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La
sociedad vasca se encuentra en un cruce de caminos entre la autonomía
y la independencia
(TXESTXU BERRUEZO)
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Las
cifras de crecimiento, producción, exportación
y desempleo son mejores que las del resto de España
y alimentan el sueño independentista
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Roberto
Velasco, economista: 'La economía vasca depende de
la española más que la catalana. Cuando España
va bien, Euskadi va muy bien, y al revés'
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La
renta 'per cápita' de los vascos ha superado ya la
media europea y se sitúa, con 18.755 euros por habitante,
a la cabeza de las regiones españolas
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José
María Vizcaíno, empresario: 'Hemos soportado
y soportamos el terrorismo, pero nuestro peor enemigo ahora
es la incertidumbre política'
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El
País - Domingo, 31 de marzo de 2002
EL
PRECIO ECONÓMICO DE LA SOBERANÍA
¿Es viable una Euskadi independiente?
El
nacionalismo vasco celebra hoy el Aberri Eguna, el Día de
la Patria, con la reivindicación común de alcanzar
la soberanía de Euskadi. El proyecto independentista de las
diversas organizaciones que configuran el nacionalismo vasco se
enfrenta a una realidad compleja tanto en el ámbito territorial
como en el político y social. Pero si algo se puede cuantificar
es el coste económico de una hipotética independencia
JOSÉ
LUIS BARBERÍA
Según
los últimos datos publicados por los institutos de estadística
de la Unión Europea (Eurostat), de España (INE) y
de Euskadi (Eustat), la renta per cápita de los vascos ha
superado ya a la media europea y se sitúa (con 18.755 euros
por habitante y año) a la cabeza de las regiones españolas,
un 20% por encima de la media nacional.
En
sólo media década, la economía vasca ha pasado
de estar caracterizada como una 'economía industrial en declive'
a reaparecer transformada en un foco industrial muy productivo y
capacitado para competir en el mercado internacional. Las cifras
de crecimiento, producción, exportación y desempleo,
sensiblemente mejores a las del resto de España, alimentan
el renovado sueño del independentismo vasco, en un momento
en el que el nacionalismo en el poder parece instalado en la perspectiva
soberanista y baraja la ruptura-superación del marco estatutario
y constitucional vigente.
A falta
de verdaderos estudios, algunos economistas empiezan a interrogarse
seriamente sobre la viabilidad de un Euskadi independiente, una
cuestión, siempre nebulosa, que hasta hace bien poco suscitaba
comentarios lapidarios, como si la hipótesis no mereciera
ser tomada en consideración, como si estuviera condenada
de antemano.
También
entre el empresariado vasco aflora una inquietud inédita
que lleva a algunos de sus representantes a indicar que por primera
vez a lo largo de estas últimas décadas, duramente
castigadas por el terrorismo, 'el corazón y la cabeza han
empezado a divorciarse irremisiblemente'. ¿El nacionalismo
político tiene suelo económico suficiente para adentrarse
en la vía soberanista? ¿Tiene razón el presidente
del PNV, Javier Arzalluz, cuando afirma (agosto de 2.001) que 'los
vascos no necesitamos a Madrid para nada?'.
Obviar
a España -no sólo el nombre de España, vocablo
proscrito, impronunciable desde décadas en el vocabulario
nacionalista- es un ejercicio al que el soberanismo se aplica con
renovado interés, mientras el Gobierno vasco trata de abrirse
paso en las instancias europeas. El nacionalismo sueña con
instaurar el eje Vitoria-Bruselas, quiere hacer pie en la Unión
Europea para poder distanciarse de ese Madrid (inevitable metáfora
de España) al que, en el mejor de los casos, sólo
acierta a mirar de soslayo, recelosamente.
¿Euskadi
puede permitirse el lujo de obviar a España teniendo en cuenta
el alto grado de dependencia de su economía? El comercio
exterior del País Vasco ascendió el pasado año
al 61% del PIB, pero más de la mitad de las ventas realizadas
fuera de la comunidad autónoma se dirigieron al resto de
España. Y fue el mercado español el que cubrió
la mayor parte (el 66%) de sus importaciones, preferentemente de
materiales (inputs) intermedios para la fabricación industrial
y de alimentación fundamentalmente.
El
proceso de globalización en curso, indican algunos analistas,
permite reducir esa dependencia en la medida en que facilita el
comercio y la adquisición de medios financieros y de productos
en el exterior, pero eso no anula, sostienen, la dependencia orgánica
de una industria como la vasca, estructurada para abastecer el mercado
español. 'La economía vasca tiene un grado de dependencia
de la española mayor que el de Cataluña', afirma el
economista Roberto Velasco. 'Exporta dos billones de pesetas al
año, pero su imbricación con la economía española
es absoluta. Dadas sus diferentes estructuras económicas,
cuando España va bien, Euskadi va muy bien, y cuando España
va mal, Euskadi va peor', asegura.
Cabe
pensar que la segregación obligaría al País
Vasco a indemnizar a España por los bienes estatales existentes
en esta comunidad: puertos y aeropuertos, estaciones de ferrocarril,
instalaciones industriales, edificios públicos, etcétera.
Eso sin hablar de posibles disputas sobre las compensaciones por
las inversiones públicas españolas en sectores estratégicos
transferidos. Naturalmente, el Estado vasco debería pagarse
su policía autonómica, la Ertzaintza, hoy costeada
con los presupuestos del Estado, un eventual ejército, cubrir
las ayudas económicas a las empresas destinadas a incentivar
la exportación, la renovación tecnológica a
las empresas y correr con los gastos que conlleva la representación
diplomática exterior.
Medio
billón de pesetas
La
Seguridad Social es otro elemento a considerar. 'Las pensiones en
Euskadi suponen al año medio billón de pesetas. Hoy
no sería un problema, porque se recauda por encima de esa
cifra, ¿pero qué pasaría si se redujera nuestro
nivel económico y el empleo?, se pregunta Carmelo Urdangarin,
analista y ex secretario del grupo cooperativo de máquina
herramienta Danobat. 'Tenemos una población bastante mayor,
la tasa de natalidad más baja de Europa, unas pensiones que
aumentan entre el 5% y el 8% y cada vez vivimos más. Podría
ocurrir', apunta, 'que llegáramos a añorar la caja
única de la Seguridad Social española'.
Con todo, economistas como Antton Pérez de Calleja y Alberto
Alberdi, director de Estudios Económicos del Gobierno vasco,
subrayan, con otros, que éste es un debate exclusivamente
político. Dicho de otro modo: Euskadi podría ser independiente
sin que su economía se resintiera, siempre que las relaciones
comerciales con España continuaran siendo las actualmente
existentes y que ese futuro Estado vasco siguiera estando al abrigo
de Europa.
De
hecho, el proyecto nacionalista, permanentemente envuelto en la
ambigüedad de los términos soberanía, autodeterminación,
superación del marco político, etcétera, parte
del supuesto de que la independencia llegaría a través
de un proceso escalonado que no alteraría sustancialmente
las cosas. Ahí está, sin embargo, el nudo gordiano
del asunto, porque ninguna de las dos premisas parecen resistir
un razonable análisis de proyección política.
'Se habla del Mercado Único europeo, pero se pasa de puntillas
sobre el mercado español, y justamente la clave empresarial
está hoy en el mercado', indica Alfonso Basagoiti, presidente
de la Corporación IBV y antiguo consejero de Hacienda del
Gobierno vasco. 'Yo también creo', dice, 'que Euskadi podría
ser viable económicamente si la separación se hiciera
sin traumas, de forma pactada, si pudiéramos quedarnos en
Europa y no perder mercado. El problema', destaca, 'es que cuando
se habla de soberanismo hay que separar la teoría de la práctica,
y todo indica que sin un acuerdo con el Gobierno central el coste
económico sería grave o muy grave', afirma.
Ciertamente,
aunque la economía va bien, la política vasca sigue
fatalmente empantanada y las relaciones entre los Ejecutivos de
Vitoria y Madrid son más bien pésimas. Un País
Vasco independiente quedaría automáticamente fuera
de la UE, y cabe pensar razonablemente que el Gobierno español
utilizaría sus recursos diplomáticos, políticos
y económicos, incluido el derecho de veto que le asiste,
para evitar o retrasar en lo posible la integración del 'nuevo
Estado vasco' como miembro de pleno derecho.
Tampoco
parece que los países motores de la UE estén dispuestos
a avalar en su seno un proceso autodeterminista que estimularía
las pretensiones de casi medio centenar de regiones europeas. El
último encuentro entre el presidente de la Comisión,
Romano Prodi, y el lehendakari, Juan José Ibarretxe, no ha
debido resultar muy estimulante para los intereses nacionalistas.
'Mire, lehendakari, sus problemas tiene que resolverlos en el Estado
español, es un asunto interno. Europa no va a aceptar nada
que no decida el Estado español', vino a decirle Romano Prodi,
de acuerdo con la versión instalada en medios empresariales
y políticos.
De
igual manera, puede pensarse que un proceso de secesión contaminado
políticamente por décadas de terrorismo no dejaría
indiferente a la sociedad española ni a los actores económicos.
Según el catedrático Mikel Buesa, el impacto de la
secesión podría tener efectos devastadores, dada la
fuerte integración en el mercado español de las 30
mayores empresas que facturan el 60% del PIB vasco. 'La aparición
de fronteras y de aranceles supondría una alteración
radical del contexto en el que se mueven estas empresas líderes
y podría dar lugar a reestructuraciones adaptativas destinadas
a preservar su cuota de mercado y a defenderse de las posibles reacciones
de rechazo de los consumidores a los productos vascos, que serían
tanto más intensas cuanto menos consensuada fuera la secesión',
afirma este catedrático. 'Por ello', añade, 'no sería
de extrañar que algunas de esas empresas acabaran deslocalizándose,
abandonando el País Vasco, o que experimentaran procesos
de segregación de activos con objeto de aislar sus actividades
de ámbito regional con respecto a las realizadas en el resto
de España'.
¿Se
puede separar, pues, la economía de la política, como
simula creer el nacionalismo? En realidad, nadie sabe, tampoco seguramente
el nacionalismo democrático, cuál puede ser el desenlace
del proceso soberanista. Tras las elecciones del 13 de mayo último,
en las que Batasuna perdió 70.000 votos, los sectores independentistas
del PNV y de EA han encontrado un nuevo argumento en su estrategia
de integrar al nacionalismo violento en algún punto del camino
hacia la soberanía plena. Dadas las dificultades del empeño,
se piensa, sin embargo, que el nacionalismo vasco pretende situar
al País Vasco al borde mismo de la separación, pero
sin llegar a dar el último paso, una posición que
le permitiría aprovechar, de hecho, las ventajas de una cuasi
independencia y ahorrarse los inconvenientes de vivir a la intemperie,
sin la cobertura y la interlocución que aporta un gran Estado.
El
sueño nacionalista contempla fórmulas como la de un
'Estado vasco asociado a España', mira el caso de Puerto
Rico (asociado a EE UU), se fija en la soberanía del land
de Baviera, intenta sacar conclusiones del proceso de Quebec. Sea
cual sea el desenlace, y al margen incluso del incipiente debate
teórico sobre la economía política de la secesión
vasca, el problema es que algunos analistas y un buen número
de empresarios creen detectar ya perjuicios económicos reales
derivados de la incertidumbre que cubre el horizonte político
de Euskadi. En el documento que el Círculo de Empresarios
Vascos entregó meses atrás a Ibarretxe, con el título
El coste de la no España, se afirma que el discurso soberanista
está incidiendo negativamente en la economía. 'Hemos
soportado y soportamos el terrorismo, pero nuestro peor enemigo
ahora es la incertidumbre política', afirma José María
Vizcaíno, el presidente de ese club que agrupa a medio centenar
de grandes empresas vascas. 'Tenemos que saber para qué luchamos
y hacia dónde vamos. A mí me preocupa que los ciudadanos
de fuera de Euskadi empiecen a no entendernos', indica. José
María Vizcaíno habla de una sociedad vasca habituada
a la inhibición y al silencio, de una burguesía mucho
menos dinámica que la catalana, de una clase política
impotente que no es capaz de darle una perspectiva clara al país
y de actuar con coherencia. 'Asistimos', dice, 'a una fuga de capital
humano impresionante. Perdemos centros de decisión: el BBVA,
Iberdrola, el Grupo Correo; vemos empresas que buscan desarrollarse
en otra parte. Se nos van las mejores promesas, buenos técnicos
y financieros que no ven aquí oportunidades profesionales.
Se nos van', apunta, 'no exactamente por la presión de ETA,
sino por la atmósfera cerrada y de incertidumbre, por el
ambiente, la falta de ilusiones, la tristeza que impera en tanta
gente. ¿Y qué responde el sistema? El sistema dice
que si se van es porque son malos vascos'.
Los
teóricos aciertan en el caso vasco cuando indican que el
terrorismo produce pérdidas de ingresos por turismo, un menor
flujo de inversión extranjera, destrucción de infraestructuras
y lo que denominan el 'coste de oportunidad' derivado de los recursos
destinados a combatir la violencia, pero es posible que nunca llegue
a saberse con exactitud el precio económico pagado por los
vascos.
Pese
a las dificultades del empeño, dos analistas: Alberto Abadie
y Javier Gardezábal, han evaluado ese coste en el 10% del
PIB vasco en un estudio en el que también extraen conclusiones
de la favorable evolución de las cotizaciones en Bolsa que
experimentaron las empresas vascas durante la tregua de ETA. El
director de Estudios del Gobierno Vasco, Alberto Alberdi, cree,
sin embargo, que el 'peso de la mochila' del terrorismo que soporta
la economía vasca es imposible de cuantificar en términos
de renta y productividad. 'Es posible que el coste de la violencia
sea incluso mayor que esa cifra, pero me parece que no hay datos
suficientes y por eso no me convence el análisis'.
Falta
talante liberal
A falta
de un verdadero estudio, algo inexistente en la actualidad -del
lado nacionalista, nadie ha pasado hasta ahora de una somera contraposición
de argumentos-, Alberto Alberdi sostiene que el soberanismo no tiene
por qué resultar traumático. 'El problema vendría
en todo caso de una declaración de guerra comercial a muerte
por parte de España, porque lo que falta precisamente', dice,
'es un talante liberal'. Al contrario que otros muchos economistas
y hombres de empresa que coinciden en la idea de que fuera de la
UE 'hace un frío de congelación', Alberto Alberdi
afirma que seguramente se exagera el impacto de una hipotética
expulsión de Euskadi de la UE. Y opina algo parecido sobre
los efectos de la posible animadversión de los mercados españoles.
'Puede que al principio, durante algún tiempo, llegara a
existir algo de eso; ha ocurrido, de hecho, en Checoslovaquia, pero
supongo que luego las aguas volverían a sus cauces. No tiene
porqué ser determinante'. Y añade: 'Además,
tampoco tengo claro que a la UE le interesara mantener a Euskadi
fuera de sus fronteras, porque podría encontrarse con un
nuevo paraíso fiscal en Europa. Mi impresión es que
los argumentos económicos no son determinantes', subraya,
al tiempo que reconoce que tampoco está convencido de que
la independencia traería consigo un grado de bienestar mayor
que el que comporta actualmente la autonomía'.
El catedrático de Economía de la Universidad Complutense
Mikel Buesa opina de forma bien distinta. 'Los datos contables demuestran
que la economía vasca necesita mantener su alto nivel de
conexión exterior para asegurar el funcionamiento de sus
actividades productivas y generar las rentas correspondientes al
nivel de vida actual de la población vasca', ha escrito en
un artículo de próxima aparición. '¿Sería
posible mantener esas actividades y rentas si finalmente el nacionalismo
logra imponer la secesión en el País Vasco? La respuesta
a esta cuestión es claramente negativa si se acepta que la
secesión dejaría a Euskadi fuera de la UE, ya que
las barreras arancelarias', argumenta, 'elevarían automáticamente
los precios de esas exportaciones y reducirían su cuantía'.
Según este catedrático, sólo el 'coste directo'
de la 'no España' alcanzaría una cifra del orden del
9,5% del PIB vasco.
Polémica
por el Concierto Económico
EL
DOCUMENTO
DEL CÍRCULO de Empresarios, dado a conocer en plena crisis
entre Madrid y Vitoria por la discusión del Concierto Económico,
ha sido considerado por el poder nacionalista como una intromisión
política. 'La respuesta ha sido el insulto', dice José
María Vizcaíno, aludiendo a las descalificaciones
personales que el presidente del PNV, Javier Arzalluz, vertió
contra él. El ex consejero del Gobierno Vasco Alfonso Basagoiti
niega, sin embargo, que la declaración del Círculo
de Empresarios, todo un aldabonazo, responda a intereses políticos
partidarios. 'Dentro de nuestra organización no se da esa
dicotomía entre nacionalistas y no nacionalistas. De hecho,
cuando se fraguó el Pacto de Lizarra nosotros no abrimos
la boca porque creímos que aquello propiciaba la paz. Sólo
reaccionamos cuando se rompió la tregua y vimos la enorme
división abierta. El País Vasco no ha funcionado nunca
cuando ha estado dividido, y ahora se está propagando esa
fractura entre las dos comunidades políticas de nacionalistas
y no nacionalistas'. 'Por encima de todo', destaca Alfonso Basagoiti,
'somos empresarios preocupados por la grave situación de
nuestro país. Vemos la sangría de capital humano,
los recelos que despertamos fuera, las dificultades para atraer
a altos ejecutivos, a la gente que traslada parte de su infraestructura
empresarial a Madrid para poder quitarse de en medio unos días,
personas que no pueden pagarse unos escoltas. En fin: ves que Euskadi
se ha convertido en un sitio poco agradable y te sientes interpelado'.
'Ningún proyecto', concluye el ex consejero del Gobierno
vasco, 'puede construirse sobre la base de una desconfianza institucional
tan grande'.
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El
éxodo de 200.000 vascos
IMPOSIBLE
SABER cuáles son las razones que han llevado a abandonar
Euskadi a cerca de 200.000 personas en los últimos 15 años.
No hay estudios y apenas datos, más allá de la constatación
de que las reestructuraciones de la industria pesada llevaron a
muchos trabajadores vascos de origen emigrante a volver a su lugar
de procedencia. ¿Cuántos empresarios vascos han huido
del País o modificado su política empresarial espantados
por la presión terrorista o simplemente abrumados por el
clima político? 'No creo en los grandes números',
señala Alfonso Basagoiti. Pienso además que hay mucho
de mito en la teoría de la fuga masiva del empresario, porque
la gran mayoría han aguantado y aguantan aquí a pie
de obra'. Es el caso de este bilbaíno de 10 generaciones
que cada vez que recibe la carta de ETA -últimamente los
escritos de chantaje vienen con un código de referencia personalizado
para cada cliente- tiene un debate en casa. 'Uno de mis hijos propone
que nos vayamos, pero el otro me dice que resista. Si mi mujer no
estuviera conmigo esto se habría acabado. Tengo todo el tiempo
la sensación de que quieren echarnos de nuestro país
y la verdad es que', indica, 'si no fuéramos vascos nos habríamos
ido hace tiempo. Viajo bastante por otras zonas de España
y veo que la imagen de Euskadi se deteriora, no por los vascos en
sí, sino por el terrorismo y todo lo que conlleva. El problema
no es pretender la independencia, porque todo se puede hablar. El
problema surge cuando el proyecto político se hace contra
el otro, cuando se mata o se extorsiona', subraya. 'Repito, a mí
no me asusta lo de la soberanía, lo que me espanta es que
ese proyecto esté en el entorno del asesinato. Por eso',
afirma, 'me parece una barbaridad que se promueva la vía
de la autodeterminación cuando la violencia está de
por medio. Es una locura porque alimenta todavía más
la violencia. Y sé de lo que hablo', dice. 'En mi fábrica
tuvimos una situación violenta con simpatizantes de ETA,
y sólo pudimos arreglarlo con un pacto entre todos para plantarles
cara y echarlos. En el fondo son unos cobardes ¿sabe usted?
Se arrugan cuando ven que la gente esta decidida. Nunca llegaremos
a saber cómo de bien le habría ido a la economía
vasca sin esa gente'.
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