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LA
FARSA DE LA TREGUA CATALANA
La
tregua declarada por ETA en 1998-99 fue atinadamente calificada
por Jaime Mayor Oreja de "tregua-trampa". No fue una declaración
bien acogida, porque quien más y quien menos quería
creer que aquella tregua tramposa podía servir como pórtico
de entrada a una arcadia vasca sin terrorismo, aunque fuera una
Arkadia diseñada a la medida de los nacionalistas. Pero la
realidad siempre acaba imponiéndose, de modo que pronto pudo
verse que, efectivamente, la tregua famosa era una trampa enmascarada
en la que muchos se dejaron enredar alegremente y de cuyas peligrosas
consecuencias no hemos conseguido librarnos todavía: sin
ir más lejos, el Plan Ibarretxe ha nacido en ese jardín
envenenado.
Ahora bien, hay gente que parece incapaz de extraer consecuencias
de la experiencia, o que prefieren no hacerlo y optan por refugiarse
en un mundo particular de irrealidad y cinismo. Ese parece ser el
caso de la tregua para Cataluña pactada con ETA por ERC.
Un comunicado emitido por los terroristas el 18 de febrero hacía
público parte del acuerdo cerrado con el partido nacionalista
catalán supuestamente republicano y de izquierda. Aunque
no se detallaban los términos concretos del pacto, el comunicado
expresaba claramente la decisión de suspender los atentados
en Cataluña hasta nueva orden, con la nota surrealista de
hacerla retroactiva al mes de enero, como en la revisión
de las pensiones o en algunos convenios colectivos. Además,
se anuncia la voluntad etarra de no inmiscuirse en el proceso político
catalán, con el que ETA muestra su entusiasta solidaridad.
Pero como es habitual en los delirantes documentos de la banda,
lo cierto es que ese comunicado es la mayor injerencia de que ahora
mismo es capaz. Algo subrayado apresuradamente por el coro de fariseos
que, en nombre de la pureza democrática, pedían que
pacto, tregua y comunicado se barrieran bajo la alfombra para no
"condicionar" el proceso electoral en curso y "no
beneficiar así al PP". En fin, que los políticos
y electores no deben pensar en el terrorismo, sino limitarse a ignorarlo
si eso resulta más conveniente. Asombroso.
¿Qué proceso político apoya ETA en Cataluña?
Sin duda, uno muy parecido al perseguido por el pacto de 1998 entre
ETA, PNV y EA. Carod Rovira habrá dado seguridades de que
Cataluña está inmersa en un proceso soberanista imparable
donde el gobierno tripartito con el PSC de Maragall es únicamente
un primer paso, proceso conducente a la independencia catalana a
través del ejercicio paulatino de la autodeterminación,
entendida como rupturas parciales, ambiguas y acumulativas del ordenamiento
constitucional. Sin duda, ese proceso también podría
satisfacer las aspiraciones de la propia ETA y del nacionalismo
vasco en general, sin olvidar al ínclito Madrazo, que esta
vez ha superado su propia marca de ignominia al sugerir que la tregua
catalana sería fruto de un acuerdo entre ETA y el Gobierno
español para perjudicar a la izquierda.
Naturalmente, Carod Rovira ha negado cualquier acuerdo con ETA,
pero esa inverosímil protesta ha sido desmentida por ETA
-PNV y EA ya han sufrido los ataques de sinceridad de la banda-
y por el propio Carod cuando ha manifestado su desacuerdo con la
tregua parcial y reclamado una para toda España. La verdad
es que muchas de las reacciones y comentarios de todo esto han conformado
una intrincada farsa muy bien resumida por la reacción de
un Pascual Maragall que se limitaba a declarar la olímpica
independencia de su gobierno, y sobre todo de su propia presidencia
de la Generalitat, de cualquier cosa que ocurra en el resto del
mundo. Tantos años dando lecciones sobre como arreglar lo
de ETA para acabar con que los arreglos de sus socios no van con
él.
En contraste con el dramatismo trágico de la tregua de 1998,
la versión catalana de ahora llega envuelta en los disfraces
de la farsa. Carod Rovira y tantos otros dispuestos a lo que sea
para ocupar las páginas de los libros de historia del futuro,
pero sobre todo las poltronas del presente, actúan en una
opereta que sería de risa o bostezo si no pusiera en juego
la vida y libertad de tanta gente. Porque ERC y quienes les apoyan
se han limitado a darle oxígeno a una banda terrorista sumida
en el desconcierto y la impotencia, pero acostumbrada a explotar
con habilidad las concesiones y patochadas de sus interlocutores.
Para eludir una derrota inminente, ETA necesitaba con urgencia que
alguien jugara el papel de la Batasuna en vías de extinción,
y ERC se ha prestado al juego. El tono perdonavidas de unos terroristas
que no dan una y pierden apoyos en su propia casa, su entusiasmo
con el proceso catalán y la asombrosa aunque no inesperada
facilidad con la que han irrumpido en tierras catalanas, demuestra
tanto la gran debilidad de una banda necesitada de refuerzos extravascos
como la deriva alucinada y peligrosa de las cosas en el llamado
oasis catalán |