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LA
JUSTICIA SE ESCONDE
P:
El asesinato de Lidón les ha puesto a ustedes de nuevo en
el candelero. ¿Cuál es el estado de ánimo de
la judicatura en estos momentos?
R: Yo creo que en este momento es absolutamente desolador. Está
la gente perpleja, desconcertada, creo que asustada, soportando
muy mal el tema de la seguridad y de la escolta y con un desánimo
y un desaliento muy importante. La situación es de mucha
preocupación, que yo espero que no incida en la administración
de justicia, a la hora de poner sentencias. De momento sí
está incidiendo en que estamos trabajando poco, en que estamos
con una sensación de agobio personal que nos impide centrarnos
en el trabajo. Lo que me preocupa de la situación en la que
estamos nosotros es cómo vamos a trabajar ahora los jueces.
Si vamos a trabajar de verdad cumpliendo nuestra función
o vamos a pasar, a dar la apariencia de que hacemos algo para que
parezca que existe aquí una Justicia, aunque en realidad
lo único que estamos encubriendo es nada. También
me preocupa mucho cómo vamos a hacer de jueces en el País
Vasco a partir de ahora. Creo que algunos compañeros van
a ser jueces desde su casa, quizá con muchísima menos
atención al ciudadano, mucha menos proximidad... En definitiva,
aquello contra lo que hemos luchado durante mucho tiempo toda una
serie de jueces que hemos entendido la judicatura de otra manera.
Hemos entendido la judicatura, además de como Poder, como
servicio público y eso supone presencia, contacto, relación
con los profesionales de la Justicia, con el ciudadano, despachos
abiertos para que quien quiera hablar con el juez pueda hacerlo...
Esta situación puede acabar con esto, puede hacer que el
juez se repliegue otra vez en su concha, se meta en su despacho
y trabaje con su ordenador. Esto me preocupa porque puede ser que
la seguridad personal prime sobre el ejercicio de la función.
P: ¿Qué
le impulsa a un juez a seguir con su oficio en el País Vasco?
R: Hay muchas razones. El panorama puede ser variado, desde quienes
se quieren marchar, y yo creo que es legítimo que se quieran
ir, hasta quienes se quieren quedar porque tienen aquí su
vida y quienes quieren hacerlo porque consideran que es aquí
donde deben defender los derechos de los ciudadanos, que es donde
más falta hacen.
P: Las primas económicas que se
van a ofrecer como estímulo para quedarse, ¿le parecen
suficientes?
R: Yo creo que no sirven para nada.
P: En cualquier caso, los poderes públicos
parece que toman con interés el amparo a jueces, fiscales
y, ahora mismo, a la Ertzantza. ¿Significa esto que hasta
ahora estaban desamparados o no suficientemente amparados?
R: Ahora están preocupados con el tema de los jueces, de
la Ertzantza, pero esta preocupación tiene que estar en el
mismo paquete que la seguridad de todos los ciudadanos. No vale
para nada esta preocupación si no les preocupa el problema
de los demás ciudadanos y si no se adoptan medidas para la
seguridad de todos y para poner fin a esta situación. El
problema de la seguridad no deja de ser una preocupación
que no tiene ningún sentido si es una preocupación
en el vacío que se agota en sí misma: "Qué
preocupado estoy por mis jueces y les voy a poner todas las medidas
de seguridad posibles". Así los jueces tampoco van a
aguantar. Un juez que se puede trasladar a otro sitio, no tiene
por qué estar aquí. No hay nada tan importante que
le ate a este país como para jugarse la vida o para vivir
escoltado sine die y sin poder hacer las cosas normales que cualquier
ciudadano hace libremente. No hay ninguna razón para ello
y menos en alguien que se puede ir a otro sitio. La seguridad solo
es un paso, hay que afrontar poner fin a la situación que
genera la inseguridad
P: ¿Le parece a usted tolerable
el espectáculo que dieron los inculpados del comando Andalucía
en Sevilla en el juicio ante la Audiencia Nacional?
R: No, me parece intolerable. Yo creo que el juez que dirigía
el procedimiento tenía medios a su alcance -porque el orden
de las sesiones le corresponde- para , ante aquella situación
de absoluta desvergüenza, sobre todo para las víctimas,
haberlos expulsado antes de la sala. Sé que hay problemas
para celebrar un juicio sin el acusado, pero ya estaban sus defensores
ahí, y se les podía haber apercibido desde el primer
momento con la expulsión si continuaban en esa actitud. Si
no quieren comportarse, se les expulsa de la sala. Lo que no puede
ser es esa actitud de reírse de todo, de falta de respeto,
cuando se estaban juzgando cosas tan importantes como un asesinato
y estaba allí la representación de la víctima.
P: Incluso la aparición con aquellas
camisetas...
R: Sí ya solo por el atuendo... Pero estamos muy acostumbrados
a ver en los juicios aparecer a los acusados con camisetas que contienen
reivindicaciones y eslóganes ofensivos para las víctimas
y para los ciudadanos amenazados. Lo que pasa es que fuera de aquí
se creen que eso es inofensivo, que hay que permitírselo
en aras de la libertad de expresión. Pero aquí sabemos
que del dicho al hecho no hay ni un paso, que cualquier atisbo de
amenaza puede ser realidad inmediata, que se señala, se marca
y se mata. Yo tengo la conciencia de que es muy difícil convencer
a la gente de otros sitios de lo que pasa aquí. ¡Es
que no se lo creen! Es producto de tu imaginación, somos
unos exagerados alarmistas, eso no pasa en el País Vasco,
sólo en la mente de unos cuantos.
Pero para el ciudadano del País Vasco que está sufriendo
el acoso y la amenaza, que puede ser víctima en cualquier
momento de un atentado, ver esos comportamientos y esa tolerancia
en una sala de justicia, donde al final se rinden cuentas, resulta
ofensivo y desalentador.
P: ¿Eso con un delincuente común
pasaría?
R: No, primero eso ni se le ocurre y, si se le ocurre, lo has echado
en cuanto ha dicho la voz de a...
P: ¿Por qué no se actúa
igual con un terrorista?
R: Por un principio garantista mal entendido que, en esa conducta
concreta o en esa actuación concreta, no garantiza nada.
A un procesado le tienes que garantizar el poder hablar, la igualdad
de defensa, el derecho de acceso al tribunal, pero desde luego lo
que no le tienes que garantizar es que se ría del tribunal
y de los familiares de la víctima. Ahí no está
ejerciendo ningún derecho fundamental. Tampoco se vulnera
ningún derecho cuando si aparece con una camiseta que es
ofensiva se le dice: "Pues mire usted, con esto no sale, se
pone usted otra". Se podrá decir que eso no tiene importancia,
que qué más da, que vengan como quieran, pero yo creo
que hay toda una serie de formas que son importantes y que evidencian
cosas detrás. En el orden del funcionamiento de los tribunales,
tiene que aparecer claramente que allí se está ejerciendo
una función fundamental del Estado que es la de juzgar y
la de aplicar la ley y que eso requiere respeto, orden, serenidad
y tranquilidad en su ejercicio y que, ni el público, ni los
fiscales, ni los abogados defensores, ni los testigos, ni las víctimas,
pueden estar sometidos a presiones del público ni de los
propios acusados. Esto para mí es fundamental. ¿Por
qué no se ha hecho? No lo sé, no me atrevo a interpretar...
En esta materia todo es un tanto anormal.
P: Desde el punto de vista de un ciudadano
normal, no se entiende cómo si a un delincuente común
no se le admiten muchas cosas por qué se le admiten a un
terrorista. ¿El tribunal tiene siempre miedo de ese terrorista,
hay ciudadanos de primera y de segunda? Es como decir al gitano
lo condeno y al señorito no. Volvemos a la España
más negra. ¿La indefensión del Estado hacia
la ciudadanía incluye también a los jueces?
R: No creo que es tan sencillo, ni creo que es un problema de miedo.
Los Jueces de la Audiencia Nacional están amenazados y están
cumpliendo su función y cumpliéndola bien, pese a
esos incidentes de los que hablamos En la vida hubiera pensado que
yo, que he defendido siempre al juez natural, al final me alegre
de que esos delitos se enjuicien en la Audiencia Nacional, que es
un Tribunal especial, pero es que creo que en el País Vasco
no se dan las condiciones para poder juzgar estos delitos, con imparcialidad
y serenidad.
P: Un sector de la ciudadanía percibe
que, además de la policía, jueces y fiscales se cruzan
de brazos antes hechos como las agresiones verbales y no verbales
a gente pacíficamente concentrada o carteles y pancartas
amenazantes que cuelgan de nuestras ciudades hasta que se caen de
viejos. ¿Insuficiencia de instrumentos legales, falta de
voluntad o miedo?
R: Creo que no hay insuficiencia legal, falta de voluntad puede,
y, a la falta de voluntad, yo le uno el miedo. Creo que es un elemento
que influye en esa falta de voluntad, aunque nadie lo reconocerá.
Nadie va a reconocer en este país que tenemos miedo.
P: ¡Qué bueno sería
reconocer que se tiene miedo y decir que determinadas cosas no las
haces por miedo!
R: En nuestro caso, eso nos conduciría a renunciar. Lo que
creo que se le debe exigir a todo juez que tiene miedo es que haga
un análisis muy serio en la intimidad de su casa y de su
familia, para ver si realmente tiene miedo y hasta qué punto
ese miedo puede influir en las resoluciones que va a dictar y si,
seriamente hecha la reflexión, llega a la conclusión
de que así es, tiene que pedir el traslado e irse a otro
sitio. Lo que no puede hacer es seguir aquí con ese miedo.
Yo no sé si tienen miedo o no mis compañeros. Creo
que es muy razonable que lo tengan. El problema es si ese miedo
influye en la serenidad que uno tiene que tener cuando juzga un
asunto. Cuando conocimos el asesinato de Lidón, en la primera
declaración que hicieron los jueces de Bizkaia se dijo que
vamos a estar aquí, que vamos a seguir aquí y que
sepan sus asesinos que vamos a juzgar con serenidad e imparcialidad.
Efectivamente eso es lo que tenemos que decir, pero luego cada uno
de nosotros tenemos que hacer esa reflexión de si vamos a
ser capaces de hacerlo así. Como colectivo tenemos que decir
eso porque es nuestra obligación, nuestra función,
y no puede ser de otra manera, pero individualmente cada uno tendrá
que pensar cuál va a ser su actitud si mañana le llega
un asunto "complicado", y si va a ser capaz de aplicar
con total serenidad el derecho y no buscarse salidas laterales que
igual le permiten eludir el problema.
P: Parece que la maquinaria del Estado
fuera impotente para acabar con el terrorismo. ¿Qué
opina?
R: No tendría que ser, aunque en algunos momentos da la sensación
de que se encuentra como sin medios. Yo no sé si es que se
encuentra sin medios, yo lo que sé es lo que pasa. Lo que
pasa es que efectivamente la maquinaria del Estado en este momento
no parece poder acabar con el terrorismo y ya llevamos un tiempo
además. Esto para mí es una tremenda contradicción:
si el Estado no puede acabar con el terrorismo, ¿para qué
queremos el Estado? La primera obligación del Estado es proteger
a sus ciudadanos. El pacto inicial del ciudadano con el Estado es
decirle: "Mire usted, mi seguridad ya no me la voy a proporcionar
yo, ya no me voy a tomar la venganza por mi mano, yo le hago a usted
depositario de mi seguridad. Y usted, a partir de ahora, es el único
legitimado para protegerme a mí y para adoptar las medidas
que considere usted necesarias para mi protección y la del
resto de mis semejantes ". El Estado tiene que darnos una respuesta,
porque si no lo hace volveremos a la fase prehistórica del
Derecho, al sálvese quien pueda, a la selva.
P: A veces se tiene la impresión
de que los terroristas son "especie protegida" en el Estado
de Derecho.
R: Les tenemos demasiado respeto, no queremos incurrir en un "deficit"
de garantías. Se me dirá que nunca hay suficiente
celo para la protección de las garantías de los ciudadanos.
Y es verdad, pero el mismo celo que tenemos que tener para proteger
las garantías de los terroristas, tenemos que tenerlo, o
incluso más, para proteger el derecho de las víctimas
y de los ciudadanos amenazados. Habrá que combinar uno y
otro y ver cómo lo hacemos porque, si para proteger con un
detalle exquisito las garantías de los terroristas, tenemos
que desproteger garantías y derechos de las víctimas,
prestaríamos un flaco servicio a la Justicia, al Estado de
Derecho y al sentido común, que quizá es lo más
importante muchas veces.
P: ¿No le parece deseable, imprescindible,
la adopción de medidas legales duras, extremadamente duras
si fuere preciso, contundentes para parar en seco este matadero?
R: No sé si es el momento, no sé si es hoy el momento,
pero si esto continúa, si sigue la situación como
hasta ahora, si siguen los muertos "aquí te cojo aquí
te mato", si sigue la situación de indefensión
en la que se encuentran los ciudadanos y las medidas que hoy tenemos
se muestran ineficaces para solucionar el problema, pues habrá
que pensar en otras, que quizá tengan que ser extraordinarias.
Eso el Parlamento tendrá que decidirlo. Yo no las descartaría.
En algún momento habrá que parar el partido, como
dice Guevara, para que puedan jugar los dos equipos. No sé
si es ahora pero efectivamente puede que haya que hacerlo. No vamos
a compararnos con los americanos que, en un determinado momento,
han tirado por el camino de la excepción total, pero sin
llegar hasta ese extremo, igual llega un momento en el que hay que
decir hasta aquí al terrorismo de ETA, cómo la comunidad
internacional ha dicho hasta aquí al terrorismo islámico
y han dictado normas excepcionales que se habrán discutido
en sus respectivos parlamentos con los consensos de rigor y, que
aunque haya habido disidentes, se van a aplicar. El monopolio de
la violencia y de la legalidad la tiene el Estado, el Parlamento.
Aquí es al revés, el que tiene el monopolio de la
violencia es ETA.
P: ¿Cree que hay delincuentes no
susceptibles de rehabilitación?
R: Creo que sí. Es terrible. Pero en ese caso que cumplan
sus penas. Una vez que las hayan cumplido, se convertirán
de nuevo en ciudadanos libres. Y si vuelven a delinquir, habrá
que volverles a detener y volverles a condenar. Los beneficios penitenciarios
se deben condicionar a la rehabilitación del delincuente
y para este tipo de delitos las penas han de ser altas, porque si
la pena es alta, quizá no salgan rehabilitados pero sí
sin ganas de volver a delinquir.
P: ¿La rehabilitación funciona
de manera estándar, según los años que uno
esté la cárcel? ¿No se calibra el comportamiento?
R: No. Hay equipos en las prisiones que califican y valoran el comportamiento
de los penados. Los distintos pasos por los grados penitenciarios
van en función de comportamiento y valoraciones que realizan
equipos de psicólogos y de funcionarios de los establecimientos
penitenciarios. De hecho cuando se han dado, por ejemplo, determinados
traslados de los presos a cárceles más cercanas, se
han dado en función de arrepentimiento o rehabilitación.
Hemos tenido algunos casos de presos de ETA que se han rehabilitado
y a los que se les han concedido beneficios penitenciarios que el
Estado ha sido generoso. Pero hay otros que no son susceptibles
de rehabilitación. Yo antes pensaba que el hombre era bueno
y que quien lo hacía malo era la sociedad en la que vivía
y ahora, a lo largo del tiempo y con la experiencia, yo ya no sé
si realmente por naturaleza todos somos buenos. Quizá por
naturaleza hay gente que es mala y que es igual lo que hagas con
ella, que puede tener todas las oportunidades y seguirá siendo
malvada y que no la vas a cambiar. De todos modos, la finalidad
primordial de la pena es rehabilitar al delincuente y a ello hay
que dedicar todos los esfuerzos.
P: ¿Hay carencias en el ámbito
legal para desmontar, sin ir más lejos, la trama económica
del entorno terrorista?
R: Aquí sí que tenemos carencias. Es una orientación
nueva, ese camino no ha estado presente en la legislación
hasta hace muy poco. En concreto, en este tema, el primero que ha
intentado buscar una fórmula es Garzón, que se ha
dado cuenta de la importancia que tiene el entramado económico
para el sostenimiento de ETA y es el que ha iniciado esa vía,
que creo que tiene muchísimas dificultades porque la legislación
es muy deficiente. Tendrá que estudiar mucho el tema, relacionarlo
muy bien con la norma y lograr pruebas suficientes como para poder
deducir de una manera razonable que esas organizaciones concretas
tienen esos vínculos con el terrorismo.
P: Siendo tan evidente para cualquiera
que algo de eso tiene que haber, es incomprensible que no se pueda
demostrar...
R: La delincuencia económica es muy difícil de demostrar.
El entorno de ETA nos preocupa más a nosotros porque es el
que le da de comer, pero también es muy difícil desmontar
la estructura económica en otros entornos, por ejemplo en
el del tráfico de drogas, en la evasión de impuestos,
blanqueo de dinero... En este sistema económico, las empresas
se transforman, cambian, desaparecen. Todo el sistema económico
está estructurado para facilitar los flujos económicos,
los trasvases de dinero, la irresponsabilidad del capital Lo que
no cabe duda es que, estando en contra del sistema, los terroristas
lo conocen hasta el último resquicio y se sirven de él.
Tienen un conocimiento del sistema tanto legal como económico
que les sirve para aprovecharlo a tope. Tienen cabezas pensantes
que saben lo que hacen en ese campo.
P: ¿Confía en la eficacia
de los acuerdos y medidas que vaya a adoptar la comunidad internacional
en materia antiterrorista después del 11 de septiembre?
R: El apoyo internacional y la unanimidad de la comunidad internacional
en la lucha contra el terrorismo pueden ayudar al Estado español
en la lucha concreta contra ETA. Se están haciendo más
conscientes de que aquí hace tiempo que estamos soportando
una violencia terrorista y que los terroristas son iguales, los
de las Torres Gemelas y los de aquí, y que su capacidad de
hacer daño es enorme. La Comunidad Europea ha tomado medidas
como las del espacio judicial europeo, la orden de búsqueda
y captura... Antes pedías una extradición a Bélgica
y te decían que no. Que la comunidad internacional, gracias
a la cooperación, adopte posiciones teóricas y prácticas
en contra de cualquier tipo de terrorismo que se dé en el
ámbito internacional me parece que siempre va a ayudar.
P: ¿Qué le parece que España
no vaya a extraditar a los terroristas de Bin Laden a los Estados
Unidos?
R: A mí me parece bien porque aquí se les puede juzgar
y aplicar la ley con tanta o más garantía que la que
van a tener en Estados Unidos. Además, hay una razón
de peso, que es el tema de la pena de muerte. Si no se puede garantizar
que en un determinado Estado, por aberrante que sea el delito cometido,
no se vaya a imponer la pena de muerte y los acusados no vayan a
tener garantizada su defensa, no se les puede extraditar. El límite
está en la pena de muerte y en unas garantías de juicio
y de defensa. Hay argumentos legales que así lo contemplan
(la extradición no se concede a países en los que
esté vigente la pena de muerte). Yo defiendo esa norma.
P: ¿Cómo puede colaborar
la ciudadanía rasa con los poderes públicos y, en
concreto, con la Justicia en pro de una mayor eficacia antiterrorista?
R: La manera que tienen los ciudadanos de colaborar con los poderes
públicos y con la Justicia es empezar a levantar la voz,
empezar a salir a la calle y denunciar. No podemos permanecer impasibles,
ni ciegos, ante lo que está pasando.
P: Sin embargo, no parece que los ciudadanos
en general sean conscientes de la situación...
R: Porque todo parece que funciona normalmente y a nadie le interesa
arriesgarse mientras no le toque personalmente. Yo no veo a nuestra
clase política tomando decisiones que evidencien la situación
en la que vivimos. No les veo diciendo a la ciudadanía: "Tiene
usted que esperar 10 minutos más en la parada porque hay
menos autobuses porque los queman o tiene que esperar más
tiempo a que se resuelva su pleito porque hay menos jueces porque
los matan o no se pueden celebrar elecciones municipales porque
no hay candidatos que garanticen el pluralismo, y sólo se
presentan unos". Apoyar un sistema que hace aguas por todos
los lados es mantener una apariencia de funcionamiento y de normalidad
que no es verdad. Estamos manteniendo una ficción, una mentira.
El ciudadano tiene que percatarse de eso.
KATUARRAINAK
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