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El
Diario Vasco, 2 de agosto de 2003
Uriarte
pide que no se «politice la justicia» y se preserve
«la separación de poderes»
El
obispo de San Sebastián reclama a jueces y políticos
que velen por «el recto funcionamiento» de la democracia.
Insta a los partidos a dialogar y buscar consensos
JORGE
SAINZ./DV. AZPEITIA
El
obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, señaló
ayer que «no sería recomendable ni la tendencia a judicializar
la política ni la propensión a politizar la justicia»,
a la vez que defendió el principio de la separación
entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial y «el
recto funcionamiento del sistema democrático».
El
prelado donostiarra expresó de esta forma su preocupación
por la crisis institucional instalada en Euskadi con el enfrentamiento
judicial entre el Tribunal Supremo y el Parlamento Vasco, a causa
de la negativa de la Cámara a disolver al grupo de Sozialista
Abertzaleak, y el posterior cruce de acusaciones entre formaciones
nacionalistas y constitucionalistas.
Uriarte
eligió la tradicional misa en la Basílica de Loyola,
en Azpeitia, con motivo de las fiestas de San Ignacio, para lanzar
un mensaje a la clase política en favor del diálogo
y el consenso para evitar que «la confrontación política
debilite la cohesión social». En su homilía,
leída en presencia del lehendakari Ibarretxe y el diputado
general de Gipuzkoa, Joxe Joan González de Txabarri (PNV),
pidió a «legisladores, jueces y gobernantes que velen
por mantener sano nuestro sistema democrático».
El
obispo de San Sebastián consideró «preocupante
escuchar voces autorizadas de personas y organismos de diversa procedencia
que se preguntan si se da en todos los casos la debida separación
e independencia» entre los poderes, como garantía básica
de «sanidad» de la democracia. Por ello, insistió
en que «ha de evitarse toda apariencia de subordinación
entre estos tres grandes pilares del Estado».
Condena
a ETA
El
prelado donostiarra citó también otros principios
a preservar. Aprovechó su defensa del «valor intangible
de la vida humana» para repudiar «el recrudecimiento
de la oleada de atentados de ETA», el último de ellos
la acción frustrada contra una empresa de Azkoitia. «Estamos
obligados no sólo a condenar moralmente con el máximo
rigor la conducta de sus autores, inspiradores y colaboradores,
sino a defender con palabras, gestos y acciones a todos los realmente
amenazados por ETA», dijo antes de reconocer que «es
lamentable y vergonzoso que todavía sea necesario repetir
estas palabras».
El
papel de los medios de comunicación también fue analizado
en su discurso. Denunció que muchos ciudadanos reciben, «sin
el debido contraste, una avalancha de información y de opinión
unidireccional que deforma su visión de la realidad y los
conduce a demonizar algunas posiciones». Por ello, instó
a los medios de comunicación a buscar «la verdad rigurosamente».
Uriarte
rechazó el actual clima de confrontación entre partidos.
En este sentido, afirmó que la sociedad vasca «está
harta y desmoralizada por la desmesura de algunos políticos
y columnistas».
A su
juicio, «la pasionalidad y los intereses políticos
buscados a ultranza han intensificado las agresiones verbales, las
acusaciones infundadas, las malinterpretaciones tendenciosas, la
calumnia y el insulto».
Por
ello, el titular de la diócesis donostiarra advirtió
de que cuando «se pierde el respeto a las personas y a la
palabra, se da un paso atrás hacia la barbarie y un decisivo
paso adelante hacia la violencia pura y dura». Uriarte concluyó
esta reflexión instando a los políticos a «dialogar»,
ya que esta vía «es necesaria para que los diversos
proyectos políticos que respetan los derechos humanos y se
atienen a vías pacíficas puedan moderar sus aspiraciones
en aras del consenso social que asegura una paz estable».
El
obispo finalizó su homilía señalando que «las
actuales circunstancias llevan consigo la tentación de cancelar
el diálogo y de instalarse en el bloqueo y la incomunicación».
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