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Ibarretxe saluda a Rabanera en presencia de Luesma, durante la inauguración ayer en Bilbao de un congreso. / IGNACIO PÉREZ

 

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EL CORREO, 15 de septiembre de 2004

El Gobierno asume la posible derrota del plan Ibarretxe, pero prosigue su tramitación

Azkarate no descarta tampoco que salga adelante e insta a la oposición a presentar sus alternativas La aprobación o no del proyecto sigue en manos de SA

LOURDES PÉREZ/VITORIA

El pasado 25 de octubre, el lehendakari y las tres fuerzas políticas que sustentan su Gobierno registraron solemnemente en el Parlamento su propuesta de nuevo Estatuto político. Hoy, casi un año después, el lehendakari no ha logrado ensanchar los apoyos con los que contaba y su Ejecutivo comienza a asumir en público lo que es ya una evidencia: que la Cámara puede acabar echando atrás el proyecto cuando sea sometido a votación, presumiblemente a finales de diciembre. Fue la portavoz del Gabinete, Miren Azkarate, quien reconoció ayer de viva voz que el plan «puede ser derrotado», aunque junto a ello no descartó lo contrario -que «salga adelante»- ni que vayan a registrarse «cambios en el camino»; es decir, de aquí a que finalice la tramitación de la iniciativa, cuyo calendario el Gobierno sigue dispuesto a cumplir.

«En diciembre veremos en qué situación estamos y, a partir de ahí, hablaremos», quiso zanjar Azkarate, quien insistió por activa y por pasiva en que el Ejecutivo concentra ahora todo su «esfuerzo» en incentivar el debate en el Legislativo vasco -la discusión de las enmiendas está a punto de iniciarse- y en que todos los partidos aporten sus alternativas, en una alusión dirigida, básicamente, a los socialistas de Patxi López. La asunción por parte de la portavoz de un eventual fracaso en el Parlamento se produce apenas tres días después de que Juan María Atutxa se mostrara «muy escéptico» sobre el futuro a corto plazo del plan y cuando uno de los integrantes del Gabinete -el consejero de Vivienda, Javier Madrazo- había invitado ya en este periódico a desdramatizar la posible derrota. Una hipótesis que el lehendakari siempre se ha resistido a contemplar en público, pese a los insuficientes apoyos de que dispone y a que el nacionalismo institucional parece estar interiorizando que Batasuna no respaldará la iniciativa.

Los actuales seis parlamentarios de Sozialista Abertzaleak tienen en su mano la aprobación o no de la propuesta, que precisa de la mayoría absoluta del Legislativo (38 escaños) para prosperar; de hecho, al Gobierno no le bastaría con la abstención de SA, una alternativa a la que podría acogerse el grupo de Otegi para evitar coincidir en su rechazo con el PP y el PSE. Así las cosas, los 36 diputados del PNV, EA y EB continúan siendo insuficientes, con un agravante para Ibarretxe: Ezker Batua dio vía libre hace un año a la tramitación del plan, pero está por ver que la coalición de izquierdas acabe votando a favor en la Cámara.

Los riesgos

El lehendakari ha optado por mantener el calendario que él mismo se impuso, pese a la minoría de su Gobierno, a la frontal oposición de populares y socialistas y al riesgo de que la iniciativa dependa de la ilegalizada Batasuna, a la que el Ejecutivo sigue negando cualquier negociación mientras no se desmarque de ETA. Sin sus votos el plan será derrotado, con el consiguiente revés para Ibarretxe, que previsiblemente transformaría el proyecto en su bandera electoral. Pero si SA acaba respaldándolo, el lehendakari tendría más difícil cambiar paso y estaría condicionado, además, por el apoyo de una formación fuera de la ley.

A preguntas de los periodistas tras el habitual Consejo de los martes, Azkarate no aclaró si el Ejecutivo es tan pesimista como Atu-txa, pero sí aceptó que la posibilidad de perder la votación en el Parlamento es real. No obstante, volvió a presentar el plan Ibarre-txe como «la única» propuesta que existe hoy encima de la mesa y la que «mayor grado de adhesión» suscita, al tiempo que volvió a apelar a la oposición para que presente sus alternativas en la Cámara. Si no, «difícilmente vamos a seguir adelante», constató.

La portavoz reiteró que, en ese supuesto, los plazos podrían flexibilizarse y auguró cambios en la situación política, dado que hace unos meses ni siquiera estaba garantizado que el debate no fuera a ser suspendido por el Constitucional. Azkarate recordó que aún resta la discusión de las enmiendas -formalizadas sólo por al tripartito y Batasuna- y advirtió, de nuevo, a las tres fuerzas de la oposición de que una votación conjunta contra el Gobierno sería «anti natura». El cualquier caso, invitó a no adelantar acontecimientos porque «la votación llegará cuando tenga que llegar».