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Mikel
Buesa. Catedrático de economía aplicada.
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Papeles
de Ermua Nº 4, Diciembre 2002 - Enero 2003
La
secesión y los costes de la "No-España"
Por
Mikel Buesa
Aunque
la cuestión de la secesión está planteada como
el principal objetivo de la agenda política del nacionalismo
gobernante desde la firma de su pacto con ETA en Lizarra y como
un asunto de urgencia inmediata desde el momento en el que el lehendakari
Ibarretxe, bajo el grito de ¡independentzia!, se proclama
vencedor de las últimas elecciones autonómicas, parece
que sólo cuando tal aspiración se ha concretado en
el exótico proyecto de crear un estado libre asociado, la
preocupación por sus costes económicos ha emergido
con fuerza.
La
idea de que la secesión del País Vasco con respecto
a España puede tener costes relevantes no es admitida por
sus proponentes. Éstos alegan que, dado que la región,
bajo su nueva forma estatal, permanecerá dentro de la Unión
Europea, no se producirán cambios institucionales importantes
y que, en consecuencia, lo esencial de las relaciones económicas
permanecerá inalterado y, como mucho, podrán producirse
fricciones de baja intensidad cuyo coste ni siquiera merece la pena
calcular. Semejante optimismo, más allá de su interesada
orientación política, parece poco realista. El único
antecedente de un problema de este tipo -el de Argelia, que con
su independencia perdió el estatus de provincia francesa-
señala que la separación de una parte del territorio
de uno de los estados miembros de la Unión implica también
su radical pérdida de vinculación a ésta y
su consideración como país tercero. Además,
siendo previsible la ausencia de un acuerdo esencial sobre este
asunto entre todas las fuerzas políticas democráticas,
en especial por parte de los dos partidos que, por representar a
la mayoría de los españoles, pueden configurar la
mayoría parlamentaria necesaria para conducirlo, no cabe
otra conclusión que la consideración de la secesión
como un hecho político conflictivo. Y, si esto es así,
resulta evidente que, en el caso de que se produzca, implicará
unos costes derivados de la radical transformación del entorno
institucional de la economía vasca (1).
Esos
costes se generan en cuatro ámbitos esenciales del sistema
económico: los intercambios exteriores, la deslocalización
de las actividades productivas, la asunción de nuevas competencias
administrativas y la gestión del sistema monetario. Y es
posible cuantificar algunos de ellos a partir de supuestos razonables
sobre el comportamiento de diferentes variables o de la observación
directa de los datos actualmente disponibles. Dado que ni las autoridades
gubernamentales ni los partidos políticos ni las entidades
patronales ni los sindicatos ni ninguna otra institución
han avanzado estimaciones sobre el tema, es necesario justificar
esa cuantificación. Ello hace inevitable el uso de tecnicismos
económicos en las líneas que siguen, lo que tal vez
canse al lector. Por tal motivo, me permito adelantar la principal
conclusión de este artículo: los costes de la "No-España"
derivados de la secesión son importantes, conducirán
a un empobrecimiento del País Vasco y obligarán a
sus ciudadanos a soportar una pesada carga económica durante
muchos años.
Costes
por Adquirir la Condición de País No-Miembro de la
Unión Europea
El
primer aspecto a considerar en la estimación de los costes
de la secesión se deriva de que, por el hecho de adquirir
la condición de país no-miembro de la Unión
Europea, Euskadi verá gravada una buena parte de sus exportaciones
con la tarifa exterior común. Esto ocurrirá con el
85 por 100 de sus ventas de bienes y servicios fuera del ámbito
autonómico, bien porque se orientan hacia las demás
regiones de España -54 por 100 de la exportación vasca-
bien porque lo hacen hacia los demás países comunitarios
-31 por 100-, con lo que sólo un 15 por 100 de aquellas,
que se dirigen al resto del mundo, no verá alterado su actual
tratamiento fiscal. Pues bien, teniendo en cuenta un gravamen arancelario
medio del 2,8 por 100 y una elasticidad-precio que puede oscilar
entre -0,97 y -1,60, se puede estimar que la elevación de
precios que experimentarán las exportaciones vascas conducirá
a una reducción de entre el 2,7 y el 4,5 por 100 en su cuantía,
lo que equivale a una cifra de entre el 1,3 y el 3,0 por 100 del
PIB regional (2).
Además,
las actividades comerciales exteriores de las empresas vascas verán
elevarse sus costes de transacción. Puesto que, al excluirse
de la Unión Europea, Euskadi dejará de encuadrarse
en el área del Euro y adoptará una nueva moneda -que,
por comodidad, voy a designar convencionalmente como Eusko-, esas
empresas tendrán que cubrir el riesgo cambiario Eusko-Euro
suscribiendo la correspondiente póliza de seguro. Por otra
parte, deberán obtener las licencias pertinentes, gestionar
los trámites aduaneros y asumir retrasos en frontera. Todo
ello incrementará los referidos costes en una cuantía
que es difícil de precisar. Pero si se tienen en cuenta las
estimaciones que sobre este tema ha realizado la OCDE (3) -de acuerdo
con las cuales, en los países de mayor nivel de desarrollo,
las reglamentaciones aduaneras tienen una incidencia de entre el
2 y el 7 por 100 "ad valorem" y las retenciones fronterizas
otra de entre el 3 y el 6 por 100- se puede pensar que, como mínimo,
se elevarán en torno al 5 por 100. Y ello dará lugar
a una reducción adicional de las exportaciones que, bajo
los supuestos ya señalados, cabe evaluar entre el 2,3 y el
5,4 por 100 del PIB vasco.
Resumiendo,
el coste de la "No-España" en el terreno de las
actividades comerciales exteriores cabe estimarlo en una reducción
del producto regional -y, por tanto, del bienestar de sus ciudadanos-
que oscila entre el 3,6 y el 8,4 por 100.
Costes
Derivados a la Reacción Previsible de las Empresas: Deslocalización
Empresarial
Una
segunda fuente de costes derivados de la secesión hace referencia
a la reacción previsible de las empresas para afrontar las
nuevas condiciones institucionales y, más específicamente,
las reacciones que puede experimentar su demanda en el mercado español.
La presencia de las empresas vascas en este último abarca
una multiplicidad de suministros que se extiende desde el abastecimiento
energético hasta el mantenimiento de aeronaves, pasando por
el equipamiento de los hogares, la prestación de servicios
financieros o la provisión de trenes para ferrocarriles.
En buena medida, esa presencia se apoya actualmente sobre la actividad
de filiales de producción o distribución que se ubican
en las diferentes regiones españolas. Y, dado que una secesión
inamistosa podría ocasionar un rechazo de los productos de
origen vasco en el resto de España, sería previsible
la deslocalización de una parte de dichas empresas, bien
porque abandonarían Euskadi, bien porque segregarían
sus activos a fin de aislar sus actividades locales de las realizadas
en las demás regiones españolas.
Cuál
pudiera ser la dimensión de un fenómeno de deslocalización
de este tipo no se conoce, pues no se ha recabado información
entre los empresarios acerca del asunto. Sin embargo, ello no obsta
para que pueda formularse alguna hipótesis al respecto. Así,
en otro lugar he mostrado que adoptando el supuesto, a mi modo de
ver muy conservador, de que dicho proceso afectara a tan sólo
la cuarta parte del valor de las actividades de los diez grupos
industriales más grandes de cada una de las provincias vascas,
ello sería equivalente, en términos de valor añadido,
a una cifra del orden del 6,5 por 100 del PIB del País Vasco
(4).
Por
tanto, el resultado al que se llega al valorar los costes de la
"No-España", en lo que las reducciones de actividad
productiva se refiere, como consecuencia de una disminución
de las exportaciones y de un traslado de actividades a otros lugares,
oscila entre el 10 y casi el 15 por 100 de producto regional. Dada
la relación entre producto y empleo, tal caída de
la actividad se traduciría en una pérdida de entre
85.000 y 131.000 puestos de trabajo (5). En otras palabras, la tasa
de desempleo, que actualmente se cifra en el 9,25 por 100 de la
población activa, podría saltar hasta 18 por 100,
en el supuesto más favorable, o el 23 por 100, en el más
desfavorable. El País Vasco regresaría así
a los peores momentos de la década de 1980 cuando la reconversión
industrial cercenó una buena parte del empleo y arrastró
hacia empobrecimiento a un gran número de trabajadores. Y
si en aquel período Euskadi pudo apoyarse en el resto de
España para solventar su crisis gracias a una monumental
transferencia de recursos que pudo realizarse en virtud de la política
industrial, laboral y financiera del Estado, y que, a los precios
actuales, se puede valorar en no menos de 12.700 millones de Euros,
ello ya no será posible de realizarse la propuesta secesionista
del nacionalismo (6).
Gastos
Derivados del Ejercicio de Competencias Soberanas
Los
costes de la secesión no se agotan en los dos conceptos que
se acaban de exponer. Se extienden también a la necesidad
de sufragar los gastos que implicará, como derivación
del proyecto secesionista patrocinado por el nacionalismo gobernante,
la asunción de una nueva estatalidad, lo que conducirá
a una reducción de la renta disponible, especialmente por
los trabajadores. Dos son los tipos de elementos que deben considerarse
a este respecto: por una parte, la asunción de competencias
que actualmente no corresponden al gobierno autónomo, valoradas
no tanto por la participación del País Vasco en el
conjunto de España, sino según una dimensión
que ha de considerarse mínima para su ejercicio soberano;
y, por otra, debido a la separación con respecto a la Unión
Europea, la formación de una nueva moneda que, como ya se
ha señalado, denominaré Eusko.
Comenzando
por el primero de esos elementos, cabe tener en cuenta que, en el
caso de que se constituyera un nuevo estado, éste habría
de asumir el ejercicio de las competencias expresivas de la soberanía,
además de las que se derivan de la protección social.
Las primeras se refieren principalmente a la gestión de las
relaciones internacionales, la formación de un sistema de
defensa, el sostenimiento del sistema judicial y la supervisión
del sistema bancario. Y las segundas aluden en lo esencial al balance
entre prestaciones y cotizaciones del sistema de protección
social.
El desarrollo de las relaciones internacionales requiere la presencia,
a través de embajadas y servicios consulares, en otros países,
el apoyo a la actividad internacional de las empresas por medio
de la prestación de servicios de asesoramiento e información,
y la realización de acciones de cooperación, en especial
con los países menos desarrollados. El presupuesto anual
necesario para sostener todas estas actividades en el caso de un
servicio exterior relativamente modesto que comprendiera la existencia
de embajadores residentes en tan sólo la cuarta parte de
los países pertenecientes al sistema de Naciones Unidas,
así como en los principales organismos internacionales, puede
estimarse, a los costes vigentes en España (7), en unos 640
millones de Euros.
En
cuanto al sistema de defensa, la formación de un ejército
profesional con 10.000 soldados y mandos, incluyendo las adquisiciones
de material y sistemas de armas, así como la realización
de actividades de inteligencia, puede requerir un presupuesto anual
valorado en 760 millones de Euros.
Más
reducido es, en cambio, el coste imputable a la impartición
de justicia. Considerando el reducido tamaño del País
Vasco y su limitada población, suponiendo que la secesión
no diera lugar a un aumento de la delincuencia, estimo una cifra
anual de 60 millones de Euros. Y, por lo que concierne a la supervisión
del sistema bancario, dada la dimensión económica
de la región, los costes correspondientes podrían
cubrirse con una dotación de 34 millones (8).
Es
decir, el conjunto de los gastos que se derivan del ejercicio de
competencias soberanas se puede estimar en un mínimo de 1.494
millones de Euros anuales. Naturalmente esta cuantía habría
que financiarla mediante un aumento de la fiscalidad, aunque no
de una manera completa puesto que una parte se cubriría con
el importe del cupo que se paga al Estado y que, en su valoración
más reciente, está establecido en 1.091 millones de
Euros. Por tanto, el coste adicional de la soberanía se puede
valorar en 403 millones anuales; es decir, en un 0,97 por 100 del
PIB regional. Y si la cobertura de ese gasto se hiciera incrementando
los impuestos directos sobre la renta y el patrimonio, cada uno
de los ciudadanos del País Vasco tendría que pagar
a la hacienda foral un 9,2 por 100 más de lo que se le detrae
actualmente.
Como
ya se ha señalado, además de la referente a las competencias
soberanas, la secesión plantea la cuestión del balance
entre las cotizaciones y el coste de las prestaciones del sistema
de seguridad social, pues actualmente lo esencial de ese sistema
corresponde al ámbito competencial del Estado (9). En los
años recientes, tanto en el País Vasco como en el
conjunto de España, debido a la progresión del empleo,
ese balance se ha contabilizado con un signo positivo, pues el gasto
en pensiones, protección de los parados y otras prestaciones
económicas ha sido inferior al monto de las cotizaciones
de los trabajadores y empleadores. Así, tomando el ejemplo
del año 2001, cuyos datos se han publicado recientemente,
el superávit correspondiente se cifró en 741,3 millones
de Euros, cifra ésta de la que un 48 por 100 se lo anota
la Seguridad Social y el otro 52 por 100 el INEM.
Desde
el nacionalismo gobernante se esgrime el superávit aludido
para argumentar que, en el caso de que se produjera la secesión
del País Vasco, no sólo se podrían garantizar
las rentas de los perceptores de las prestaciones -que, en conjunto,
suman unas 522.000 personas; es decir, la cuarta parte de la población
de Euskadi (10) -, sino que además quedaría un remanente
que resultaría favorable para el equilibrio de las cuentas
públicas. Sin embargo, ese argumento oculta la posibilidad
de que, si la coyuntura económica se tornara adversa, entonces
no podría garantizarse la financiación de las prestaciones
sociales salvo que se arbitraran medidas específicas para
ello. Y es precisamente esa posibilidad la que hay que considerar,
pues, como antes se ha señalado, debido a su impacto sobre
el comercio exterior y la deslocalización de las empresas,
el proyecto de independencia, de llevarse a cabo, conduciría
a una reducción de la actividad productiva y a un aumento
del paro. Si esto fuera así, el número de ocupados
disminuiría -y, con ellos, la recaudación del sistema
de protección social- a la vez que el número de los
beneficiarios del seguro de desempleo aumentaría -con el
consiguiente incremento en el gasto de ese sistema-. Pues bien,
en estas circunstancias, bajo el supuesto de que no hubiera variación
en las cuantías individuales de las percepciones y cotizaciones,
el superávit del sistema se tornaría rápidamente
en un déficit cuya cuantía se puede estimar entre
146 y 610 millones de Euros, según que la tasa de paro se
situara, respectivamente, en el 18 o en el 23 por 100.
Lógicamente,
este déficit, en ausencia de una transferencia solidaria
de recursos procedentes del resto de los trabajadores españoles,
tendría que cubrirse por medio de un aumento de las cotizaciones
que gravan las retribuciones de los asalariados, pues son éstos
los perceptores principales de las prestaciones sociales. La cuantía
necesaria para ello equivaldría a una cifra de entre el 0,7
y el 2,8 por 100 de su remuneración total bruta. En otras
palabras, la solución financiera del problema de la seguridad
social en la Euskadi independiente que proponen los nacionalistas,
pasa necesariamente bien por un encarecimiento del factor trabajo
-que sin duda ha de dejar su secuela en un deterioro de la competitividad
de las empresas vascas- bien por una reducción de los salarios
nominales -que, si se produce, empeorará las condiciones
de vida de los trabajadores-. Ello, en el entendimiento de que esa
solución es en todo caso preferible a otra alternativa que
consistiría en reducir entre el 3 y el 12 por 100 la cuantía
media de las prestaciones sociales.
Adopción
de una Nueva Moneda
Queda,
en fin, la consideración de las posibles consecuencias de
la adopción de una nueva moneda -el Eusko- puesto que la
secesión conllevaría el abandono del Euro. El Eusko
se vería sometido, desde el primer momento, a tensiones difíciles
de gestionar. Así, la pérdida de actividad y mercados
a la que se ha aludido en la primera entrega de este trabajo, acabaría
reflejándose, de manera muy rápida, en un desequilibrio
de las cuentas exteriores, de manera que del actual superávit
comercial del 1,6 por 100 del PIB se pasaría a un déficit
situado entre el 2,4 y el 6,7 por 100 del PIB. Tal situación
implicaría una presión sobre el tipo de cambio Eusko-Euro
en el sentido de su depreciación. Pero esta última
no sería factible de manera fácil, tanto por motivos
políticos -pues, como la historia enseña, los gobiernos
de tinte ideológico nacionalista, suelen tender a fijar el
prestigio nacional en el valor de la moneda- como económicos
-debido a que la devaluación perjudica a los inversores foráneos
y se requiere una aportación externa de capitales para financiar
el déficit-. El resultado de todo ello no sería otro
que, como ha destacado el profesor Velarde (11), la realización
de una política basada en la elevación de los tipos
de interés y los ajustes salariales, con sus secuelas negativas
sobre el empleo y la actividad. Y todo ello en un ambiente sumamente
incierto "porque una moneda así sería pasto de
los especuladores".
La
Idependencia; Cien Años de Pobreza (Lehendakari Jesús
María de Leizaola)
Después
de este recorrido por los costes de la "No-España"
-que, a modo de síntesis, se resume en el cuadro- podemos
concluir que la promesa del lehendakari Ibarretxe está cargada
de malestar para los vascos: la actividad productiva, y con ella
la obtención de riqueza, puede llegar a disminuir hasta en
un 15 por 100 sobre su nivel actual; de ahí se derivará
necesariamente una pérdida de hasta 131.000 empleos y una
elevación de la tasa de paro hasta casi el 23 por 100; habrá
que financiar la constitución de la nueva estatalidad mediante
la elevación de la carga fiscal, de manera que deberá
pagarse, como media, más del 9 por 100 de lo que actualmente
se ingresa por el impuesto sobre la renta; los asalariados verán
aumentar sus cotizaciones casi un 3 por 100 para subsanar el déficit
de la seguridad social; y el sistema económico se verá
envuelto en tensiones monetarias que con toda seguridad empeorarán
las cosas aún más. Diríase, en definitiva,
que el ocupante del palacio de Ajuria Enea, y con él todo
el nacionalismo gobernante, quiere hacer efectiva la predicción
de su antecesor en la presidencia del Gobierno Vasco, cuando era
ésta una institución que sobrevivía en el exilio.
Preguntado en cierta ocasión el lehendakari Jesús
María de Leizaola por cuáles serían las consecuencias
de la independencia para Euskadi, contestó: "Cien años
de pobreza"12. Es triste que tal sea el destino de los pueblos
que se dejan llevar por la paranoia de sus gobernantes; y, si como
en la antigüedad señaló Herodoto, "no es
posible evitar lo que los dioses han decretado", confiemos
en que éstos no hayan emitido aún su definitivo dictamen.
1. Una discusión más extensa sobre
este punto puede verse en mi trabajo: Mikel Buesa (2002): "Economía
política de la secesión", "Papeles de
Ermua" nº 3. La idea de que el proceso secesionista
implicará la segregación del País Vasco con
respecto a la Unión Europea se encuentra implícita
en la primera "Declaración del Círculo de Empresarios
Vascos" (vid. "Papeles de Ermua" nº 3) y se
explicita mejor en su segundo comunicado sobre el tema (vid. El
Mundo, 2 de octubre de 2002).
2.
El detalle de estas estimaciones puede verse en Mikel Buesa (2002):
"El precio de la secesión", Hasta aquí,
nº 3.
3.
Vid. OCDE (2002): "Les conséquences économiques
du terrorisme"; incluido en Perspectives économiques
de l'OCDE, nº 71, y Patrick Lenain, Marcos Bonturi y Vincente
Koen (2002): "Les retombées du terrorisme: securité
et économie", L'Observateur OCDE, junio. Asimismo,
pueden encontrase estimaciones en igual sentido en Comisión
Europea (1999): Trade facilitation in relation to development,
Comunicación a la Organización Mundial de Comercio,
G/C/W/143 y WT/COMTD/W/60; y en Ernst y Whinney (1987): "The
cost of 'Non-Europe': boder related controls and administrative
formalities", incluido en Comisión de las Comunidades
Europeas: Research on the Cost of 'Non-Europe'. Basic Findings,
vol. 1.
4.
En Mikel Buesa (2002): "El precio de la secesión",
op. cit. se detalla la lista de las empresas consideradas, así
como los datos de base utilizados en esta estimación.
5.
Partiendo de la información que reúne la contabilidad
regional de españa del ine para el país vasco, he
estimado la siguiente regresión entre empleo (l) y pib,
utilizada para estimar las pérdidas de puestos de trabajo
mencionadas: l = 804,7 ln pib - 11351. el coeficiente de regresión
es r2 = 0,9898, lo que garantiza la precisión del ajuste.
6.
Los costes financieros de la política de reconversión
industrial española han sido estimados por Blanca Simón
(1997): Las subvenciones a la industria en España, Ed.
Consejo Económico y Social, Madrid. La imputación
regional se basa en las cifras de empleo y facturación
de las empresas receptoras de ayudas públicas que se recogen
en Mikel Navarro (1990): Política de reconversión:
balance crítico, Ed. Eudema, Madrid; y Mikel Buesa y José
Molero (1998): Economía Industrial de España. Organización,
tecnología e internacionalización, Ed. Civitas,
Madrid.
7.
Los datos de base proceden del Proyecto de Presupuestos Generales
del Estado para 2003, así como de diversas informaciones
que pueden obtenerse en la página web del Ministerio de
Administraciones Públicas.
8.
Se han tenido en cuenta en este caso tanto la importancia relativa
del País Vasco en la economía española, como
los costes operativos que reflejan las Cuentas anuales del Banco
de España (Banco de España (2002): Informe anual,
2001, Madrid).
9.
Vid. Juan Velarde Fuertes (2002): "De economía y secesión",
ABC, 6 de octubre de 2002
10.
Citado por Patxo Unzueta (2001): "Los costes de la independencia",
El País, 29 de noviembre de 2001.
11.
Vid. Juan Velarde Fuertes (2002): "De economía y secesión",
ABC, 6 de octubre de 2002.
12.
Citado por Patxo Unzueta (2001): "Los costes de la independencia",
El País, 29 de noviembre de 2001.
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