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La
Euskadi de Cenarrusa
Una
reflexión sobre
Sancho III el Mayor de Navarra e Idaho
Parece
como que ciertas propuestas, conviene justificarlas; y, si son políticas,
más. Los nacionalistas vascos actúan en nombre y representación
de una nación vasca que deben, en primer término,
definir. Para ello, recurren sistemáticamente a la manipulación
de la Historia para delimitar un pueblo vasco, justificar su origen
común y unitario y también (sobre todo) para instalar
esa idea en el ideario compartido por los ciudadanos vascos. Hay
que reconocer que, a estos respectos, el éxito del PNV está
siendo total. Hoy es crecientemente corriente que cada vez más
personas en el País Vasco, incluso sin compartir ideas nacionalistas,
acepten con más o menos resignada naturalidad que los vascos,
en virtud de esos "derechos históricos" puedan,
o deban, optar por la autodeterminación.
Ciertamente, el recurso a la historia es viejo y se ha venido utilizado
desde siempre por quienes (nunca han faltado) se hayan marcado el
objetivo de hacerse con el poder. En el caso concreto de estos nacionalistas
vascos, el proceso de manipulación elegida ha abarcado una
secuencia en la que se pueden distinguir tres fases: Primero, justificar
el derecho de los vascos a una amplia autonomía e incluso
a una posible autodeterminación; segundo, delimitar los territorios
que tendrían derecho a formar esa futura autodeterminación;
en tercer lugar, al menos por ahora, aventar declaraciones públicas
sobre una inminente convocatoria de encuesta sobre la autodeterminación,...!y
a ver qué pasa!. Por cierto, concepto éste de la autodeterminación
que nunca han explicado qué contiene, cuánto cuesta,
ni qué ofrece.
Así, en los primeros años de la transición
se argumentó la idea de la unión voluntaria a Castilla
(ahora se oye hablar cada vez más de invasión o de
alianza forzada). Esta unión voluntaria conllevaba la contrapartida
del reconocimiento de las viejas leyes de los vascos, recogidas
en los Fueros. Entonces, la existencia de tales Fueros justificaba
la petición de una amplia autonomía para las provincias
vascas. La reclamación de este derecho se acompañaba,
en la formulación nacionalista, con la eventual posibilidad
-vaga, casi nebulosa- de llegar en un futuro muy lejano a la autodeterminación.
Los nacionalistas nunca han aclarado que fueros los hubo igualmente
en otros territorios españoles o europeos durante la Edad
Media, pactados como instrumento de cohesión del territorio
con la corona en momentos delicados de afirmación de la autoridad
real. Tampoco han aclarado nunca que los actuales territorios históricos
de la Comunidad Autónoma Vasca constituían entonces
demarcaciones históricas diferentes, afectadas por fueros
también diferentes. Hubo incluso territorios de la vasconia
francesa que nunca contaron con fueros.
El segundo paso, una vez instalada la idea de autonomía y
posible autodeterminación, ha sido la delimitación
de un territorio vasco. Toda nación necesita un territorio;
cuanto mayor, mejor. Los nacionalistas del PNV, desde su creación
a finales del siglo XIX, han invocado el "Zazpiak bat"
("las siete, una"). Ya entonces, no había memoria
alguna de administración común entre estos territorios.
Fueron, pues, a buscar este dato a la Edad Media. Este popular período
histórico, cuya definición es discutido por la historiografía
moderna, presenta la incuestionable ventaja de su parquedad de datos
conocidos, escasos y fragmentarios, lo que, con algún bricolage,
facilita extrapolaciones y luego deducciones en el sentido que más
apetezca.
Además coincide en la Edad Media el período de mayor
intensidad en las relaciones políticas entre la Vasconia
Citerior, o Gascuña, y la Ulterior, o Navarra.
Ningún momento más oportuno que el reinado de Sancho
III el Mayor de Navarra(1005-1035), que fue, durante su reinado,
el rey cristiano más poderoso de la Península Ibérica.
Interesa a los nacionalistas que durante el mismo, Sancho tuvo como
vasallo al conde Sancho Guillermo de Gascuña, al que apoyó
contra los señores de Toulouse, obteniendo, a cambio, el
vizcondado de Labourd. Desde este punto de vista, Sancho III el
Mayor de Navarra se convertiría en rey de todos los vascos.
Claro que, como siempre, no cuentan toda la Historia; sólo
la parte que les interesa. No cuentan que la ampliación o
reducción de la autoridad de un rey sobre nuevos territorios
era fruto de las relaciones feudales características de la
Edad Media. Así, Sancho el Mayor de Navarra, además
de Labourd, dominó bien a través del vasallaje, bien
por presura, bien por política matrimonial, todo el resto
de los reinos cristianos peninsulares, de León a Barcelona.
En los últimos años de su reinado, llegó a
intitularse "rex hispaniorum", rey de las Españas,
aunque nunca fue rey efectivo de Castilla, ni de Sobrarbe, ni de
Gascuña. Sólo lo fue de Navarra.
A su muerte, Sancho III el Mayor tuvo que hacer un testamento en
el que, haciendo honor a sus compromisos, además del suyo
propio, reconocía también los nuevos reinos de Castilla
y Aragón, con la obligación por parte de sus hijos,
como nuevos reyes de ambos, de hacerse vasallos de su hermano García,
el heredero de Navarra. Todos sabemos como terminó esa historia:
García no pudo o no supo imponer su autoridad sobre sus hermanos
y su reino entró en decadencia, hasta que llegó a
la crisis de 1076, tras el asesinato de Sancho el de Peñalen,
hijo de García, en que Navarra desapareció como reino
independiente hasta el 1134.
El tercer paso en la estrategia nacionalista, instalada ya en la
población la idea del derecho natural a la autodeterminación,
es ir jugando con la idea de su eventual puesta en marcha, siquiera
sea a título de consulta teórica. Las declaraciones
del señor Arzallus en el pasado Aberri Eguna no pueden ser
más explícitas: La propuesta está siendo considerada
por el señor Ibarretxe para su próxima puesta en marcha.
En esta declaración el PNV incurre en grave contradicción
pues siempre ha presumido de su pedigrí democrático.
¿Cómo un partido que se pretende democrático
va a proponer una consulta de tal alcance en un territorio donde
no hay libertad para la mitad de su población, donde una
parte de los que enarbolaron ideas opuestas ha optado por el abandono
y salida de la Comunidad?. Una votación sin libertad se llevaría
a cabo con desprecio de las condiciones democráticas. La
Alemania democrática de 1933 dio un cumplido ejemplo de la
eficacia de estos procedimientos y una cabal demostración
de sus consecuencias.
La manipulación de la Historia, tan tentadora para la demagogia,
tiene sus limitaciones. Dependen éstas de la cultura del
sujeto paciente. En el caso que nos ocupa, se puede hablar con relativa
impunidad de la Edad Media, pero ya no tanto del siglo XVII. No
resulta fácil extender la chapuza histórica a fechas
tan próximas a la nuestra. Los hechos de esos siglos están
recogidos de forma tan clara que resulta complicado, incluso para
gente vivamente interesada, una manipulación en el sentido
apetecido. Para ello, los nacionalistas se han visto obligados a
recurrir a los buenos oficios de personas un tanto especiales, cuyo
origen vasco pueda dar razón del interés puesto en
el asunto, pero cuyo alejamiento cultural ampare la ligereza con
que se manipulan los presuntos datos. Estamos hablando, claro está,
del estadounidense Pete Cenarrusa y de su sorprendente declaración
de que en el siglo XVII Francia y España se repartieron los
territorios vascos y dividieron las siete provincias. Interesaría
conocer sus fuentes, es decir, quién le ha colado semejante
gol, porque en ningún anal conocido, incluso, por supuesto,
en Estados Unidos, donde no hay carencia de cultura, se afirma semejante
disparate. Los territorios español y francés, en el
siglo XVII, estaban ya claramente delimitados, y desde hacía
ya mucho tiempo. Lo que pasa es que en esta declaración no
importa el dato histórico. El objetivo es otro: Despistar
al despistado, arrancar un voto afirmativo en la Cámara de
Idaho, que se retrata cumplidamente, prepotente e ignora, referente
a un derecho de autodeterminación para una población
ignorada en territorio ignoto, es decir, de los vascos, para luego
ventilar semejante logro en los medios de comunicación afines
en el País Vasco. Toda una panacea que los medios próximos
al PNV no han dejado de jalear como corresponde.
Parece ser, según datos del propio señor Cenarrusa,
que en el estado de Idaho viven unas veinte mil personas de origen
vasco, lo cual sólo puede enriquecer aquel lejano territorio.
Todos deben felicitarse por la querencia del Sr. Cenarrusa por la
Autonomía Vasca, que él proclama en cuanta oportunidad
se le pone a tiro. ¿Sería razonable estimar actitud
similar en sus conciudadanos, cuyos representantes democráticos
han apoyado, entusiastas, el acuerdo de referencia?. De bien nacidos
es ser agradecidos. Hay que preguntarse si el Parlamente Vasco ha
incurrido en mezquindad limitándose a aprobar aquella declaración
sin poner, en justa correspondencia, a disposición de aquella
buena gente la posibilidad de integrarse en territorio con tan dorado
porvenir como el vasco. Quizá se esté aun a tiempo
de enmendar la cortedad de la respuesta. Familiares ricos, siempre
convienen
OLGA
MARTÍN
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