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El Diario Vasco, 22 de octubre de 2003

Ulster, hechos y gestos

ROGELIO ALONSO/INVESTIGADOR DE LA UNIVERSIDAD DE QUEEN EN BELFAST (*) Su libro 'Matar por Irlanda. El IRA y la lucha armada' será publicado por Alianza Editorial a comienzos de noviembre

A comienzos de este mes Martin McGuinness pronunció unas palabras que ofrecen la clave para entender los acontecimientos de ayer en Irlanda del Norte. En opinión del dirigente del Sinn Fein y del IRA, en el futuro cualquier acto de desarme por parte del grupo republicano debía reunir unas características que lo hicieran convincente desde la perspectiva de los unionistas. El boletín de noticias del partido informaba en esos días de que la falta de detalles aportados por el órgano encargado de supervisar el desarme y dirigido por John de Chastelain había hecho que disminuyera la confianza de los unionistas en el proceso de paz. Por ello, continuaba el resumen informativo, McGuinness reconocía que ésta era «una cuestión muy seria» y que su partido debía ser consciente de que «la falta de transparencia en actos pasados realizados por el IRA habían causado decepción» entre los unionistas. Por ese motivo el líder republicano admitía que no podían ser inmunes a dichas críticas y afirmaba: «No quiero que el DUP (liderado por el reverendo protestante Ian Paisley), que las fuerzas negativas dentro del Partido Unionista del Ulster se fortalezcan. Eso sería un auténtico desastre para el proceso de paz, un desastre para el Acuerdo de Viernes Santo». McGuinness añadió que no quería dañar las posibilidades de lo que significativamente definió como «las fuerzas progresistas dentro del unionismo» en una posible elección a la asamblea autonómica en Irlanda del Norte. Se refería McGuinness a esa sección del unionismo norirlandés liderada por David Trimble. Esta intervención de tan destacado republicano era enormemente reveladora, pues se produjo cuando en privado británicos e irlandeses presionaban al IRA para que un nuevo acto de desarme reuniera esas mismas condiciones que el propio McGuinness reconocía como necesarias para que la entrega de armas tuviera algún sentido positivo. En otras palabras, si el IRA llevaba a cabo otro gesto de desarme pero éste no se diferenciaba de los anteriores ni era capaz de aumentar la confianza de los unionistas, carecía de importancia en el contexto político.

La declaración de McGuinness evidenciaba cuáles eran los elementos que se precisaban para salir de la coyuntura en la que se encontraba el proceso de paz después de la suspensión de la asamblea norirlandesa un año antes y la posterior cancelación de las elecciones a dicha institución. Si el Gobierno británico iba a convocar nuevas elecciones se debía fortalecer a esas «fuerzas progresistas dentro del unionismo» a las que McGuinness aludía. Para ello, y como explicitaba él mismo, el IRA debía continuar con su desarme si bien en una forma que sí contribuyera a aumentar la confianza en el proceso fortaleciendo a Trimble. En las negociaciones entre los diferentes actores implicados se asumía que para que se cumpliera esa premisa esencial el IRA debía aceptar una mayor publicidad de sus actos de desarme. Si no se permitían imágenes de la entrega de armas, al menos debía hacerse público un inventario. Si no era así, por lo menos la declaración del IRA anunciando el decomiso de sus armas debía ser enormemente contundente e inequívoca indicando el final del conflicto. Diversos textos con posibles fórmulas de palabras fueron considerados, pero cuando Gerry Adams pronunció su discurso ayer no se vislumbraban novedades que permitieran definir como histórico su pronunciamiento. En contra de lo que muchos medios de comunicación han indicado, «el firme compromiso del Sinn Fein con métodos exclusivamente pacíficos y democráticos» que contenía el discurso no constituye una novedad. Esta declaración de principios fue la que los miembros del Sinn Fein tuvieron que repetir para ocupar sus cargos ministeriales en la asamblea norirlandesa años atrás. También se puede encontrar en otros discursos republicanos y comunicados del IRA de los últimos años la aspiración de que el final del conflicto llegará si se implementa totalmente el Acuerdo de Viernes Santo, algo que, sin embargo, Adams presentó ayer como novedoso.

Quienes acusan a los unionistas de abortar una vez más una histórica oportunidad para la paz deberían comparar los comunicados del IRA y de los dirigentes del Sinn Fein a lo largo de los últimos años para descubrir por sí mismos como, en efecto, no es posible distinguir novedad alguna. Es también muy significativo que los unionistas liderados por Trimble respondieran positivamente al discurso de Adams a pesar de que sus contenidos no ofrecían ninguna primicia. El motivo radica en que Trimble esperaba una compensación en la forma de un gesto de desarme espectacular por parte del IRA. Sin embargo, cuando el general de Chastelain anunció que el grupo terrorista había llevado a cabo su tercer acto de desarme la decepción fue imposible de evitar. Recordemos cómo el propio McGuinness había reconocido que el desarme sólo sería efectivo si se hacía de una forma que aumentara la confianza pública, es decir, de una manera que incrementara la credibilidad en un proceso de decomiso que se ha llevado a cabo en secreto. Por tanto no debería extrañar que las meras palabras del encargado de supervisar dicho desarme fueran insuficientes cuando anunciaba que el IRA había completado su tercer acto de desarme. Muchas eran las preguntas que dejaba sin respuesta con el potencial de frustrar lo que se había presentado como «el día más importante para Irlanda del Norte desde la firma del Acuerdo de Viernes Santo» en 1998. De Chastelain reconoció que cuando horas antes le había preguntado al representante del IRA encargado de efectuar la entrega de armas cuando se continuaría con el proceso de desarme, éste le indicó que no podía responderle. Como tampoco podía indicarle el representante del IRA cuando se concluiría el proceso de desarme. En esas condiciones el acto de desarme difícilmente podía pasar el test que el propio Martin McGuinness había fijado cuando semanas atrás admitía que debía hacerse de un modo "convincente" para los unionistas.

Es muy significativo que, al comparecer por la tarde ante los medios de comunicación expresando su decepción por la falta de progreso, Trimble utilizó la misma expresión con la que McGuinness había identificado días atrás los problemas del desarme y, por tanto, el desafío pendiente del IRA: «falta de transparencia». Esa «falta de transparencia» en la que el IRA volvió a incurrir es la responsable de que las optimistas expectativas no se materializaran por completo.

Trimble esperaba una compensación en la forma de un gesto de desarme espectacular por parte del IRA