M. J. ALEGRE/COLPISA. MADRID
La economía española se desacelera. En el segundo trimestre frenó su ritmo de crecimiento por primera vez en casi dos años. Según los cálculos del Banco de España, el Producto Interior Bruto (PIB) aumento en ese periodo a un ritmo anual del 2,6%, frente a la expansión del 2,8% que registró entre enero y marzo. La diferencia no es muy significativa, pero supone un apreciable cambio de tendencia tras los avances continuados encadenados desde el verano de 2002. La principal causa de este deterioro radica en el mal comportamiento del sector exterior. El saldo entre exportaciones e importaciones de bienes y servicios, sumado a la debilidad relativa del turismo, afectado por los atentados del 11-M, restó 1,4 puntos a la tasa de actividad.
El efecto negativo del sector exterior también fue el motivo de que el Gobierno revisara la pasada semana a la baja la previsión de crecimiento para el conjunto del año, desde el 3% al 2,8%. Y es que entre enero y mayo las ventas a otros países se incrementaron apenas un 3,8%, la mitad de lo esperado, mientras que las importaciones se mantuvieron al alza por el impulso de la demanda.
El informe destaca, sin embargo, que la economía española se encuentra en un entorno internacional cada vez más favorable, sólo ensombrecido por el brutal encarecimiento del petróleo. Sus autores apuntan, en este sentido, que el hecho de que la evolución de las ventas al exterior sea peor que la de otros países «puede ser un indicio de pérdida de competitividad»,.
La demanda interna, basada en un consumo doméstico aún muy pujante y en el auge sostenido de la construcción, se vio reforzada en este caso por la mejor evolución de la inversión en bienes de equipo, con un avance anual que podría superar el 5% en el segundo trimestre.
El instituto emisor percibe algunos leves cambios en el modelo de crecimiento de la economía española, que se afianzarán cuando la construcción atenúe su expansión y la inversión se consolide, pero también advierte de algunos riesgos. Destaca, entre ellos, que la capacidad de financiación de las familias puede acabar por situarse en niveles muy reducidos, y el consumo doméstico terminará por resentirse, con lo que puede repercutir en el crecimiento. Y es que el crédito a los hogares para la compra de viviendas alcanzó en mayo un aumento del 23%, el nivel de endeudamiento ha seguido creciendo y la tasa de ahorro no va a recuperarse en el promedio del año.
Endeudamiento
Más endeudamiento y un elevado porcentaje de ahorro dedicado a pagar los intereses «podrían condicionar en el medio plazo la expansión del consumo y la inversión del sector de los hogares», alerta el Banco de España; sobre todo, si se produjeran aumentos significativos del coste de financiación o importantes correcciones en el valor de los inmuebles, acciones...
Recuerda el informe que los datos recientes de la evolución de los precios de la vivienda indican el mantenimiento de tasas de crecimiento elevadas, «aunque se ha producido una ligera desaceleración», matiza, en lo que más parece la expresión de un deseo.
Por ahora, no obstante, la solvencia patrimonial de las familias se mantiene, tranquiliza el instituto emisor, porque la riqueza no financiera de los hogares aumenta por el incremento del valor de los inmuebles, que compensa las oscilaciones de la Bolsa.
Los autores del informe perciben una moderación en el ritmo de crecimiento del mercado de trabajo, algo ya reflejado en la Encuesta de Población Activa (EPA) del segundo trimestre. Es un efecto que se ha extendido a prácticamente todas las ramas de producción.
Aconsejan, una vez más, que los aumentos transitorios en la tasa de inflación no se trasladen a los salarios, sino que las subidas de éstos se acomoden a la mejora productividad, basada, a su vez, en la inversión y en la utilización eficiente de unos factores productivos de calidad.