JESÚS BASTANTE/MADRID
El obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, pidió ayer a las formaciones políticas vascas «una voluntad integradora que se empeñe en que los diversos grupos políticos, incluso los más extremos, participen en la edificación de esta comunidad cívica, que ha de ser labrada entre todos y para todos».
Durante su homilía con motivo de la festividad de la Virgen de Aránzazu, patrona de Guipúzcoa, y que contó con la presencia, entre otras autoridades autonómicas y locales, del lendakari, Juan José Ibarretxe, Uriarte instó a los políticos a alcanzar «una pasión por la paz que les dé lucidez, flexibilidad y generosidad para recortar», en aras de dicha paz, «una parte de las legítimas aspiraciones de sus formaciones políticas. El bien superior de la paz y la reconciliación así lo reclama».
Tras recordar que «muchos ciudadanos que anhelan un pueblo pacificado y reconciliado mantienen con respecto al futuro próximo una encendida esperanza, no exenta de temor», monseñor Uriarte se preguntó si «se acercarán entre sí las posiciones encontradas de las formaciones políticas. ¿Desaparecerán definitivamente de nuestra vida la pesadilla de ETA y las escoltas de los amenazados? ¿Se aliviará verdaderamente el hondo y largo sufrimiento de las víctimas?».
«Obligación moral» por la paz
«¿Comenzará a respirarse en nuestras calles una sensación saludable de que la paz es realmente posible?», apuntó el obispo de San Sebastián, quien también mostró su intención por que se vaya gestando «un clima en el que sea más que posible pedir y ofrecer nuestro perdón». «¿Podrán todos los ciudadanos participar efectivamente en la edificación de esta comunidad mediante el ejercicio de sus derechos cívicos? ¿Se favorecerá de modo tangible y práctico la relación fluida y frecuente de todos los presos con sus familiares?», inquirió el prelado.
«Nadie puede asegurar que el camino que reiniciamos nos va a conducir a la meta deseada», señaló en su homilía Juan María Uriarte, quien, a continuación, resaltó que «los hijos e hijas de este pueblo tenemos la obligación moral de contribuir a que estas esperanzas no se malogren. Nuestros representantes políticos tienen en el cumplimiento de este empeño una responsabilidad particular».
Finalmente, monseñor Uriarte pidió a la patrona de Guipúzcoa «una aceptación mental, vital y cordial de la pluralidad de este pueblo», lo que en su opinión «nos llevará a respetarnos en nuestras diferencias y a valorar el patrimonio y la tarea que tenemos en común, más que lo que nos distingue entre nosotros».