| EL CORREO,
18 de enero de 2005
Líderes de Sinn Fein
arremeten contra el IRA por el robo del banco de Belfast
El 'numero dos' McGuinness
afirma, en una crítica inédita, que se trató
de «un acto criminal» que deja al movimiento republicano
en una delicada situación
ÍÑIGO GURRUCHAGA/CORRESPONSAL.
LONDRES
El proceso de paz en Irlanda
del Norte ha caído en el abismo. El Acuerdo de Viernes
Santo está agotado, Sólo los ingenuos y los
ambiguos creyeron que el fin negociado del terrorismo es posible.
Nada será igual tras el robo de 40 millones de euros
por el IRA, el pasado diciembre. Esto se dice y se escribe
ahora en Irlanda y en Reino Unido. Y se recuerda la parábola
de la rana y del escorpión ante la vera de un río:
la rana acepta ayudar al escorpión a cruzarlo, porque
el escorpión la convence de que le estará tan
agradecido por su generosa ayuda que no la matará al
llegar a la otra orilla.
Pero, cuando están en la mitad
del cauce -la rana pedaleando en el agua y el escorpión
subido a su benéfica montura- el anfibio siente una
punzada en su espalda. «¿Por qué lo haces?
Ahora, moriremos los dos», dice la rana. «No puedo
evitar mi naturaleza. Soy un escorpión», dice
el terrorista de la parábola.
Por eso, porque es una organización
cuya esencia es el delito, el IRA robó el Northern
Bank, en el centro de Belfast, el pasado día 20, poco
después de que los primeros ministros de Irlanda y
de Reino Unido fracasaran en su intento de unir a unionistas
y republicanos en torno a la ceremonia de su desarme total.
Eso es lo que se dice. Y no faltan
avales. El robo fue perpetrado por unas veinte personas, que
secuestraron a los dos empleados que tenían la llave
doble de la caja fuerte. No dejaron rastros para los forenses.
Utilizaron una furgoneta que venía del sur de Irlanda.
La rabia de Ahern
Eso sólo puede hacerlo el IRA.
Otros grupos terroristas-lealistas o republicanos disidentes-
nunca fueron tan eficaces. Y el jefe de la Policía
local, Hugh Orde; el ministro británico para Irlanda
del Norte, Paul Murphy, y el primer ministro irlandés,
Bertie Ahern, han dicho que el IRA es el autor del robo.
Ahern ha dicho algo más. Ha
mostrado su rabia porque Gerry Adams y Martin McGuinness sabían
que el robo se tramaba mientras tejían al mismo tiempo
un ahora evidente paripé de negociación sobre
el desarme definitivo del IRA.
El reproche de Ahern esconde la mentira
que los gobiernos de Dublín y de Londres han consentido
durante el proceso: que Adams y McGuinness son dirigentes
de un partido político, Sinn Fein, que surgió
del IRA pero no es el IRA, cuando, en realidad, Ahern y Tony
Blair piensan, o saben, que ambos son miembros del Consejo
Militar del IRA.
A partir de ahí, comienza la
conjetura. ¿Sabía el Consejo Militar que no
habría acuerdo navideño de paz, que quedaría
pospuesto al menos hasta el otoño, que para entonces
se habrá olvidado el robo y la naturaleza del escorpión?
¿Se miró en el espejo Ahern y vio una rana?
Pero el análisis basado en el
cinismo de los dirigentes de Sinn Fein tiene un matiz. Nunca
antes, en la historia reciente de las relaciones Sinn Fein-IRA,dirigentes
del partido habían dicho las palabras que Martin McGuinness
ha pronunciado estos días. Para entender el matiz hay
que entrar en la pesada hermenéutica de los políticos
del paramilitarismo.
Gerry Kelly, asesino convicto y ahora
dirigente de Sinn Fein, ha condenado el robo diciendo que
no debió llevarse a cabo. Eso ya lo han dicho Gerry
Adams y otros dirigentes de Sinn Fein en otras ocasiones sobre
delitos del IRA. Los negaron antes de aceptarlos, o dijeron
que los lamentaban, o que eran errores.
McGuinness, ex jefe de estado mayor
del IRA, jefe negociador del Sinn Fein, ha ido esta vez más
lejos. «El secuestro de personas inocentes es un acto
criminal», dijo la semana pasada. «Si lo hizo
el IRA -ha añadido ahora- sería un momento crucial
en el trabajo del liderazgo de Sinn Fein con el IRA. Para
mí, es totalmente inaceptable» .
Quienes ven la vida humana a través
de parábolas lo tienen fácil: las palabras de
McGuinness muestran la abyección, el incorregible cinismo,
de quienes han recurrido al aguijón mortal del terrorismo.
Y concluyen que Londres y Dublín deben olvidarse del
apaciguamiento del IRA y poner al Sinn Fein en cuarentena.
Pero podría ser que Martin McGuinness
dijera la verdad. Podría ser que el robo no fuera obra
del Consejo Militar del IRA o que hubiera en el movimiento
republicano una grave escisión entre los políticos
y algunos de sus terroristas. Que tendrían que desarmarse,
quizás en otoño, quizás como conclusión
del proceso de paz en Irlanda, hoy tan caudaloso como las
arcas de los ladrones.
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