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Raffarin,
dirigiéndose a la Asamblea Nacional en febrero. (AP)
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EL
PAÍS | Internacional - 24-07-2004
El
Gobierno francés impone a la izquierda la ley de descentralización
del país
La
oposición cree que el Ejecutivo sólo busca la revancha
de su última derrota electoral
JOAQUÍN PRIETO - París
La Asamblea Nacional francesa sufrió ayer un órdago
parlamentario. El primer ministro, Jean-Pierre Raffarin, se retiró
de la tramitación de la ley de descentralización y
ordenó la adopción de esa norma sin debate, a cambio
de comprometer la responsabilidad política del Gabinete de
centro-derecha. La oposición de izquierda respondió
presentando inmediatamente una moción de censura contra el
Gobierno. El fracaso probable de esa iniciativa hará que
la controvertida ley de descentralización sea adoptada sin
debate, tal y como está.
"Este golpe de fuerza es una confesión de debilidad
del primer ministro y constituye un grave atentado al respeto debido
a la representación nacional", se lee en la moción
de censura, que se votará el martes. No tiene posibilidades
de prosperar, porque el partido gubernamental Unión por un
Movimiento Popular cuenta con mayoría absoluta. Sin embargo,
la agenda del primer ministro, comunicada ayer como todos los viernes,
termina el lunes: puede ser una señal de respeto formal por
parte de quien, teóricamente, puede verse derribado el martes
por el Parlamento, aunque algunos especulan con que puede dejar
el cargo una vez derrotada la moción de la izquierda.
Raffarin
justifica el recurso a un procedimiento excepcional por la "estrategia
de obstrucción de la oposición", lo cual alude
a las 4.688 enmiendas acumuladas contra un proyecto de 150 artículos.
¿Y
qué es lo que está en juego? Hay que decir en seguida
que la descentralización francesa no tiene nada que ver con
la construcción de la España de las autonomías:
ni se incrementa el poder político de las regiones, ni se
les dota de Gobiernos autónomos, ni se les permite la cooficialidad
de lenguas propias. Simplemente se transfiere a los órganos
actuales (unas asambleas sin poder legislativo) una serie de competencias
administrativas.
Integrismo
descentralizador
Lo
primero que hubo de hacerse fue reformar la Constitución,
para que dijera que Francia es una República de organización
"descentralizada". El Consejo de Estado se opuso a ello
y hasta el presidente de la Asamblea, Jean-Louis Debré -muy
próximo a Jacques Chirac- lanzó advertencias contra
el "integrismo descentralizador". Pero Raffarin, al fin
y al cabo ex presidente de región, vio en la descentralización
un instrumento político para emprender la reforma del Estado.
Y por eso convirtió este tema en un asunto central.
La
crisis de Irak le ayudó a pasar la píldora de la reforma
constitucional: ésta fue aprobada en marzo de 2003, cuando
los franceses estaban distraídos con el enfrentamiento con
Estados Unidos y preocupados por reformas internas que les importan
más, como la de las pensiones. A raíz de esa reforma
se elaboró el proyecto de ley para la descentralización.
Tras la victoria de la izquierda en las elecciones regionales de
marzo, los cargos electos pidieron la suspensión del proyecto,
con la intención de definir un modo propio, que convierta
a las regiones en la alternativa al poder de la derecha instalada
en el Estado. Pero Raffarin no les ha permitido tomarse ese margen:
ha forzado la aprobación de la ley antes de las vacaciones
y, como no lo lograba, ha recurrido a la adopción de la ley
sin debate.
Regiones
de la izquierda
La izquierda, responsable de 23 de las 26 regiones de Francia (comprendidas
las de ultramar), teme las competencias que se le vienen encima:
concesión de ayudas económicas a las empresas, inversiones
hospitalarias, programas de formación, de salud pública
y de protección del patrimonio cultural. Los departamentos
(provincias), la mitad dominados por la izquierda, reciben regalos
tales como las carreteras nacionales o las prestaciones de beneficencia.
¿Y
con qué dinero?, preguntan los cargos regionales y departamentales.
La parte financiera es ambigua: el Gobierno ha programado la reducción
de algunas de las tasas actuales y la ley dice que las entidades
locales deben cumplir con sus competencias con "ingresos fiscales
y otros recursos propios". Es decir, les coloca en la alternativa
de subir impuestos o reducir servicios.
"La
transferencia de los déficits del Estado hacia el ámbito
local pretende traspasar la impopularidad del Ejecutivo hacia los
cargos electos socialistas", afirma el ex primer ministro Laurent
Fabius, número dos de la dirección del Partido Socialista.
Para
Alain Rousset, presidente de la Asociación de Regiones de
Francia, la ley de descentralización es "la revancha
del Gobierno" por haberse visto anegado en la marea roja de
marzo pasado.
La
lírica elocuencia del ministro
Dominique de Villepin, actual ministro del Interior, ha pasado por
el proyecto de descentralización sin romperlo ni mancharlo,
pese a que teóricamente es una ley promovida por su departamento.
La
tribuna del Parlamento francés no es la de la ONU pero al
ex ministro de Exteriores le tocaba abrir el debate de la descentralización,
el jueves pasado, y, a la vista de la tensión reinante en
las enfebrecidas bancadas parlamentarias, optó por los recursos
líricos:
"Estamos
a jueves 22 de julio, el sol está en su apogeo, Francia vela
y quizá nos observa. He ahí al Tour de Francia aproximándose
hacia su final en los Campos Elíseos, un norteamericano quizá
va a ganarlo y, en la serenidad de este hemiciclo, nosotros, Gobierno
y Parlamento, naturalmente estamos en plena tarea; convencidos de
que nuestra pena no es vana; convencidos de que, más allá
de las circunstancias, la historia de nuestro país está
en marcha; convencidos de que se trata de la organización
de nuestra nación, al servicio de nuestros compatriotas.
(...) Así que con audacia, con imaginación, con decisión,
vamos a entrar en el centro del asunto si a ustedes les parece bien".
Y entraron.
Sólo que Raffarin decidió que ya estaba bien de templar
gaitas.
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