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ABC, 23 de febrero de 2004 Mikel Buesa: «El plan Ibarretxe culmina la tarea de ETA en cuanto al deterioro económico» «Economía de la secesión. El proyecto nacionalista y el País Vasco», del que es autor en colaboración con su equipo universitario, advierte, con pruebas, de los estragos que el plan Ibarretxe provocaría en la Economía vasca, que necesita al resto de España y a Europa J. PAGOLA MADRID. El «Estado de libre asociación» que se propone el plan Ibarretxe amenaza, no sólo con dividir a una sociedad ya crispada, sino también con provocar auténticos estragos en la Economía del País Vasco. Así lo advierte el catedrático de la Universidad Complutense de Madrid Mikel Buesa. Y lo hace con proliferación de datos, que son pruebas, en el libro «Economía de la secesión. El proyecto nacionalista y el País Vasco» que se presenta hoy. El estudio es demodelor, según adelanta a ABC el propio Mikel Buesa: «La implantación de fronteras entre el País Vasco y el resto de España o de la Unión Europea implicaría mayores precios para las mercancías vascas y una reducción de su demanda. El Producto Interior Bruto puede llegar a una reducción de casi el 20 por ciento. Esto supone una pérdida de empleo muy importante. Además, hay otro tipo de costes que tienen que ver con la secesión. Así, el País Vasco tendría que asumir las competencias de un estado moderno: la defensa nacional, justicia, las relaciones internacionales... El coste de todas estas competencias actualmente ejercidas por el Estado se cifran en 10.000 millones de euros. Como el Estado ingresa un poco más de 6.000 euros procedente del País Vasco, al final a los vascos les costaría estas nuevas competencias algo más de 4.000 millones de euros. Ello supondría un déficit del 9 por ciento del PIB. La UE no admite déficit público por encima del 3 por ciento. En fin, los ciudadanos vascos pagarían muchos más impuestos y empeorarían los servicios públicos. O ambas cosas. El sistema de pensiones en el País Vasco no es sostenible sin la solidaridad del resto de España. En resumen, tendríamos más desempleo, peores servicios públicos o más impuestos». -Pero si el plan Ibarretxe puede provocar semejantes estragos en la economía vasca, ¿cómo es que no han sido más altas y claras las críticas de los empresarios, de los financieros...? -Los empresarios, a través de sus entidades patronales, creo que han sido inequívocos en el sentido de señalar que el plan Ibarretxe puede tener efectos muy perversos en la Economía. Ahora, también es verdad que luego no entran en una concreción excesiva. Eso es lo que yo echo de menos. Las entidades empresariales tienen sus servicios de estudio y tal vez deberían haberse comprometido más en el sentido de tratar de cuantificar los efectos. Es posible que haya existido cierto miedo, no digamos ya individualmente. Que un empresario salga a la palestra y diga cosas muy claras pues..., es difícil. Yo comprendo su posición, no la comparto. En la encuesta para este estudio, de no ser por ese miedo, hubieramos obtenido más respuestas que las que hemos tenido, que son suficientes, pero nos hubiera resultado más fácil terminar el trabajo. -Pero también es cierto que no se ha escuchado ni una sola voz, por parte de los empresarios, ni tan siquiera aquellos que son afines al nacionalismo, a favor del plan Ibarretxe. -El Gobierno vasco hizo una encuesta, sin ninguna garantía, por teléfono, y dio a conocer un porcentaje de apoyo que, en todo caso, no era espectacular. Sólo hay dos encuestas independientes sobre el proyecto secesionista. Una, la nuestra, y otra, la que ha hecho la Asociación Nacional de Trabajadores Autónomos, que consideraba que el plan Ibarretxe les está perjudicando en sus negocios. Un resultado muy coherente con el nuestro que se refiere a lo que opina la mediana y gran empresa. Tenemos así todo el espectro empresarial cubierto, con un tipo de opinión muy coincidente. Se ve de esta manera que el sector empresarial que está a favor del plan Ibarretxe es muy minoritario y el que se muestra contrario resulta muy amplio. Ambas encuestas son muy similares y, por tanto, se refuerzan mutuamente. -En el caso de que Ibarretxe impusiera su plan secesionista, ¿cuántas empresas cree que abandonarían el País Vasco? -Una cuarta parte de las empresas están pensando en irse del País Vasco. De ese porcentaje, el 38 por ciento es de capital extranjero, y el 46 por ciento de capital nacional. Es decir, las empresas que se integran en organizaciones más potentes son las que se están planteando, con más probabilidades, trasladarse fuera de esta comunidad autónoma. -Pero si tan nefastas serían las consecuencias para la Economía vasca, ¿por qué Ibarretxe se empeña en sacar adelante su plan? Se le supone asesorado. ¿Acaso ha enloquecido? -Yo creo que ni ha enloquecido ni es un órdago para sacar otra cosa. Es un proyecto en el que los nacionalistas están empeñados. Creen que su oportunidad política ha llegado ahora. Después del asesinato de Miguel Ángel Blanco, la sociedad vasca comenzó a movilizarse contra ETA y contra el nacionalismo que está detrás del terrorismo. Como respuesta, ahora han adoptado la estrategia de caminar hacia la unidad del conjunto del nacionalismo incluyendo a los terroristas y buscando la oportunidad política para llegar a la independencia. -Pero, ¿de verdad que son conscientes de que la independencia puede traer un empobrecimiento? -Los nacionalistas saben que la independencia puede traer un empeoramiento del nivel de vida de los ciudadanos. Arzalluz ha dicho que la sociedad está dispuesta a ese sacrificio. Juan María Juaristi, presidente del PNV de Guipúzcoa, recientemente declaró algo así como que los vascos tenemos un nivel de renta por encima de la media española. Entonces, hay un colchón que sacrificar si es necesario para ser independientes. Incluso Leizaola, cuando era lendakari en el exilio, admitía que la independencia nos supondrá cien años de probreza. Aunque es verdad que no han estudiado en profundidad las consecuencias de su aventura política, también es cierto que están dispuestos a hacer ese sacrificio. Pero el problema no es que lo hagan los nacionalistas, sino que pretenden que lo haga toda la sociedad. -Da la impresión de que la sociedad vasca no es consciente de ello. -El País vasco, que ha perdido 60.000 habitantes en las dos últimas décadas, podría tener 300.000 más de no haber existido el terrorismo, ya que ello habría supuesto mayor riqueza que habría atraído a la población de otras regiones. El plan Ibarretxe viene a culminar la tarea que ha hecho ETA en cuanto al deterioro, decaimiento de la Economía del País Vasco. Más del sesenta por ciento de los vascos que se van son personas en edad activa, entre 20 y 45 años, que buscan trabajo, fundamentalmente en Madrid, sobre todo, así como en Burgos y la Rioja.
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