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El Mundo, 13 de noviembre de 2003 EDITORIAL
Son muchos
los puntos de vista desde los que resulta rechazable la política
del PNV cristalizada en el plan secesionista de Ibarretxe.Un aspecto no
menor es el de las negativas repercusiones económicas que acarrearía
al País Vasco. Diversos estudios han mostrado hasta ahora el resultado
que tendría para la economía vasca el apartamiento del Estado
en aspectos tan obvios como la salida de la zona euro, la separación
de la UE o la exclusión de la OMC. En asuntos de economía
doméstica, baste el ejemplo de que un País Vasco separado
tendría que destinar el 68% de su presupuesto actual sólo
para pagar las pensiones de sus jubilados. Es significativo que una comunidad que ha representado siempre el dinamismo y la apertura a otros mercados y que encabeza el ránking español de renta ciudadana muestre estos síntomas de flaqueza. El escenario de inestabilidad, confrontación e inseguridad que promueve Ibarretxe es la peor tarjeta de visita para el exterior.Que Euskadi se perciba como destino inseguro de la inversión es el legado que el PNV aporta con su locura separatista a los ciudadanos vascos. En tiempos de crisis internacional es una irresponsabilidad con consecuencias sobre algo muy tangible: el bolsillo de una rica comunidad.
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