a las 9 actividades de centro hasta la una, a esa hora comen, luego
a dormir la siesta, a descansar o a leer hasta las 4 y media; de
nuevo actividades hasta las 7,30 u 8 en que se da la cena; vuelven
a subir a la celda y hasta el día siguiente. Lo más
grave que está pasando aquí, es que las prisiones
vascas, por culpa de este problema, son completamente distintas
a las del resto de España.
P: ¿Son peores?
R. Joaquín: Claro, porque en las del resto de España
hay zona de polideportivo, zona de escuela, zona de talleres...
En las prisiones de Euskadi no existe eso, todo está mezclado,
tienes que ir buscándote tú la vida, metiendo a unos
con otros, con lo cual las actividades no son ni beneficiosas ni
productivas, ni para el interno ni para la propia administración.
R Carlos: Son peores en infraestructura, aquí la más
nueva tiene más de 20 años.
P: Y esto, en relación con la finalidad
de la pena que es la rehabilitación, ¿tiene mucho
que ver?
R Joaquín: Claro. Lo que parece absurdo es que una comunidad
que tiene el más alto nivel de vida de España, que
tiene unas prestaciones sociales muchísimo más avanzadas
que otros territorios, tenga las peores cárceles. Es una
contradicción. De eso aquí nadie quiere hablar, pero
lo cierto es que las prestaciones de las instituciones penitenciarias
en Euskadi son muy deficitarias con respecto al resto y eso influye
también en la reinserción.
Hay que decir que es difícil reinsertar, porque para la reinserción
hace falta no solamente la buena voluntad del funcionario o de la
Administración, sino que el propio interno quiera reinsertarse.
El no va allí voluntario, le lleva un juez y la reinserción
es una opción que él tiene, no que él ha elegido.
Por otra parte, las cárceles vascas no tienen la posibilidad
de que el interno, desde el principio, tenga una clasificación
apropiada, un lugar, unos medios con los que pueda intentar cambiar
su vida. Aquí todo está mezclado.
P: Contadnos qué es eso de la clasificación.
R. Joaquín: Hay que diferenciar entre presos preventivos
y penados. Un preso es preventivo hasta que se celebra su juicio
y se dicta la sentencia.
A los penados la ley les clasifica según su grado de peligrosidad
y su grado de adaptación al sistema penitenciario, y existen
tres formas para cumplir la pena: el primer grado para aquellas
personas que no se adaptan, que son sumamente agresivas o que tienen
una enorme condena, y al principio siempre van a intentar fugarse
o amotinarse porque no lo asimilan. Este primer grado requiere mayor
control. Están normalmente solos, cada uno en su celda, hay
menos en cada departamento y salen al patio en grupos más
reducidos que los demás.
P.: ¿Hay prisiones especiales para
el primer grado o están mezclados?
R. Joaquín: Antiguamente había prisiones exclusivamente
de primer grado, hoy día sólo queda una.
R. Carlos: Siguiendo con los grados, que ya hemos dicho que hay
tres, es muy habitual que cuando empiecen a cumplir condena estén
ya en segundo grado, puesto que para cuando se les dicta la sentencia
ya llevan un tiempo en la cárcel y se sabe su grado de adaptación.
Un dato curioso: el 90% de los presos de ETA eran siempre de primer
grado, teniendo en cuenta el número de años que les
caían, y las cárceles de Euskadi no son para presos
de primer grado.
Ahora lo que se tiende es a hacer macroprisiones que reúnen
todos los grados, pero en departamentos totalmente independientes,
con régimen de vida independiente. El 70 ó el 80%
de los presos están en segundo grado.
P: ¿Y el tercer grado?
R. Joaquín: Son los que llevan un comportamiento normalizado
en la sociedad. El que mantiene unos mínimos, un mínimo
de respeto a las personas o bien gente que le queda poca condena
y a quien se le da un periodo de prueba para que se vaya adaptando.
Normalmente se buscan un puesto de trabajo y vuelven a dormir a
la prisión. Y, mientras no tienen ese trabajo, están
en un ala de la cárcel con una mayor libertad y salen los
fines de semana a casa.
P.: ¿Y de uno a otro grado cómo
se pasa?
R. Joaquín: Lo decide la Junta de Tratamiento que es quien
se dedica a estudiar a los internos. Bien a partir de informes,
bien a partir de observación directa, o bien a partir de
entrevistas.
P.: ¿No tiene nada que ver con el
tiempo que hayan cumplido de pena?
R Joaquín : No, no. Puede haber una persona a la que le quedan
20 años y esté en el tercer grado.
R Lourdes: Los grados se revisan cada seis meses y, si los internos
no están de acuerdo con la valoración, pueden recurrir
a la Junta de Observación que está en Madrid.
P: ¿Los presos de ETA utilizan este
sistema?
R Joaquín: No. Los presos de ETA no asimilan que estén
condenados por un delito y por eso no pueden admitir el acogerse
a ningún proceso de reinserción. Ellos no son asesinos,
sino patriotas, por lo tanto ellos están injustamente en
la prisión y no aceptan nada del sistema penitenciario. Pero,
al margen de esto, la Junta de Tratamiento los va clasificando en
uno u otro grado. Antes siempre estaban un gran periodo de tiempo
en primer grado; ahora ya no es así y muchos entran directamente
al segundo grado, que es la vida normal del centro, porque han estado
mucho tiempo preventivos.
P: ¿Los presos de ETA son reacios
a cumplir las normas?
R Joaquín: En el País Vasco tienden a cumplirlas.
R. Carlos: Claro, los presos de ETA aquí viven cerca de su
casa, su familia puede venir a verles en cualquier momento y no
ponen en riesgo esta situación .
P: ¿Creéis que el colectivo
como tal presiona a los presos para que no pidan medidas de reinserción?
R Joaquín: No es que lo creamos, es que es una cosa que se
ve. Más que el colectivo de presos, la gente que está
fuera, concretamente las Gestoras y el resto de grupos afines. Ellos
han pertenecido a una banda organizada cuando estaban fuera, y dentro
siguen perteneciendo a ella y, por tanto, llevan una disciplina
tipo militar. Si la banda dice "No hay que aceptar el tercer
grado", ellos no lo aceptan y, automáticamente, al que
lo acepta lo expulsan. Se han dado casos publicados en la prensa
de personas que al final se han dado cuenta, o se han cansado de
estar en la cárcel y han decidido acogerse a las normas del
sistema penitenciario y, automáticamente, han sido expulsados
del colectivo.
P: ¿Se pasa del segundo al tercer
grado no aceptando las normas penitenciarias?
R. Joaquín: No. Para estar en tercer grado hay que cumplir
unos requisitos que ningún preso de ETA, hoy por hoy, cumple.
Aún más, los que dicen "Quienes han cumplido
las ¾ partes de la condena, a la calle" están,
cuando menos, equivocados, ya que no sólo importa el tiempo
cumplido, sino que hay otros requisitos como es el de la certeza
de que no se vaya a delinquir de nuevo. De hecho, como dice la Ley
textualmente debe haber "Garantía de llevar una vida
honrada". Y los de ETA están tan convencidos de que
no cometieron delito, que si salen van a volver a atentar.
En la calle se habla muy alegremente, incluso lo hace el Consejero
de Justicia, que algo tenía que saber de la ley penitenciaria.
Porque que hable el padre de un preso... me parece lógico
que defienda a su hijo... pero que lo diga alguien que tiene una
responsabilidad y debería conocer la ley...
R Carlos: Es que dentro siguen perteneciendo a la misma banda por
la que están presos y no han renunciado a nada.
RY: Y aún así, la administración, que es muy
generosa, algunas veces concede terceros grados unos días
antes de la libertad condicional para no tener que forzar al interno
a que renuncie. Hay muchos presos de ETA que llegan al tercer grado
sin cumplir las condiciones que marca la ley, porque la Junta de
Tratamiento constata que hay quienes están apartados de la
banda aunque no lo quieran reconocer. Porque un problema que existe
es que ellos tienen que dar también un sentido a todo el
tiempo que han pasado en prisión y, por otra parte, al salir
a la calle, recibir o no el homenaje al llegar a su pueblo es importante
no solamente para ellos, sino también para sus hijos. Muchos
aguantan, aunque estén al margen del grupo etarra para esperar
ese día y no tener que dar otra explicación a sus
hijos y a la gente de fuera.
P: ¿Quién forma parte de
la Junta de Tratamiento?
R. Joaquín: El director, el subdirector, el psicólogo,
el jurista, el trabajador social, el educador, un representante
de los trabajadores y el jefe de servicio.
P: ¿Creéis que tienen los presos de ETA algún
privilegio dentro de la prisión, en su vida cotidiana?
R. Joaquín: No es que tengan privilegios, lo que tienen es
una capacidad enorme de presión que hace que con ellos se
cumplan a rajatabla muchos de los requisitos que con otros presos
no se cumplen. Se cumple el reglamento estrictamente.
R. Lourdes: Ellos tienen fuera juristas y abogados que les orientan.
En cuanto piensan que el reglamento no se está cumpliendo
interponen de inmediato recursos, autos, herramientas que no están
al alcance de otros presos a quienes también les asistirían
legalmente esos mismos derechos.
P: ¿Cómo se relacionan con
los demás presos?
R. Joaquín: Yo creo que no se relacionan, ellos se relacionan
entre sí, en grupo, forman su peña de gente. No hay
solidaridad con el resto de presos.
P. ¿Y el preso común hacia
ellos?
R. Lourdes: Tampoco. Les miran como que están ahí,
simplemente.
P. Cuando hay un atentado, un hecho que
impacta, ¿se nota dentro de la cárcel? ¿Hay
alguna reacción?
R. Lourdes: No, apenas; sólo suele haber algún comentario.
Ni siquiera se aprecia reacción cuando detienen a gente de
su banda. Solamente hay algún tipo de reacción cuando,
a consecuencia de un enfrentamiento, se produce una muerte o cuando
algún familiar muere en accidente al ir a visitarles; entonces
manifiestan que es el Estado español el culpable, el que
les ha asesinado. Pero, normalmente, por ejemplo ahora, con estas
últimas detenciones, no ha habido ningún tipo de reacción.
Tienen asumido que antes o después los van a coger.
P: Para terminar, nos gustaría conocer
vuestra opinión sobre el tan manido "acercamiento de
los presos", ¿existe ese derecho y, en caso afirmativo,
en qué circunstancias?
R. Joaquín: Como persona puedo entender que la dispersión
en distintas cárceles puede facilitar la reinserción
y puedo entender la argumentación del Gobierno. Sin embargo,
como trabajador de Instituciones Penitenciarias, creo que es un
disparate. Pienso que si de verdad queremos que se reinserten, los
presos deben estar cerca de su entorno. Lo que ocurre con los presos
de ETA es que no aceptan el tratamiento y no quieren reinsertarse.
P. ¿Qué tanto porcentaje
de presos de ETA hay en Euskadi?
R. Joaquín: En total, hay alrededor de 600 presos, de los
cuales más de 200 son preventivos, con lo cual tienen que
estar cerca de la Audiencia donde van a ser juzgados, es decir en
los alrededores de Madrid. Del resto, calculo que en torno unos
100 están en cárceles del País Vasco y Navarra.
Y, otros 200 en zonas limítrofes (Cantabria, Logroño,
etc.). Desde ya 3 ó 4 años que no hay ningún
preso en Canarias, ni en Salto del Negro, y los 3 ó 4 que
hay en cada prisión de Andalucía o Castilla, están
ahí por el tipo de clasificación (primer grado), por
pura aplicación del propio reglamento de Instituciones Penitenciarias.
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