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El
futuro de Batasuna:
Del voto nulo al voto útil abertzale.
En
1999, EH obtuvo 275.799 votos en la CAV y Navarra (el 19´2
% del total). En esta ocasión habrían obtenido, vía
voto nulo (con las reservas que ello implica), 120.512 (7'8%). Aralar
y otras candidaturas menores se habrían llevado el 4'4%,
68.415 votos. ¿Y el resto? Hay que buscarlos en el crecimiento
de la coalición EA-PNV, que en 1999 obtuvo 418.477 votos
(29'1%), y ahora ha conseguido 534.143 (34'5%), esto es, 115.666
votos adicionales. Algunos han ido a Aralar, y también pueden
haber caído en IU.
El
voto nulo fue la "lista más votada" (concepto abusivo,
pero inevitable en esta situación) en 14 municipios: Aizarnazabal
(censo de votantes, 456), Ajangiz (c., 362), Altzo (c., 259), Hernani
(c. 15.506), Hernialde (c., 248), Irura (c., 851), Itsasondo (c.,
468), Leaburu (c., 324), Lizartza (c., 518), Oiartzun (c., 7.650),
Orendain (c., 137), Pasaia (c., 13.366) y Usurbil (c., 4.575); salvo
Ajangiz, todos son guipuzcoanos. Hasta las elecciones, EH o Batasuna
gobernaban en 44 municipios. Por lo tanto, habrían "perdido"
nada menos que 30. Además, los votos nulos no han superado
a los válidos en ninguna población, lo que corta de
raíz cualquier intento de impugnar la validez de las elecciones...
y demuestra que buena parte de los votantes proetarras han aprovechado
la oportunidad de desertar que se les ofrecía.
Porque lo más importante es que más de la mitad de
los votantes de EH en 1999 han desoído a ETA y preferido
votar otra opción nacionalista: voto útil. Esto es
todavía más claro cuando se observa que la conversión
de votos nulos en útiles es mayor allí donde las elecciones
eran más disputadas, como las grandes ciudades. Así,
en Bilbao, EH tenía 4 concejales con 23.740 votos, pero los
votos nulos se han quedado en 11.116; y en Vitoria EH obtuvo 3 concejales,
con 13.088 votos, logrando ahora 6.267 nulos. Lo que significa que
la mayoría de sus votantes han emigrado al voto útil,
señalando seguramente la evolución futura.
La primera conclusión obvia es que la ilegalización
de Batasuna no sólo era necesaria y jurídicamente
fundada, sino que comienza a mostrar algunas de sus bondades al
permitir a mucho voto cautivo de Batasuna aprovechar el voto secreto
para reciclarse. Que los más beneficiados sean los nacionalistas
de PNV-EA, y en segundo término de Aralar e IU, que han protestado
con bastante hipocresía contra esta medida, no disminuye
el valor que a medio plazo tiene integrar a esos votantes en un
juego electoral más normal. De manera que puede afirmarse
que la ilegalización de Batasuna, lejos de provocar una hecatombe,
ha demostrado servir como inicio muy firme de la normalización
política vasca.
La segunda conclusión es que Batasuna, AuB o cualquier otra
hijuela política de ETA no tienen futuro ni dentro ni fuera
del sistema democrático. Su futuro inmediato es la disolución
en elecciones sucesivas en otras candidaturas nacionalistas, en
candidaturas locales "independientes" o en IU. Una pésima
noticia para ETA y todo su entramado.
EA-PNV
y el Plan Ibarretxe
La
unión de PNV y EA no sólo ha demostrado ser muy útil
para los propósitos nacionalistas, sino también la
fórmula del futuro -aunque presa de sus propias limitaciones-,
donde va dibujándose un gran partido único nacionalista
en torno al PNV. Puede haber sitio para Aralar u otras siglas menores,
pero siempre como pequeños satélites, quizás
con cierta presencia en Navarra -compensando la escasa de PNV-,
y poco más.
Si los resultados de PNV-EA son indudablemente buenos desde la perspectiva
del partido, son totalmente insuficientes para la pretensión
de acumular una mayoría social en torno al Plan Ibarretxe.
Una cosa es ser el partido más votado, y otra que el programa
soberanista sea absolutamente mayoritario en términos electorales.
De hecho, el progreso del voto de PNV-EA es básicamente a
costa del retroceso ya comentado de Batasuna. Si consideramos únicamente
los votos válidos, en 1999 los nacionalistas consiguieron
en la CAV el 55´4% de los votos, y los constitucionalistas
(PP, PSE-EE, UA), el 39%. En las autonómicas de 2001, los
nacionalistas sumaron el 52'8%, y los constitucionalistas el 41%.
En las últimas, los nacionalistas consiguen el 46%, y los
constitucionalistas el 42'4%. Ciertamente, si añadimos todos
los votos nulos (a beneficio de inventario), el voto nacionalista
asciende a 54'8%. En este cálculo los votos de IU quedan
en la zona ambigua -de refugio de progres atribulados- que ellos
mismos prefieren: ni carne ni pescado.
Estos resultados dibujan una tendencia conocida: un suave descenso
del voto nacionalista y un lento aumento del constitucionalista.
En este aspecto, estas elecciones aportan más novedades locales
que globales. Entre las locales, podemos subrayar el ascenso nacionalista
en la margen izquierda -que comentaremos luego-, donde PNV-EA gana
en localidades como Portugalete, Santurtzi y Sestao. En estos pueblos
aprovechan a fondo el voto útil de Batasuna.
En Guipúzcoa, en cambio, la mejora de PNV-EA no compensa
el retroceso global nacionalista, aprovechado por el PSE-EE. En
las juntas generales de 1999, los nacionalistas tuvieron 33 junteros
con el 62'3 % de los votos, mientras que en 2003 hay 28 junteros
nacionalistas respaldados por el 52'4% de los votos. Añadir
los nulos atribuidos a Batasuna corrige al alza el resultado nacionalista,
pero no compensa el indudable avance constitucionalista, por lento
que sea.
En resumen, PNV-EA puede seguir subiendo en el futuro inmediato
gracias al desmoronamiento de Batasuna, pero tiene en frente una
oposición que no comparte sus objetivos estratégicos
(PP y PSOE) y un socio que sólo los comparte de modo oportunista
(IU-EB). Insuficiente para lanzarse a aventuras soberanistas, aunque
se sostenga y se haga lo contrario.
Populares
y Socialistas
El
balance de populares y socialistas no es tan distinto del nacionalista.
Comenzando por los socialistas, estos han obtenido buenos resultados
locales en Guipúzcoa y algo menos en Alava (donde han fracasado
en el intento de desbancar al PP como primera fuerza constitucionalista),
y sin duda malos en Vizcaya, con el retroceso en la margen izquierda
y el fracaso en Bilbao, compartido con el PP.
Los malos resultados vizcaínos pueden atribuirse a la política
interna del aparato comandado por el tandem Rodolfo Ares - Patxi
López (recuérdese el caso de Carlos Pera), que ha
enajenado votantes tradicionales sin incorporar otros nuevos. Algunos
de los primeros pueden haber ido -sobre todo en Bilbao- a IU. En
claro contraste, los buenos resultados socialistas en Guipúzcoa,
que no distinguen entre vasquistas (como Iñaki Arriola, alcalde
de Eibar, o Miguel Buen) y el resto (como Ana Urchueguía
o Maite Pagazaurtundua), se deben seguramente al trabajo pegado
a la tierra y el vecindario de estos alcaldes y concejales socialistas.
Mención especial merecen los éxitos de Zumárraga,
Andoain -donde se ha producido la famosa "rebelión democrática
en las urnas" tantas veces evocada y pocas vista- y Urnieta.
En este último pueblo, Maite Pagazaurtundua ha demostrado
que en el País Vasco también pueden producirse conversiones
a la quebequesa: electores tradicionales nacionalistas que cambien
su voto por una candidatura más sugestiva y honrada, sin
necesidad de cambiar las propias simpatías ni las convicciones
del candidato (o dicho de otra manera: un "vasquismo"
genuino, como el de los candidatos de UPN de Leiza).
Respecto a Álava, el ascenso socialista no supera al PP ni
al PNV-EA. Un buen resultado, pero muy lejos de las aspiraciones
de hegemonía que algunos socialistas como Javier Rojo siguen
tratando de fundamentar con más argumentos que votos.
El fracaso de Bilbao es el que mejor muestra los límites
de una política demasiado estática. Los cálculos
socialistas de atraer votos nacionalistas moderados se han revelado
ingenuos, y la operación del PP consistente en elaborar listas
con personalidades famosas tampoco ha dado el resultado apetecido,
quizás porque las personalidades complementan, pero no sustituyen
a la movilización social. La subida real de ambas fuerzas
-de los 78.482 de 1999 a los 88.735 de 2003- supera los 82.153 de
PNV-EA, pero el reparto en concejales (PNV-EA con 13, PP con 8 y
PSE con 5) penaliza la falta de coalición constitucionalista
mientras favorece la nacionalista y premia a IU-EB, cuyos 20.921
votos valen 3 concejales.
Los buenos resultados de María San Gil en San Sebastián
-única candidata del PP que mejora resultados- y de Alfonso
Alonso en Vitoria apuntan quizás en una dirección
diversa: la relativa "normalidad" en términos políticos
-que no de seguridad- en las ciudades mayores, donde el antagonismo
es mayor entre personalidades como la de María San Gil y
Odón Elorza, que entre sus respectivos partidos y el nacionalismo
en general. En el caso donostiarra, es obvio que el ascenso del
PP en circunstancias adversas se apoya en la notable movilización
constitucionalista de la ciudad. De todos modos, es innegable que
el PP sigue siendo para muchos vascos algo demasiado remoto, que
cuesta votar pese a coincidir al 100% en la política sobre
ETA.
Conclusiones:
¿sigue habiendo dos bloques en la política vasca?
Aunque
las elecciones también señalan que la transferencia
de votos entre nacionalistas y constitucionalistas, y viceversa,
es poco importante, y que la tendencia parece mantenerse en un lento
aumento constitucional y un lento declive nacionalista, la tendencia
nacionalista a la baja se ve compensada por la formación
de un bloque único nacionalista y la división real
de sus oponentes. Esto deja poco lugar para fuerzas marginales,
como UA o Aralar, y un resquicio sobrevalorado para IU. Pero esa
misma distribución sugiere pensar de otro modo la habitual
representación en dos bloques antitéticos, esquema
quizás sustituido en tres: un partido nacionalista mayor
que el resto pero menor que la suma de sus oponentes, con penetración
desigual (fuerte en Vizcaya y Guipúzcoa, excepto en San Sebastián,
Irún, Eibar y otras poblaciones medianas; mucho menor en
Álava; marginal en Navarra); y dos partidos grandes cuya
suma puede superar en ocasiones y localidades importantes al nacionalismo,
pero incapaz por ahora de articularse como una alternativa en función
del temor socialista a ser absorbido por el PP, y por las limitaciones
del PP a la hora de convertirse en un partido con gran arraigo social.
Salvo una derrota espectacular de ETA, o algún otro seísmo
político que modifique este panorama, a medio plazo ni el
nacionalismo tiene fuerza para convertir en hechos su retórica
desquiciada, ni parece que pueda forzarse una alternativa constitucionalista
con el PP y el PSE actuales. No se trata, parece, de un juego de
"suma cero", sino de una especie de pantano político
que obliga a los contendientes a grandes esfuerzos para conseguir
pequeños pasos.
En conclusión: los movimientos cívicos como el nuestro
tendremos que pensar a fondo cual va a ser nuestro papel en este
panorama político, quizás antes formado por un bloque
y medio que por los dos bloques diferentes que estamos acostumbrados
a reconocer. Quizás este sea el primer efecto, inesperado,
del arrinconamiento de ETA y su expulsión de las instituciones.
Que sigue siendo el principal resultado de estas elecciones.
MARTXELINO
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