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BARULLO
CONSTITUCIONALISTA
Los resultados de las elecciones municipales no son nada malos,
y en algunas localidades -Andoain, Leiza, Urnieta, Zumárraga-
se han conseguido progresos muy esperanzadores que indican el camino
a seguir. Pero es cierto que el constitucionalismo ha salido tocado
de un ala del proceso electoral y, sobre todo, del poselectoral.
Es sencillo definir el constitucionalismo: es la corriente convencida
de que la defensa de la Constitución y del Estatuto es la
prioridad principal de la política vasca (y navarra),y
de que esta defensa es imprescindible no sólo para derrotar
al terrorismo, sino también para defender la pluralidad social
y las libertades que
amenaza el nacionalismo etnicista. A partir de ahí, se puede
ser constitucionalista liberal, conservador, socialdemócrata,
ácrata o lo que se quiera. Todo el mundo sabe que los partidos
constitucionalistas son (por orden de votos recibidos en las últimas
elecciones) PSE-EE, PP, UPN y UA.
Es inútil y dañino ignorar que, rechazo del Plan Ibarretxe
al margen, PP y PSE son partidos enfrentados prácticamente
en todo. A pesar de ello, algunos líderes de ambos partidos
han intentado en todas las citas electorales cerrar acuerdos de
unidad de acción para reforzar el constitucionalismo y conseguir
la alternativa política en la CAV. O ganar las principales
ciudades y las diputaciones. También es cierto que el reparto
de estos líderes de fuertes convicciones constitucionalistas
no es igual en ambos partidos. Mientras que en el PP no hay duda
respecto a Jaime Mayor Oreja o María San Gil, las hay sobre
las convicciones constitucionalistas de Patxi López -que
sustituyó a un Nicolás Redondo demasiado constitucionalista-
y ninguna respecto a Odón Elorza, que sencillamente preferiría
compartirlo todo con el nacionalismo gobernante -salvo el sillón
de alcalde, naturalmente.
La consecuencia es que muchos de los problemas del constitucionalismo
vasco -estancamiento en Vizcaya, práctica ruptura en Álava-
derivan de los conflictos internos e indecisiones de los socialistas
vascos. No es que el constitucionalismo coincida con aquello que
diga o haga el PP, sino que es la errática trayectoria
socialista la que cede al PP el liderazgo político del constitucionalismo.
Lo natural sería que ambos partidos contribuyesen a dar tono
y contenido al
constitucionalismo, compartiendo lo esencial y discrepando en
lo demás. Pero como no es así, ya no cabe hablar de
un "bloque constitucional".
En Álava, Javier Rojo tienta la ruptura con el PP, partido
más votado le guste o no, obligando a intervenir a Zapatero
para dejar clara la oposición socialista al Plan Ibarretxe
-aunque cuando escribimos estas líneas sigue la incertidumbre
sobre el sentido del voto socialista. Lo malo de las justificaciones
de
Rojo no es que sean incomprensibles, sino que se comprenden demasiado
bien: no tiene otro argumento que el presunto "derecho"
de los socialistas a ocupar en solitario instituciones que los votantes
no les han confiado. Hubiera sido distinto si el PSE hubiera pactado
con el PP un posible reparto de las instituciones, pero Patxi López
rechazó con suficiencia todas las ofertas de Jaime Mayor
Oreja,
reservándose el derecho a pactar con cualquiera, lo que significa
hacerlo con Ibarretxe y Madrazo. Todo un plan.
En el seno del PSE-EE, algunas de las intervenciones más
agresivas y contrarias al constitucionalismo proceden, vaya por
Dios, de ex-alcaldes vizcaínos que
han cosechado pésimos resultados: Javier Cruz, Josu Montalbán
y José Antonio Pastor, entre otros. La única alcaldía
vizcaína que el PSE conserva desde 1979 sigue siendo la de
Ermua. Pero la opinión de Carlos Totorika es despachada como
la de un "perdedor" (por el congreso de la sucesión
a Nicolás Redondo) sin apoyo social. Para redondear el disparate
sólo faltan unas lecciones prácticas de diálogo
y tolerancia a cargo del inmarcesible Odón Elorza, que definió
a los votantes y partidarios de María San Gil como "gente
de extrema derecha".
Es evidente que en los próximos meses todos nosotros vamos
a tener que reflexionar sobre el futuro del constitucionalismo.
Y en esta reflexión es fundamental la contribución
socialista -por ejemplo, la de Rosa Díez,
Carlos Totorika o Maite Pagaurtundúa-, porque necesitamos
dos alas
para volar. Por eso mismo no sirve de nada ignorar que una de las
alas
está más tocada que la otra y debe ponerse en tratamiento
con urgencia. Sobre todo, porque la reflexión discurrirá
en plena ofensiva nacionalista. Lo de Atutxa y su defensa numantina
de SA no es otra cosa que otro avance de la misma.
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