 |
|
EL
PLEBISCITO MUNICIPAL DE IBARRETXE
Convertir las instituciones en lo que no son ni pueden ser es una
de las artimañas favoritas del nacionalismo vasco. Cuando
conviene, los ayuntamientos se convierten en miniparlamentos, y
el parlamento en herriko-taberna. Algunas elecciones no deciden
nada, mientras la decisión política se remite a la
ontología: ser para decidir. La oposición no debe
ser tenida en cuenta, porque el propio gobierno elige cuándo
y cómo se hace oposición a sí mismo. Como el
dios romano Jano, el de la doble faz, el lehendakari muestra dos
caras: una lidera la milenaria marcha del pueblo vasco hacia su
destino histórico de ser por fin lo que quiera ser, y otra
denuncia que ese liderazgo está fundamentado en instituciones
sin fundamento que se deben liquidar.
Si unimos esta manía con el llamado municipalismo, que no
es otra cosa que considerar al ayuntamiento el órgano político
vasco por antonomasia, idea antiigualitaria que se remonta a Sabino
Arana, conseguimos la esencia de la actualidad política vasca.
Porque el nacionalismo quiere convertir las elecciones municipales
en lo que no son: un plebiscito sobre el futuro del Plan Ibarretxe.
Si los votos nacionalistas sumados superan los conseguidos el 13
de Mayo (ETA-Batasuna incluida, claro está), Ibarretxe se
considerará legitimado para adelantar las elecciones autonómicas
con el Plan de ruptura con España como oferta estelar. Así
pues, en estas elecciones municipales y forales hay en juego mucho
más que dilucidar la identidad del alcalde o del concejal
de tráfico. Lo que está en juego es si se impondrá
el Plan Ibarretxe -esto es, un país tribal, empobrecido y
dividido-, o la democracia constitucional.
Es lamentable que algunos no quieran entenderlo así, optando
por el vicio nacional de mirar hacia otro lado y hablar de cocineros
y mariposas cuando estamos al borde del abismo. Odón Elorza
-¿quién, si no?- ya ha dicho que, para él,
el enemigo es el PP, nunca el nacionalismo, con quien sigue abierto
a cualquier clase de negocio. Conecta con la estrategia de Maragall,
y quizás, cosa más inquietante, con la de la dirección
del PSOE, que debería aclarar esta ambigüedad, intolerable
porque en la práctica supone convertirnos en rehenes de mercadeos
de partido a los cientos de miles de ciudadanos vascos en peligro
de convertirnos en ciudadanos de segunda, o algo peor.
Pero las cosas están mucho más claras en el plano
internacional. Ibarretxe, que mantiene las ayudas al régimen
sanguinario de Fidel Castro, no va a encontrar ninguna simpatía
presentable ajena a su propia casa. La importante declaración
acerca de las elecciones municipales vascas aprobada por el Comité
de Regiones del Parlamento Europeo no sólo es un claro apoyo
a los cargos constitucionalistas acosados y un serio revés
para el PNV -que cosechó en Bruselas un ridículo histórico-,
sino también un apoyo indirecto a la tesis de Basta Ya: que
el clima en que se celebran las elecciones es claramente antidemocrático
y falto de legitimidad (y por cierto, es curioso que ciertos líderes
socialistas que se negaron a acudir a nuestro debate con el extraño
argumento de que "deprimía a los candidatos" aplaudieran
en Bruselas la oportuna iniciativa de Juan Carlos Ibarra, no muy
distinta de la nuestra ...)
Otra excelente noticia es la derrota del nacionalismo quebequés,
que ha dejado la mayoría absoluta del Parlamento de Quebec
en manos del Partido Liberal. Éste ha centrado su campaña
en la defensa de la "casa común" de los canadienses,
hartos sin duda de los amagos independentistas y su amenaza de quiebra
social. Para los aficionados a los modelos internacionales es todo
un ejemplo: no se ganan las elecciones al nacionalismo regalándole
concesiones insensatas y desleales, sino defendiendo con claridad
y sin complejos un proyecto de casa común constitucional.
|