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DEIA,
27.09.03
Estimado
Sr. D. Antonio María Rouco Varela:
La
Conferencia Episcopal Española que usted preside ha publicado,
con fecha del 22 de noviembre de 2002, una instrucción Pastoral
que nos ha dejado confundidos a los que ejercemos nuestro ministerio
sacerdotal en las comunidades de nuestra Iglesia Local de Bilbao.
Pasamos a exponerle los motivos:
1 Destacamos
como muy positiva la condena que la Instrucción hace de ETA
y la contundente afirmación de que constituye una “estructura
de pecado”. Sin embargo, el texto no hace mención alguna
al magisterio claro y contundente, individual y colectivo, de los
obispos de las diócesis vascas ante la violencia y el terrorismo
de ETA. Esta llamativa ausencia ya fue señalada por algunos
prelados en el debate de la plenaria. La omisión de un magisterio
tan antiguo e inequívoco nos parece extraño, injusto,
y una falta grave de comunión episcopal. En el nº 3
de la Instrucción se dice: «A pesar de las reiteradas
condenas que la inmensa mayoría de personas y grupos sociales
hacen de la violencia terrorista, a veces se observan ambigüedades
que ocultan el enjuiciamiento moral coherente de la asociación
terrorista». Esta afirmación unida a la omisión
que comentábamos ha dado pie a que muchos piensen que con
este documento la CEE ha querido corregir el magisterio de los prelados
vascos por ambiguo y poco coherente.
2 La
sospecha fundada de que los obispos más cercanos al problema
de los nacionalismos votaran en contra o se abstuvieran y los más
alejados fueran favorables a suscribir el documento ha generado
división en las comunidades cristianas.
3 Es
verdad que la Instrucción dice no entrar a valorar el nacionalismo
en general (nº 26), pero a lo largo de ella se advierte claramente
un espíritu y unas expresiones de sospecha y condena del
nacionalismo en su conjunto, tal como lo atestiguan las interpretaciones
de numerosos comentaristas. Y ello se hace, evidentemente, desde
unas opciones nacionalistas españolas, a las que implícita
y acríticamente se las considera ajustadas a la doctrina
social de la Iglesia. A los nacionalismos periféricos, democráticos
y legítimos, desde el punto de vista moral, se les considera
peligrosos.
4 Dentro
de la Instrucción se realiza una apropiación tendenciosa
y abusiva de la Doctrina Social de la Iglesia. En el número
28 del documento se hace una referencia a Juan Pablo II. Esta cita
está mutilada y se presta a una interpretación sesgada,
ya que sólo recoge los riesgos de secesión y omite
de la cita todo lo que pudiera “favorecer” a las naciones
con soberanía espiritual y a los nacionalismos no totalitarios.
¿Por qué no recogieron del discurso del Papa que «los
casos son complejos y muy diversos y cada uno de ellos pediría
un juicio diferente» y no aluden tampoco a los riesgos que
conlleva el conculcar los derechos de las minorías (del mismo
discurso papal) por parte de los gobiernos?
5 La
Instrucción afirma que el Estado (español) es «fruto
de largos y complejos procesos históricos» (nº
34 y 35) sin hacer valoración alguna de la moralidad o inmoralidad
de dichos procesos, cosa que sí hacen cuando hablan de las
naciones y de los nacionalismos. Vinculan el surgimiento de ETA
al nacionalismo totalitario, pero no hablan para nada de la tiranía
franquista en el hecho de su surgimiento. Tampoco hacen mención
alguna del secular centralismo exacerbado del Estado español
y la represión de la cultura vasca. Estos hechos jamás
han sido condenados por la CEE, antes bien, los obispos españoles
calificaron como cruzada lo que fue un alzamiento militar y que
luego desembocaría en una dura represión social y
política.
6 Es
un texto que ha creado una confusión moral. Frente a los
que tienen por legítimas y morales las opciones políticas
que se basan en el respeto de los derechos humanos y en ausencia
de la violencia, la Instrucción extiende una mancha de inmoralidad
a las opciones nacionalistas de las naciones sin estado. De este
modo, la Instrucción en lugar de ser “luz evangélica”
se ha convertido en motivo de confusión, oscuridad y malestar
para muchos. La prueba está en que algunos obispos han tenido
que realizar afirmaciones de este estilo: «no deben sentirse
inquietados en su conciencia por la doctrina que sobre ciertos temas
propone», «no es en sí mismo moralmente vinculante».
7 Es
un texto que no indica camino alguno a los artesanos de la paz y
ha creado gran inquietud y decepción en muchos de ellos que
buscan nuevas fórmulas políticas, construidas entre
todos y para todos.
Son
más los puntos de discrepancia y discusión que ofrece
la Instrucción. No los queremos agotar. Nos hacemos una pregunta.
Con tantos flecos colgando y con tantas grietas abiertas en la Instrucción,
¿qué es lo que ha impedido un trabajo más serio
y consensuado?, ¿por qué tantas prisas en publicarla?,
¿a qué intereses soterrados se ha querido servir?.
Por
todas estas razones le decimos: que nosotros no nos sentimos vinculados
a los juicios emitidos en esta Instrucción pastoral. Seguimos
suscribiendo y acogiendo como pauta pastoral la última carta
pastoral de nuestros obispos: PREPARAR LA PAZ (29-5-2002).
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