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ACTUALIDAD

 

EL PLAN
IBARRETXE
Y LA UNION
EUROPEA

CARLOS FERNÁNDEZ DE
CASADEVANTE ROMANI

Catedrático de Derecho Internacional
Público y Relaciones Internacionales

Tanto el Gobierno vasco como los partidos nacionalistas coinciden en aludir a Europa (sería más adecuado referirse a la Unión Europea) para justificar la bondad de su proyecto de secesión encubierta de España. Opto por la calificación de secesión encubierta porque considero que es la más adecuada para describir el proceso emprendido. Así, basan sus respectivas iniciativas en el proceso de libre adhesión que según ellos caracteriza la construcción europea. En su opinión, tanto el proyecto de Estatuto Político de la Comunidad de Euskadi del PNV como el proyecto de Ley de Soberanía Vasca y de Relaciones con el Estado Español de EA son posibles dentro de ese proceso de libre adhesión que, según ellos, existe en la Unión Europea. Sin embargo, como veremos, nada más alejado de la realidad.
Lo primero que hay que decir es que el proceso de construcción europea es un proceso exclusivamente de Estados. Son ellos los que lo inician en 1951 y 1957 con la creación de las Comunidades Europeas y, después, son éstas y la Unión Europea los que fijan las condiciones de la participación en ese sistema. En otros términos, no todo Estado que lo desee puede ingresar en la Unión Europea (como lo pone de manifiesto actualmente el ejemplo de Turquía). Es más, de acuerdo con el vigente Tratado de la Unión Europea, sólo los Estados que sean respetuosos de los principios de libertad, democracia, respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales y el Estado de Derecho, pueden formar parte de la Unión Europea. El proyecto de Constitución Europea también lo contempla expresamente.
En consecuencia, no existe libre adhesión (pues hay que cumplir las exigencias antes señaladas) y la adhesión en cuestión, reunidas las condiciones requeridas, está limitada a los Estados.
Esta obviedad la conocen tanto en el PNV como en EA. Por eso, ambos proyectos no rompen formalmente con España sino que pretenden articular fórmulas que les permitan aparecer dentro de España pero actuando al margen del Estado. Esto es, como entidades independientes. De lo contrario, producida la secesión -y al dejar de ser parte integrante de España- esa Comunidad de Euskadi (PNV) o esa República Vasca de Euskadi (EA) dejarían de formar parte de la Unión Europea y tendrían que iniciar un proceso de negociaciones para lograr su admisión en la misma. Habida cuenta de que para tal admisión se requiere la unanimidad de todos los Estados miembros, tanto el PNV como EA son conscientes de las enormes dificultades para lograrlo.
Desde la Comisión Europea lo han recordado a preguntas de distintos europarlamentarios. La respuesta más reciente, en abril de 2004, por el Sr. Prodi -entonces Presidente de la Comisión- a la pregunta planteada por la eurodiputada galesa del Partido de los Socialistas Europeos. La misma respuesta fue dada anteriormente a la pregunta formulada por la eurodiputada socialista Rosa Díez.
Por lo tanto, un País Vasco fuera de España quedaría excluido de la Unión Europea y tendría que negociar su ingreso.
La única posibilidad que tienen ambos proyectos de prosperar es mantenerse vinculados a España pero esta hipótesis tiene también dificultades insalvables. La principal, que tanto el proyecto del PNV como el de EA son incompatibles con el marco jurídico conformado por la Constitución de 1978 y por el Estatuto de Autonomía de Gernika. Y todo esto sin olvidar la contradicción que supone un proyecto soberanista o secesionista formalmente vestido para continuar dentro de esa España que al nacionalismo vasco tanto parece desagradarle y hacerle sufrir. ¡Qué ironía, tanto Good bye Spain para permanecer dentro (asociados o de otro modo)!
Pero el proceso emprendido tiene también otras contradicciones no menos notables. La que más me llama la atención es la incoherencia que existe entre las aspiraciones soberanistas o secesionistas y lo que los representantes del PNV y de EA suelen afirmar. Así, durante la campaña de las últimas elecciones europeas, los candidatos de ambos partidos han manifestado su opción por una Europa de los pueblos frente a la Europa de los Estados que, según ellos, defendían PSOE y PP. Sin embargo, y a pesar de las numerosas críticas que formulan a los Estados la aspiración última del PNV, de EA y de los demás partidos nacionalistas vascos es -¡qué ironía!- la estatalidad: la creación del Estado vasco. Para unos, bajo la forma de la República Vasca de Euskadi (EA y Aralar), para el PNV, se desconoce. A pesar de los muchos viajes emprendidos, al parecer, no han encontrado el modelo adecuado.
Por último, y no menos importante, el proceso emprendido desconoce la existencia de obligaciones internacionales en materia de derechos humanos y de libertades fundamentales que también vinculan a las instituciones vascas. En mi opinión, tampoco desde esta perspectiva, los proyectos existentes reúnen los requisitos exigidos. Ni los proyectos, ni el modo de actuar. En cuanto a los proyectos, el de EA excluye del derecho de voto a todos aquellos que no opten por la nacionalidad vasca. En cuanto a la realidad, el Gobierno vasco ya fue denunciado en 2001 por el Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa por su pasividad ante la violación de los derechos humanos en el País Vasco. A la vista de lo acontecido recientemente con al ocupación del Ayuntamiento de Andoain por los radicales, no parece que la citada denuncia le haya afectado mucho. Además, tampoco hay que exagerar: cumplieron lo que la ley exigía pero ordenando la intervención de una Brigada Móvil que tardó mucho en llegar. Podía haber sido peor, dado que existen Comisarías de la Ertzaintza todavía más lejanas.
En conclusión, en los términos actuales, dentro de España los proyectos de PNV y EA no son posibles y al no serlo dentro de España tampoco lo son en el seno de la Unión Europea. Y esto sin olvidar que Euskadi no cumple los estándares actuales en materia de derechos y libertades fundamentales vigentes en la Unión Europea. De todos ellos, el principal: la oposición política continúa escoltada y ninguna convocatoria electoral puede desarrollarse todavía en igualdad de condiciones entre todos los partidos políticos que concurren a ellas.