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LA
CRISIS QUE SE AVECINA
Nada define mejor la situación
vasca que comparar la reacción del nacionalismo gobernante
ante dos hechos tan diferentes como el asesinato por ETA de nuestro
compañero Joseba Pagazaurtundua el 7 de febrero, y el cierre
cautelar del diario Egunkaria, decidido por el juez Del Olmo el
19 del mismo mes. El primero es un crimen indiscutible e irreversible;
el segundo, una decisión judicial opinable y recurrible.
Ante el asesinato, el nacionalismo en su conjunto reaccionó
primero con las habituales y vacuas expresiones de condolencia.
Y cuando la familia prohibió a los firmantes del pacto de
Lizarra y a sus sucesores acercarse al tanatorio -tras haberles
despedido del hospital-, Arzalluz, Juan María Juaristi y
Emilio Olabarria pasaron a injuriar al asesinado y sus allegados
afirmando que Basta Ya es "el reverso de ETA" o "un
Oldartzen constitucionalista", siniestras y torvas infamias
que se comentan solas. Puede decirse que Joseba Pagazaurtundua,
abandonado a su suerte por quienes debían garantizar su seguridad,
ha sido primero asesinado por ETA y luego rematado simbólicamente
por los portavoces del PNV responsables de sugerir que, por pertenecer
a un grupo semejante al de sus asesinos, cabe explicar el crimen
como un episodio de lucha entre bandas rivales.
El diario Egunkaria ha sido cerrado cautelarmente bajo la acusacíón
de que pertenece a ETA, que blanquearía dinero a través
de la empresa editora, designaría a la dirección y
decidiría la línea editorial en los temas que le importan.
Por supuesto, el juez Del Olmo (especialista en tramas financieras
ilegales) deberá probar estas acusaciones, que por cierto
coinciden con las de Atutxa en 1992. Por aquel entonces, algunos
constitucionalistas del PSE y de UPN pensaban que ayudando a Egunkaria
y AEK se podría alejarlas de HB y atraerlas a la defensa
de la autonomía. Fue un error, una ingenuidad que ya no podemos
permitirnos, porque nos va la vida en ello.
Es evidente que para el gobierno vasco el cierre cautelar de un
periódico es un hecho mucho más grave que el asesinato
terrorista de un ciudadano. No es otro el significado de su reacción
ante ambos hechos. Pues si Del Olmo no consigue probar las acusaciones,
Egunkaria volverá a salir de la calle: así de sencillo.
Además, la redacción puede editar otro periódico
sustitutivo, y así lo ha hecho con Egunero, subvencionado
de inmediato por Ajuria-enea. ¿Quién puede en cambio
devolvernos a Joseba, y paliar el dolor por su pérdida? Sin
embargo, la reacción nacionalista ha consistido en denunciar
airadamente el cierre de Egunkaria como un ataque contra la cultura
vasca y un acto propio de un "estado de excepción"
(sic). Se trata de ir creando un clima de opinión según
la cual Euskadi vive bajo un régimen de ocupación
extranjera y antidemocrático.
En la manifestación de protesta por el cierre de Egunkaria,
el así llamado Consejero de Justicia, Joseba Azkarraga, ha
declarado que lo que están en peligro en el País Vasco
son las libertades, pero que quien las pone en peligro... ¡es
el Estado español! Esta declaración se une a la larga
lista de impugnaciones y ataques contra las leyes y las instituciones,
jueces incluidos, que se toman en serio la defensa de la libertad,
en el apoyo de la impunidad culminado con la exigencia de suprimir
la Audiencia Nacional, quizás para facilitar indecentes absoluciones
como la que un jurado amedrentado dio al asesino Mikel Otegi en
1998. No hay duda de que en Basta Ya acertamos cuando decidimos
concentrarnos ante Ajuria-enea para denunciar la responsabilidad
del Gobierno vasco en el progresivo deterioro de la seguridad, la
libertad y la convivencia.
Es obvio que Ajuria-enea considera mucho más grave cualquier
investigación judicial de las tramas sociales, financieras
y propagandísticas del terrorismo nacionalista que los crímenes
y asesinatos que haya cometido. Y que el nacionalismo ha decidido
beneficiar exclusivamente los proyectos abertzales, incluso bajo
sospecha de complicidad con ETA, y aunque hacerlo conlleve enfrentarse
a la Justicia y situarse abiertamente contra la legalidad constitucional.
De seguir en esta línea, más tarde que temprano sucederá
que no serán ya un portavoz o dos o un periódico u
otro, sino el propio Gobierno vasco y los partidos nacionalistas
quienes quedarán fuera de la ley, abriendo una crisis sin
precedentes y de consecuencias incalculables, porque forzará
a intervenir al Estado para restituir la Constitución en
este territorio. Esta es la gran crisis que se avecina de seguir
las cosas como van, y no hay ningún indicio de que vayan
a ir de otra manera.
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