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MISA MAYOR. Juan José Ibarretxe saluda al obispo Juan María Uriarte en la basílica de Loyola en presencia de su esposa. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ

 

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EL CORREO, 2 de Agosto de 2004

Ibarretxe asegura que su plan «no depende de Zapatero» sino de la sociedad vasca

Advierte al Ejecutivo de que «sólo y exclusivamente» la sociedad vasca podría hacer «fracasar» su propuesta, si no la asume mayoritariamente

OLATZ BARRIUSO/AZPEITIA

El éxito del plan Ibarretxe depende «sólo y exclusivamente» de la «voluntad» de los vascos. Con este mensaje rotundo respondió ayer el lehendakari a la no menos contundente advertencia que el Gobierno central le había lanzado por boca del ministro de Justicia. En una entrevista publicada ayer por este periódico, Juan Fernando López Aguilar dejaba claro que «no hay ninguna posibilidad» de que la propuesta de cosoberanía del jefe del Ejecutivo vasco prospere porque, entre otras cosas, el PSOE le «cerrará la puerta» en las Cortes.

Pero la visión del lehendakari es muy distinta. Según él, la única razón que podría hacer «fracasar» el proyecto de nuevo Estatuto es «que la sociedad vasca no lo asuma». Obviando que la reforma estatutaria que plantea requeriría en todo caso y como mínimo pasar el filtro de las Cortes Generales, Ibarretxe insistió en fiar su propuesta «exclusivamente» a una hipotética mayoría absoluta en el Parlamento vasco -de no obtenerla en diciembre, está dispuesto a intentarlo la próxima legislatura- y subrayó, por lo tanto, que en ningún caso el plan depende «de lo que diga un ministro o un presidente español», y ni siquiera «de lo que diga el lehendakari».

Juan José Ibarretxe acudió ayer, como cada año, a la misa presidida por el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, en Azpeitia con motivo de la festividad de San Ignacio. Acompañado por la portavoz de su Gabinete, Miren Azkarate, dos de sus consejeros -la titular de Educación, Anjeles Iztueta, y el de Agricultura, Gonzalo Sáenz de Samaniego-, y el diputado general de Guipúzcoa, Joxe Joan González de Txabarri, el lehendakari fue recibido en el Ayuntamiento de la localidad guipuzcoana por la Corporación municipal y después recorrió sus calles en procesión. En un alto antes de llegar a la basílica de Loyola, el jefe del Ejecutivo de Vitoria hizo una breve «reflexión» sobre la actualidad y sólo a preguntas de los periodistas se refirió al inequívoco pronunciamiento del ministro López Aguilar, que en principio dijo desconocer.

Antes había asegurado, solemne, que se acerca «la hora de la verdad» en el debate político vasco «por excelencia», que no es otro, a su entender, que la discusión parlamentaria de su plan a lo largo del otoño para concluir, en diciembre, con la votación de la propuesta. Según dijo, el regreso de las vacaciones estivales es el momento oportuno para que «cada cual presente sus ideas». «A partir de ahí, tenemos unos meses para el debate y la decisión en el Parlamento vasco y en la sociedad vasca. Para una sociedad no hay cosa más importante que debatir y decidir su futuro», reiteró Ibarretxe, que ha insistido machaconamente en que la voluntad ciudadana será la que impulse o haga naufragar su plan desde que hace una semana se entrevistara en La Moncloa con José Luis Rodríguez Zapatero.

«Mojarnos si llueve»

No olvidó subrayar, como suele, que el plan Ibarretxe es «la única propuesta de solución que hay encima de la mesa» y dijo «enorgullecerse», en este sentido, de que el tripartito haya asumido «su responsabilidad» a la hora de buscar vías para resolver «el conflicto político» vasco. «Ya dijimos que no estábamos aquí para ir y venir y si llueve mojarnos, sino para asumir nuestra responsabilidad», apostilló.

El lehendakari también aprovechó para expresar su «profunda preocupación» por las últimas decisiones adoptadas por el Gobierno Zapatero antes del parón veraniego -«aprovechando» de forma «inaceptable» el relax propio de la época, según él- que afectan a intereses vascos. Citó, en concreto, la separación de actividades de los astilleros -que repercute negativamente en la Naval de Sestao-, el descuento de los 32 millones del Cupo y la autorización de prejubilaciones en Babcock. Ibarretxe advirtió al Ejecutivo del PSOE de que las instituciones vascas permanecerán «enormemente vigilantes» ante estas decisiones y se mostró dispuesto a «ayudar», pero sólo para garantizar que los astilleros Izar van a seguir en activo. «No vamos a acompañar al Gobierno a cerrar la Naval», enfatizó Ibarretxe, que se preguntó si estas resoluciones deben interpretarse «en la clave de nuevo talante» y volvió a pedir a Zapatero menos «sonrisas» y más «valentía».