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ABC, 19 de febrero de 2004 Las llaves del tripartito PABLO PLANAS No parece previsible que el presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, pueda hacer frente al destrozo del comunicado de ETA con una nueva campaña de imagen. Al poco de desvelarse el encuentro entre su ex «conseller en cap» y la cúpula de ETA, el «president» anunció que había encargado una importante operación publicitaria para restablecer en España el buen nombre de Cataluña. En menos de dos meses, el tripartito catalán ha dejado de ser una prueba de flexibilidad ideológica del socialismo, el catalán y el español, para convertirse en un problema de largo alcance. El prestigio de Cataluña debería estar, por principio, al margen de las torpezas de sus representantes institucionales, pero se mantiene el viejo vicio de asociar los desatinos políticos a los destinos sociales. Ni Carod-Rovira representa a todos los catalanes ni parece muy soportable que ERC -con su secretario general o sin él- se puede mantener en un Gobierno autonómico que abandona una crisis para entrar en otra cada vez de mayor calado. El pacto a tres ya no es una amenaza para la estabilidad institucional en Cataluña o para las expectativas electorales del PSOE, sino un grave problema para la cohesión social frente a ETA. El experimento tripartito ha fracasado por el error y la deslealtad primero de Carod-Rovira y por el empecinamiento posterior de Maragall en encastillarse en su fórmula y aceptar el chantaje independentista. Ayer por la mañana, cuando Maragall llamaba a capítulo a todos los líderes parlamentarios se constataba cómo pretendía convertir el error de un visionario en un problema de todos, de CiU y del PP, incluso de los catalanes. Un día antes, Carod-Rovira decía que tenía las llaves del tripartito y se palpaba el bolsillo en una demostración grotesca y tabernaria. Ni aún así parece tener en consideración el presidente catalán la oferta de la oposición para mantenerlo al frente de la Generalitat sin el concurso de ERC, como si pretendiera comprobar el grado de exactitud de la fábula de la rana y el escorpión. Confiar en que Carod-Rovira traicione su naturaleza es tan absurdo como creer que este asunto no es más que un caso de inexperiencia de ERC y Maragall.
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