|

DENUNCIA.
Jaime Larrínaga, ayer en un curso de la Complutense en El
Escorial. / EFE
|
|
El
Correo, 6 de agosto de 2003
Los
obispos españoles piden una reacción decidida frente
al nacionalismo totalitario
El
secretario de la Conferencia Episcopal considera «dolorosísima»
la marcha del párroco de Maruri
AGENCIAS/MADRID
El
secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE),
Juan Antonio Martínez Camino, reclamó ayer a los católicos,
en relación a la situación del ex párroco de
Maruri, Jaime Larrínaga, una reacción «razonable
y pacífica, pero ciertamente decidida y neta, frente a un
tipo de nacionalismo totalitario» que definió como
«contrario a la ley de Dios».
El
portavoz de los obispos españoles, en declaraciones a la
Cadena Cope, recordó que los prelados «han dicho una
palabra clarísima denunciando el nacionalismo que está
en el trasfondo de la actividad de ETA y de su entorno, que es un
nacionalismo contrario a la ley de Dios, que idolatra y tiene como
ídolos sus propios proyectos y los sanguinarios que están
dispuestos a sacrificar a las personas».
Respecto
a la salida de Larrínaga de la que ha sido su parroquia durante
36 años, Martínez Camino explicó que la Conferencia
Episcopal «respeta» las actuaciones de los obispos en
sus diócesis, donde son la máxima autoridad pastoral,
y dijo desconocer los motivos por los que Ricardo Blázquez
no asistió a la última misa del sacerdote en Maruri,
un hecho al que restó importancia por considerar que el obispo
de Bilbao tampoco asiste a otras eucaristías.
El
secretario de la CEE calificó la partida de Larrínaga
como un «caso dolorosísimo», y consideró
que la decisión del cura había sido consensuada con
su superior en la diócesis, a quien definió como un
hombre «muy dialogante y comprensivo ante una situación
insostenible».
A su
juicio, el caso de Maruri es reflejo de una «situación
de fondo que la Conferencia Episcopal ha denunciado con una claridad
absoluta» en su documento sobre la valoracion moral del terrorismo
en España, de sus causas, y de sus consecuencias, publicado
en noviembre pasado. Allí, los obispos denunciaban que hay
una sociedad que sufre un tipo de nacionalismo totalitario que no
permite el desarrollo de una vida social en circunstancias normales».
Martínez
Camino añadió que «los sacerdotes no deben entrar
en la política cotidiana, pero sí en la gran política
de defender los derechos fundamentales de las personas que están
implicadas en el anuncio del Evangelio».
Dar
la cara
Por
su parte, Jaime Larrínaga aseguró en El Escorial,
donde participó en un curso de verano de la Universidad Complutense,
que dejó la parroquia de Maruri porque «la feligresía
pasaba por una situación de heroicidad», al tiempo
que reclamó a la Iglesia «que dé más
la cara ante la situación del País Vasco».
Larrínaga
denunció que «los afectados por el virus del nacionalismo
no tenían piedad y el odio cada vez era mayor» en la
localidad vizcaína, por lo que finalmente decidió
abandonar. El cura aseguró que ha encontrado «poco
apoyo entre sus hermanos sacerdotes» en los últimos
años, y aunque destacó que el obispo de Bilbao, Ricardo
Blázquez, sí le respaldó con ofrecimientos
como el de facilitarle una vivienda segura, «no fue solidario»
al no concelebrar con él la última misa en la parroquia.
El
ex párroco recibió ayer el apoyo del Foro de Ermua,
que en una nota expresó su «indignación»
por las declaraciones de Iñaki Anasagasti, en las que el
diputado del PNV consideraba que el sacerdote había enfrentado
a los vecinos del municipio vizcaíno y no había sido
«un hombre de paz». Para el Foro, esta afirmación
es «de manera indirecta, legitimadora de la amenaza de ETA».
|