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El Diario Vasco, 13 de noviembre de 2003

ANÁLISIS

No quieren

IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Cuanto antes nos acostumbremos, tanto mejor. De ahora en adelante, los indicadores económicos referidos al País Vasco serán objeto de una atención inusitada y se convertirán en auténticos termómetros de la evolución del contencioso político que nos consume y agota. La publicación de los datos referidos a las inversiones extranjeras es una excusa perfecta para ahondar en este debate.

Por mucho que el Gobierno y la propia Confebask traten de minimizar la cuestión, las cifras son tan elocuentes que exigen una reflexión serena, pero profunda e inmediata. En el primer semestre del año en curso hemos atraído al País Vasco el 0,34% del total de las inversiones que llegan a España desde el extranjero, una cifra ciertamente ridícula cuando se la compara con el 6,25% que, al parecer, suponemos en su PIB. Y, si el dato actual es malo, la tendencia que marcan los tres últimos años es horrible.

¿Es esto culpa del plan Ibarretxe? En mi opinión, es tan injusto y arbitrario atribuirle la responsabilidad total de la situación como exonerarle de ella por completo. El plan Ibarretxe ha añadido unas perjudiciales dosis de incertidumbre e indefinición a un panorama al que la excesiva crispación de los sindicatos nacionalistas y la intolerable pervivencia del terrorismo habían convertido ya en muy poco atractivo para las inversiones extranjeras.

Los políticos nacionalistas acostumbran a no tener en cuenta los efectos que provocan sus actos. Piensan que los empresarios pueden apechugar con cualquier circunstancia por negativa que sea y tienden a menospreciar las consecuencias de la incertidumbre. Podrían fijarse en las Torres Gemelas. Podrían fijarse en los efectos de la incertidumbre, pero no quieren.