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ABC, 3 de junio de 2004 Nacionalismo económico FERNANDO FERNÁNDEZ Repite el presidente que lo que es bueno para Europa es bueno para España. Pero va a tener que utilizar todos sus encantos para convencer al comisario Monti, o a quien le suceda al frente de la política de defensa de la competencia, de que lo que es bueno para Cataluña es bueno para Europa. Aunque es verdad que en ese viaje estará bien acompañado. Francia y Alemania siguen anteponiendo las necesidades de sus grandes empresas industriales a los intereses de los consumidores y a las posibilidades de crecimiento económico y liderazgo mundial. En los tiempos de la Transición, cuando casi todos éramos antiimperialistas, hizo fortuna entre los economistas un artículo titulado «La vía nacionalista del capitalismo español» que enlazaba el pensamiento económico de la oposición al franquismo con la experiencia francesa de intervención estatal. Se argumentaba que los poderes públicos debían incentivar la creación de grandes campeones nacionales mediante la fusión de empresas. Como en muchas otros aspectos de la política, el franquismo, en su vertiente caciquil y autárquica, pervive en alguna de nuestras autonomías y, sin duda, en la anunciada fusión de Endesa y Gas Natural, auspiciada por la Caixa con el visto bueno del Gobierno. Tanto que es posible hoy hablar de la vía nacionalista catalana al desarrollo español. En eso se está quedando la España plural, en una bicefalia que amenaza con extenderse al sector de las telecomunicaciones. La posible fusión será una
buena noticia para las empresas afectadas, pero, desde luego, no lo es
para los consumidores ni para aquellos socialistas que acertadamente pensaban
que la mejor política industrial es la que no existe. Puede ser
una buena noticia para la Caixa que, exenta de la disciplina de los accionistas,
puede adentrarse en aventuras industriales vetadas a los bancos porque
verían penalizada inmediatamente su cotización bursátil.
Puede ser una buena noticia para aquellos que creen en la necesidad de
controlar la globalización, de limitar el ámbito del mercado,
de someter la economía al predominio de la política. Porque
de política nacionalista se trata, de crear la gran empresa catalana
que evite la pérdida de pujanza, de un proteccionismo encubierto,
refinado y culto. Pero ya hemos visto en otras Autonomías los problemas
en que se meten las Cajas de Ahorros cuando se ponen al servicio de los
intereses políticos. Se nos promete volver a Europa, pero se nos
ofrece la Europa fortaleza, la Europa esclerotizada de las grandes empresas
intervenidas por el sector público. Precisamente la Europa que
nos ha conducido a la parálisis económica, al estancamiento
y a la irrelevancia. Pero una Europa en la que España, a diferencia
de los grandes países que se han asegurado el derecho de veto para
defender sus intereses nacionales, juega con las cartas marcadas por viejas
ideas económicas de la transición y con la autoridad dividida
entre poderes autonómicos que no tienen claro si son Estado o son
otro Estado. |