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| ABC
, 22 de noviembre de 2003
¿Hacia
dónde vamos? LOLA SANTIAGO Escritora NO se pude dejar de sentir no ya perplejidad o desconcierto ante lo que está ocurriendo en el mapa político de la España del siglo XXI. Acaban de celebrarse las elecciones autonómicas catalanas y ya el resultado da pavor. La ascensión vertiginosa del partido de Ezquerra Republicana, que hará posible con sus diputados y sus exigencias políticas un giro más a la izquierda si el Partido Socialista Catalán quiere gobernar e imponerse así al ganador, sin mayoría absoluta: Convergencia y Unió. Mariano Rajoy habla ante este resultado y pide que no se radicalicen las posturas. Pero las posturas están ya radicalizadas, al menos lo que se oye decir con todas las ínfulas de la victoria, y se oye a voz en grito a su dirigente hablar de «independentismo» y la boca se le hace agua al ver ya fraccionada a España, mientras por las venas de su cuello circula una sangre que nos habla de lo poco que se ha aprendido de una España radicalizada y convulsa que apenas hace sesenta y cinco años estaba dividida en dos y sembrada de un millón de muertos por esos afanes de unos y de otros de romper la unidad, de radicalizarse -siempre hay peligro cuando una persona y no digamos un grupo se radicaliza-, en sus afanes separatistas. Ya no sólo tenemos el ejemplo de un Partido Nacionalista Vasco secesionista, en el corazón más hermosamente verde del Norte de España, a la sombra de Herri Batasuna, en el País Vasco; y un Bloque Nacionalista Gallego que, día a día, tiene más empuje, en sus afanes también independentistas. No, ahora, se desgañitan pidiendo, la noche misma de ganadas las elecciones, independencia para Cataluña. Y una entiende que los ánimos están calientes, que se es feliz tras la victoria. Y que la victoria puede consistir en un intento de dividir, de poder fraccionar España. Y no entiende este suelo patrio por más que haya leído y comprendido a tantos y tantos poetas. Ni leído u oído de forma estremecida tantas historias escritas u orales sobre un pasado del que no se habla, del que se quiere huir por su crueldad, para cerrar heridas, para olvidar... Pero ahí siguen los gritos del político enfebrecido, pidiendo, reclamando, independencia. Y a tu corazón estremecido llegan las voces del poeta. De los poetas. Tan opuestos, aún siendo hermanos. Y así, Manuel: «Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna.../ De cuando en cuando un beso y un nombre de mujer./.../ ¡El beso generoso que no he de devolver!»; y Antonio Machado: "Por un camino en la árida llanura, / entre álamos marchitos, / a solas con su sombra y su locura, / va el loco, hablando a gritos». Y esos otros versos también de don Antonio Machado: «Españolito que vienes/ al mundo, te guarde Dios./ Una de las dos Españas/ ha de helarte el corazón». Y Europa se une. Y Europa se une. Y a España te la quieren dividir, fraccionar. Que no quiera Dios, que no.
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