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¿TENDREMOS
UN ESPACIO JUDICIAL EUROPEO?
Está resultando costoso superar las dificultades
que se oponen a la puesta en práctica del Informe Watson, aprobado
por abrumadora mayoría en el Parlamento Europeo, aunque sin
apoyo nacionalista (durante la votación, el representante del
PNV tuvo a bien ausentarse). La medida práctica más
importante de las propuestas por el Parlamento es la Orden Europea
de Detención y Extradición (la Euroorden), que debe
ser aprobada por los quince Gobiernos de la Unión y que permitiría
la rápida extradición entre los Estados de la Unión
de los acusados de cometer diversos tipos de crímenes, especialmente
de terrorismo.
Es evidente para todo el mundo que la Euroorden, además de
constituir el primer paso para la creación de un espacio judicial
europeo, necesario para el desarrollo de una auténtica ciudadanía
europea, resulta vital para acabar con ETA, a la sazón el último
grupo terrorista europeo importante. Por eso tanto los apoyos como
los obstáculos opuestos al desarrollo del Informe Watson sirven
para medir la intensidad y calidad del compromiso contra ETA y el
terrorismo en general. Y en este sentido, destacaron las reservas
de Berlusconi y su gobierno contra la Euroorden, alegando diversas
dificultades perogrullescas para su adopción y puesta en marcha.
Aunque se interpreta que la oposición de Berlusconi se fundaba
en sus verosímiles temores a ser enjuiciado en terceros países
como España a causa de ciertos negocios turbios, tampoco tienen
desperdicio las objeciones formuladas por la Liga del Norte (nacionalistas
padanos), en el sentido de que la aplicación de estas medidas
pondrían en peligro a los ciudadanos italianos y de otros países
implicados en actividades racistas y xenófobas. Precisamente,
la mayor virtud de la Euroorden consiste en que puede acabar con la
impunidad de esas conductas, en las que tanto destacan los propagandistas
de ETA y sus satélites.
La resistencia contra la creación de un espacio judicial europeo
de aquellos que temen el fin de la impunidad para los implicados en
actividades mafiosas, xenófobas y terroristas -que en realidad
forman un todo, como lo demuestra el caso de ETA-, enseña de
modo inmejorable por qué dicho espacio europeo es imprescindible:
el terrorismo es un problema internacional y requiere de una respuesta
internacional basada en el derecho democrático. Por eso el
espacio judicial europeo requiere de todo el apoyo que podamos darle.
Casos como la resistencia de Berlusconi indica lo atrasada que está
todavía en muchos países europeos la conciencia sobre
el peligro terrorista. También es sintomática la tendencia
de algunos gobiernos, apoyados por la parte más histérica
de la opinión pública, a imponer legislaciones antiterroristas
excepcionales y poco congruentes con los principios democráticos
que, precisamente, el terrorismo quiere destruir. El terrorismo no
será vencido únicamente atacando Afganistán,
y mucho menos derogando el habeas corpus para los extranjeros o imponiendo
juicios militares a los acusados de terrorismo, como proponen Bush
en Estados Unidos y Blair en Gran Bretaña. En realidad, la
experiencia vasca y española demuestran lo contrario: que la
lucha contra el terrorismo es siempre una lucha por el progreso de
la democracia, que en este camino no valen atajos, y mucho menos contra
las libertades y derechos que amenazan los terroristas. Estos habrían
ganado si la condición para vencerles fuera debilitar nuestras
libertades y las garantías jurídicas básicas. |
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