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Juan
Velarde Fuertes
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Papeles
de Ermua Nº 4, Diciembre 2002 - Enero 2003
De
la economía y secesión vasca
Por
Juan Velarde Fuertes
Un
referente inadecuado: el estado de Israel
El
País Vasco fue un "espoleador" extraordinario de
la economía española a través de sus exportaciones
del mineral de hierro preciso para el procedimiento Bessemer. También
por su alta competitividad, según Flinn, en el terreno de
la construcción naval y de los fletes, y por un espléndido
espíritu empresarial que explica multitud de actividades
españolas importantísimas. Pero también fue
un freno. Lo creó Cánovas del Castillo con el modelo
económico que decidió para las provincias vascas,
a causa de los conciertos económicos que rompían tanto
la unidad fiscal del Estado como la unidad del mercado español,
así como por el proteccionismo. Lo primero se suavizó
con la magnífica administración fiscal de las Diputaciones
Vascas.
Ahora
mismo se observa en ellas, según el "Boletín
de Estadística" del Banco de España, un claro
descenso en su deuda. Lo segundo, en cambio, perturbó extraordinariamente,
al sumarse a ese proteccionismo una actividad cartelizadora muy
favorable para las empresas vascas, pero pésima para los
consumidores nacionales. Recordemos, en este sentido, desde la Central
Siderúrgica de Ventas, creada por Prados Urquijo, al Consorcio
Papelero, defendido, por cierto, por Nicolás María
Urgoiti desde "El Sol" frente a Torcuato Luca de Tena
y "ABC". Pero todo eso, con sus luces y sombras, unió
a la economía vasca con mucha fuerza a la del resto de España.
Para entender si esto es fácil de escindir, o no, comienza
a existir alguna literatura seria. Se inicia con tres trabajos del
catedrático de Economía Aplicada, Mikel Buesa. Uno
es el titulado "Los sistemas regionales de innovación
en el País Vasco y de Navarra" (Instituto de Análisis
Industrial y Financiero de la Universidad Complutense, documento
de trabajo nº 29, 2001); los otros tres, interesantísimos,
y que abren panoramas muy nuevos para futuras investigaciones, son
"Autodeterminación-secesión y economía.
Economía política de la secesión", publicado
en "Papeles de Ermua", enero 2002 y el actual de Noviembre
de 2002, y "El precio de la secesión", aparecido
en "Hasta Aquí", enero-febrero 2002. Debe añadirse
la investigación de Alberto Abadie y Javier Gardeazábal,
"The economic cost of conflict: a case-control study for the
Basque Country" (National Bureau of Economic Research, w.p.
nº 8478, septiembre 2001).
Gracias
a él sabemos que en los últimos veinticinco años
el terrorismo causó una disminución del 10% en el
nivel del Producto Interior Bruto (PIB) por habitante que se hubiera
podido conseguir. Se obtiene así, de la mano del profesor
Buesa, uno de los mejores conocedores, junto con el profesor Molero,
de los problemas del sector industrial español, y muy especialmente
de todo lo relacionado con las cuestiones de productividad, competitividad,
tecnología e investigación científica esta
conclusión: "La competitividad de la economía
vasca anota unos resultados aceptables en el momento actual, pero
no suficientemente bien asentados sobre unos fundamentos sólidos
en lo que concierne a la generación interna de tecnología.
Por tal motivo, no sería sorprendente que las capacidades
competitivas que exhibe el País Vasco pudieran deteriorarse
en un horizonte de largo plazo, especialmente si alguna perturbación
interior o externa diera lugar a una restricción en los recursos
disponibles para financiar el esfuerzo investigador, o a una pérdida
de confianza de los agentes empresariales que se reflejan en una
reducción de sus inversiones". Por eso han sido oportunísimas
las observaciones recientes del Círculo de Empresarios Vasco.
Agreguemos, como otra cuestión fundamental, los niveles de
tráfico exterior del País Vasco en 1999. Se observa
que el 54,2% de las exportaciones se dirige al resto de España,
y que de ahí procede el 67,7% de las importaciones vascas,
con un déficit para el País Vasco que equivale al
7,2% del Producto Interior Bruto regional. Por tanto, como dice
Buesa, la dependencia de la economía vasca respecto a la
del resto de España es tal que la idea -expuesta al parecer
por Arzallus- de que "el papel de España en las relaciones
exteriores de la economía vasca es pequeño -y por
tanto fácilmente prescindible- no se sostiene. Más
aún -concluye Buesa-, ha de afirmarse que, en la perspectiva
de la actividad económica, a los vascos nos hace falta España".
Es indudable que la pretendida secesión vasca se plantea
permaneciendo en la Unión Europea. No va a ser fácil.
Véase el trabajo de Andrés Ortega y José María
de Areilza en "Claves de Razón Práctica",
marzo 2000, "Excisión y permanencia en la UE. Aproximación
a un marco teórico sin precedentes", contenidos que
también se recogen en este número de "Papeles
de Ermua".
Queda
clara después de su lectura, que lo infinitamente más
favorable en caso de tal secesión sería el veto español
a su incorporación inmediata, a lo que seguiría una
larguísima negociación. En lo económico, la
catástrofe acecharía por éstos y otros muchos
motivos, desde los serios problemas energéticos, que se agravaron
para el País Vasco con los atentados y cierre de Lemóniz,
al efecto sede que impulsaría la acción de multitud
de realidades empresariales. Nada digamos del posible retorno a
una moneda ajena al euro, lo que podría facilitar inflaciones
o bien, como sucedió con la II República y la política
de Carner y Chapaprieta, para buscar el mantenimiento de la cotización
de la moneda propia, con el fin de no provocar una colosal fuga
de capitales, subidas de tipos de interés y duros efectos
en el empleo y la actividad, porque una moneda así sería
pasto de los especuladores.
Solamente
existe en Occidente un Estado creado en condiciones traumáticas:
Israel. Hoy Israel, a pesar de la formidable ayuda que recibe, exhibe
una caída, en tasa anual del Producto Interior Bruto del
1,7%; un descenso en la producción industrial del 1,8%; una
inflación del 6,2%; un déficit comercial del 6,1%
y otro del 2,3% en la balanza corriente; una caída del cambio
respecto al dólar; tipos de interés dobles a los de
la zona del euro y, según el American Express Bank, una deuda
pública que supera el 100% del PIB.
Eso
sería poco al lado de lo que ocurriría en el País
Vasco, sin gran solidaridad internacional ni aceptación de
tamaños sacrificios por buena parte de una población
que contemplaría, sin ir más lejos, la espléndida
realidad de una Navarra inserta en España y Europa. La Historia
no apoya esa secesión, pero la economía, tampoco.
Los chapelchiquis de "Momentum catastrophicum" el delicioso
relato del escritor vasco Pío Baroja, se frotan las manos,
y hunden al país.
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