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TODO POR LA PATRIA

De manera irregular, tramposa y faltando a la palabra dada, el PNV ha logrado sacar adelante su plan de "convivencia amable" con España. Que lo haya hecho gracias a los votos de una formación ilegal y haya olvidado las promesas de Ibarretxe y de Imaz de que jamás aceptarán los votos de Batasuna o de que sólo saldrá adelante en "ausencia de violencia", no parece tener la menor importancia. La gran familia nacionalista camina unida, cumpliéndose las exhortaciones de Eguibar en pos de la unión abertzale, y todo queda justificado si es por la añorada patria.
La gran mayoría de los sesudos analistas políticos han quedado descalabrados, pues el apoyo de Otegui y los suyos no entraba en sus cálculos. Así, se dice que la aprobación del plan ha sido "contra pronóstico" y otras expresiones semejantes. Nuevamente, los de ¡Basta Ya!, acusados de crispadores y radicales, teníamos razones para la desconfianza que el "buen talante" imperante por doquier no ha querido oír. Mientras lo que ¡Basta Ya! dice ni gusta ni está de moda, la gran marcha nacionalista sigue impertérrita en pos de su paraíso soñado.
Conviene recordarlo nuevamente y en voz alta: la propuesta de Ibarretxe no es una broma o un disparatado exceso que no tenga la menor posibilidad de prosperar. Mientras más gente crea en este sinsorgo argumento afianzado en el buenismo, el alegre desconocimiento del plan y el estado de bienestar imperante, los nacionalistas tienen más posibilidades de lograr sus objetivos.
Si bien es cierto que las Cortes españolas no darán el visto bueno a este plan aprobado en el Parlamento vasco, no es menos cierto que Ibarretxe se las ingeniará para tratar de efectuar su añorada consulta. No podemos ignorar el papel que juegan Batasuna y ETA en todo ello. Desde los tres votos prestados el 30 de Diciembre, la insólita lectura en sede parlamentaria de la carta de un dirigente etarra como Josu Ternera, la alteración de los planes del PNV al ver aprobado su plan antes de lo previsto, hasta la posibilidad de un nuevo golpe de efecto vía tregua o atentado terrorista.
El proceso abierto tiene un recorrido abonado a la confusión, terreno propicio para la ambigüedad y el victimismo nacionalista. Aunque el PNV no puede acudir a las elecciones autonómicas con la bandera de un plan que ya tiene aprobado antes de tiempo, puede cosechar un nuevo triunfo electoral a nada que sepa capitalizar el argumento "pacificador" ante una mayoría del electorado que siempre ha sentido el hálito de la muerte en el cogote ajeno.
La posición de los partidos constitucionalistas, justamente los relegados por el plan de Ibarretxe cuando han sido quienes han sufrido casi en exclusiva la violencia asesina, pasa por hacer causa común en contra de este delirio secesionista, recordando que la paz no tiene precio político y demanda fundamentalmente reconocimiento y justicia para las víctimas.
La alternativa socialista del plan López ha quedado en agua de borrajas, no se le ha hecho el menor caso ni tiene la menor posibilidad de significar nada en las circunstancias actuales. Todo ha quedado anegado por esta nueva subida de marea nacionalista. Difícil tarea para el PP y PSOE si persisten en sus actitudes encontradas y en esa guerra intestina que no tiene precedentes en la democracia española. La situación no es baladí y conviene estar a la altura de las circunstancias. Si el ánimo partidista se impone sobre el sentido común, Ibarretxe saldrá ganando.
La solidaridad nacionalista para con los vejados y humillados en esta tierra ha sido escasa, la aprobación de su plan lo atestigua con creces, pero lo insólito es que sean capaces de brindar con Moët Chandon para celebrarlo, justo en los momentos más difíciles para el cava catalán, minorizado por el boicot españolista. Es que no tienen ni memoria ni remedio.