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¿ESTA
MAS CERCA EL FIN DE ETA?
¿Cuánto tiempo más puede
durar ETA? Sin duda esta es la pregunta obsesiva que nos hacemos en
Basta Ya y los movimientos cívicos y pacifistas. Aunque no
tiene mucho sentido especular sobre si le quedan dos años o
dos lustros, ciertos datos positivos permiten aventurar que la banda
ha entrado en tiempo de descuento y tiene sus días contados.
Es el caso de la creciente celeridad con la que caen sus comandos
y del aumento de la presión sobre su trama político-mafiosa,
que puede concretarse en la próxima ilegalización de
Batasuna. Otros indicios sugieren crecientes dificultades de reclutamiento
de nuevos asesinos eficaces. Y es importante, porque durante los últimos
veinticinco años ETA se ha nutrido y reproducido esencialmente
de su propia eficacia homicida, de la impunidad y apoyo de que han
gozado sus aparatos políticos y sociales, y de la explotación
oportunista de su existencia por parte del nacionalismo moderado,
que aprovechaba los crímenes de ETA para arrancar nuevas concesiones
con el pretexto de paz a cambio de más poder para el nacionalismo
(tarea en la que sigue Elkarri).
El año 2002 promete ser un pésimo año para los
comandos de ETA. Los datos son elocuentes: las Fuerzas de Seguridad
del Estado detuvieron el pasado año a 164 personas relacionadas
con la banda terrorista; 135 detenciones se llevaron a cabo en España
y 29 en Francia. Al comienzo de este año, Juan Ramón
Rodríguez Fernández, "Marc", del Comando Barcelona,
fue detenido en Amsterdam. En estos tres meses han sido detenidas
68 personas e incautados 1.250 kilos de explosivos; cinco comandos
han sido desarticulados. Y lejos de disminuir, esta presión
tiende a aumentar y obtendrá más y más resultados:
¿cuántos meses así podrá resistir una
ETA que debe tirar de asesinos recién excarcelados y a cachorros
de Segi, como los de los últimos comandos?
En lo político, la novedad es doble: la previsible ilegalización
de Batasuna por formar parte de la estructura etarra, y también
las acusaciones de liquidacionismo lanzadas contra los pequeños
partidos que han dejado Batasuna: Aralar, AB, Zutik y Batzarre. ETA
les amenaza en el comunicado que publicamos, y como no suele hacerlo
en vano, puede que ataquen a personalidades de esos grupos. La historia
de los totalitarios y terroristas enseña que las diferencias
internas siempre se solventan -es un decir- a sangre y fuego, y ETA
no es la excepción: lo ha hecho antes. Desde luego, sería
deseable que la evolución de los abertzales escindidos formara
un partido independentista todo lo radical que quieran, pero pacífico.
Otra cosa es que el campo nacionalista, superpoblado, haga sitio para
otra sigla. Pero sin duda la ilegalización de Batasuna abre
ese espacio, explicando el sentido de las amenazas mafiosas de ETA,
que teme perder parte de su negocio.
La renovación generacional va a menos. Las movilizaciones convocadas
contra la ilegalización de Segi fracasaron en toda regla. Así,
en el campus de la UPV de San Sebastián, que cuenta con 16.000
alumnos, hubo una asamblea de campus que reunió
a 23
asistentes. Aunque no cabe dar por agotada la cantera, comienza a
dar señales de flojera. La teoría de que hay varios
miles de jóvenes dispuestos a coger la pistola en nombre de
ETA no parece tener otro fundamento que el de asustar a la sociedad
para que apoye la negociación a la elkarriana.
Lo que falla en este panorama es la baja movilización social,
la actitud agresiva e hipócrita de los nacionalistas -véase
el último Aberri Eguna-, y la evolución errática
del PSOE tras la vergonzosa defenestración de Nicolás
Redondo, rompiendo la alternativa constitucionalista vasca. Podemos
imaginar cuán distinta sería la situación si
en lugar del gobierno de que disfrutamos tuviéramos otro decidido
a terminar con ETA -¿por cierto, a qué se ha dedicado
la Ertzaintza de Balza los últimos meses?-, en lugar de vender
autodeterminación vasca a la extrema derecha republicana de
Idaho, de la mano de Martxelo Otamendi y todo el aparato de propaganda
batasúnico (véase lo publicado por nuestros colegas
americanos de www.euskadilibre.com). Pero es en este punto donde tiene
sentido la existencia de Basta Ya. Es necesario relanzar la movilización
social, y para eso es bueno propagar la idea de que el fin de ETA
está mucho más próximo que lejano y que la movilización
lo precipitará. Y que reincidir en el error de negociar nuevas
concesiones políticas, como las propugnadas por Elkarri u Odón
Elorza, aleja ese fin y prolonga este purgatorio insoportable. |
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