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El Diario Vasco, 27 de julio de 2003 El avispero corso FERNANDO SAVATER/CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE Desde que coincidí en París en un programa radiofónico de France Culture con François Santoni, antiguo líder y después crítico acerbo del nacionalismo corso que fue asesinado mes y medio después al volver a la isla para asistir a una boda, he seguido con bastante curiosidad los avatares políticos del bellísimo rincón mediterráneo. Por supuesto, empeñarse en buscar ejemplos o subrayar similitudes entre lo que ocurre en el País Vasco y lo que pueda pasar en otras partes del mundo dónde también existen grupos terroristas y nacionalismo radical es cosa tan escasamente inspiradora como que nuestra ministra de Asuntos Exteriores ofrezca en Bagdad a los iraquíes que intentan reconstruir su maltrecho país...¡el modelo de transición española entre la dictadura y la democracia! Cada situación histórica y política tiene sus propias circunstancias y de nada sirve pretender dispensarse de reflexionar sobre qué hacer en las que a uno le corresponden remitiéndose a la receta que funcionó ejemplarmente bien (¡o mal!) en otra parte. Además, si la violencia armada y la intransigencia separatista que padecemos aquí son como un remedo caricaturesco de las guerrillas de liberación anticolonialista de otras latitudes, los incontables grupúsculos que se reparten el mapa político del nacionalismo corso y los truculentos fantoches armados que de vez en cuando ofrecen sus aquelarres a la prensa equivalen a la caricatura de la caricatura. Sin embargo, considerar los últimos acontecimientos políticos ocurridos en Córcega no deja de ser en cualquier caso educativo. Sobre todo porque aprende uno algo más acerca de los supuestos movimientos étnicos cuyas prácticas de intimidación mafiosa pueden amenazar el desarrollo de la ciudadanía en Europa, a poco que alguno de ellos obtenga ventajas efectivas frente a cualquier Estado vacilante o desconcertado, y con mayor razón si sus huecas proclamas ideológicas consiguen el sustancioso relleno de algunos intereses económicos dispuestos a aprovecharse de la fragmentación del poder. No olvidemos que el propio Santoni, en su época militante de fundador de la fantasmal Armata Corsa, cuando se le preguntaba si ellos a fin de cuentas lo que querían era la independencia de la isla, respondía más o menos: «Eso depende de cuánto nos ofrezcan». Cuánto y a quienes, claro. No es raro que después, motivado por el asesinato de su cofrade Jean- Michel Rossi (un año antes del suyo), tuviera una visión tan implacablemente crítica de todo el tinglado entre aprovechado y gangsteril del nacionalismo al que había pertenecido. El pasado 6 de julio se celebró en Córcega un referéndum para decidir si los ciudadanos deseaban la instauración de una colectividad única elegida por escrutinio proporcional, una medida descentralizadora moderadamente autonomista propuesta por el gobierno conservador y apoyada por los socialistas y la mayor parte de los nacionalistas corsos (que consideraron esta concesión un primer paso en el logro o imposición de sus reivindicaciones). Para sorpresa de sus promotores, la consulta popular vista con relativa indiferencia en el resto de Francia encontró una decidida oposición en la propia Córcega. Muchos republicanos de izquierdas y cargos electos importantes como el alcalde de Bastia manifestaron que era improcedente y a largo plazo suicida conceder a los violentos la satisfacción de haber modificado en parte la administración del Estado. Intentando contentar a unos y a otros, el influyente ministro del interior Nicolás Sarkozy (que en septiembre del año pasado había satisfecho la reivindicación nacionalista de acercar a los presos insulares a sus familias) anunció el «final de la impunidad» para los violentos. La víspera del referéndum, la policía detuvo a Yvan Colonna, principal sospechoso de haber asesinado en 1998 y en Ajaccio al prefecto de Córcega Claude Erignac. Esta detención más oportunista que oportuna no convenció por lo visto a nadie (a los nacionalistas les olió a chamusquina, ya saben ustedes) y molestó a algunos. El resultado del referéndum fue un «no» tan ajustado como incontrovertible. ¿Ha resuelto el bienintencionado referéndum las cosas en Córcega? Ciertamente no: por lo visto las ha empeorado. Los electos nacionalistas han abandonado estruendosamente la asamblea territorial, por lo menos hasta las elecciones de marzo del 2004. Como el resultado del comicio ha sido contrario a Corsica Nazione, no cabe duda de que todo tiene que deberse a una manipulación gubernamental para perjudicar al pueblo corso, es decir, a los nacionalistas que monopolizan esta denominación de origen. Los abogados de Yvan Colonna ponen el grito en el cielo porque los jueces pretenden investigar a quienes hayan albergado durante estos años al supuesto criminal. Aseguran que esa indagación de sentido común va contra las leyes tradicionales de la hospitalidad corsa, que incluyen según parece amparar a los sospechosos de asesinato siempre que sean del propio bando ideológico, de acuerdo con la acrisolada omertá mafiosa, pero no respetar a los prefectos. De modo que las leyes de la República Francesa van contra el pueblo corso, incluso aunque la mayoría de los ciudadanos corsos voten a favor del mantenimiento íntegro de los lazos con la República. Por su parte, el Frente Nacional de Liberación de Córcega acaba de anunciar el final de la tregua que había mantenido estos últimos meses para facilitar la preparación de referéndum: como el resultado no ha sido el que deseaban los guerreros no hay más remedio que volver a la guerra, para quizá repetir la consulta popular dentro de cierto tiempo una y otra vez, hasta que les den la razón. Para ir abriendo boca, han puesto un par de bombas en Niza, dejando dieciséis heridos. Mientras, el pasado sábado se manifestaron miles de personas en Ajaccio pidiendo una «solución política» (¡qué menos!) para el problema corso. Por lo visto el referéndum no tuvo nada que ver con las soluciones políticas. En consultas como ésta, los nacionalistas deberían indicar en la papeleta a los no nacionalistas que deben votar si quieren solución política y no aumentar la crispación social. En fin, no sé, las cosas son las que son en cada sitio, claro, pero a mí todo esto me suena a conocido. ¡Qué difícil es contentar a los rentistas del descontento mientras sigan cobrando buenos dividendos! Algo así debe estar pensando ahora el ministro Sarkozy, que por lo pronto ha aplazado sine die su viaje al País Vasco francés, donde pensaba lanzar la segunda etapa de su plan de descentralización.
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