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ABC, 1 de febrero de 2004

Libros: Los curas de ETA. La iglesia vasca entre la cruz y la ikurriña

«Te retractarás ante Setién»

«Claro que se tiene miedo. Cuando ves a diez metros de tu cuarto una calavera o contemplas cómo tales personas no te saludan, o escriben cosas ...

PREPUBLICACIÓN. Jesús Bastante ha estudiado uno de los asuntos más vidriosos e interesantes de la reciente historia española: la relación de la iglesia y el terrorismo en el País Vasco y el resultado es un libro apasionante (prologado por José Bono), porque apasionantes «y a menudo terribles» son las historias y tramas que trascurren bajo una apariencia de normalidad y «ortodoxia». Cierra el estudio una exhaustiva cronología y un completísimo «quién es quién».

Mensaje en una calavera

Sr. Beristain Ipiña, su comportamiento contrario al sufrimiento del pueblo vascongado, opuesto al que durante tantos años asumió a favor de la defensa de los derechos inalienables de Euskal Herria nos determinan a considerarlo enemigo de Euskal Herria. Sus posturas públicas inequívocamente favorecedoras del Estado represor español han provocado el hartazgo en Euskal Herria, por lo que es usted un objetivo de nuestra organización. En tal sentido,le invitamos a que abandone Euskal Herria o en caso contrario será objetivo militar.
Gora Euskadita Askatasuna E.T.A

El 21 de noviembre de 2002, el jesuita y criminólogo Antonio Beristain, de setenta y nueve años de edad, volvió a sentir de cerca las amenazas de muerte que ya había sufrido en tiempos de Franco en Deusto y en Oviedo, «porque los falangistas pensaban que yo iba con ETA porque denunciaba las torturas, pero yo no defiendo el terrorismo, nunca lo he defendido». A diez metros de la puerta de la casa de los jesuitas en Villa Soroa, una calavera sin mandíbula inferior sujetaba un folio con el anagrama de ETA. Un serio aviso, según la Policía Nacional, muy al estilo de la mafia italiana y sus cabezas de caballo junto a la cama del hombre en el punto de mira. No ha sido la primera vez que este sacerdote e intelectual, alto y espigado, con la mirada astuta de un zorro que trata de adelantarse al pensamiento de su interlocutor, por reivindicar la dignidad de las víctimas, ha sido objeto de las amenazas del entorno terrorista. «Hace unos tres años, más o menos por la época de la fundación del Foro El Salvador, once profesores de la Universidad del País Vasco estuvimos perseguidos por un comando. El rector, Manuel Montero, nos advirtió.» Poco tiempo después, la Guardia Civil le recomendó prudencia: habían detenido a un comando terrorista y, en sus papeles, habían encontrado una fotografía de Beristain recogiendo el premio Brosetta de la convivencia. Era el 15 de enero de 2001.

En esta ocasión, además de la calavera que todavía hoy preside (pese a las repetidas súplicas de su secretaria, que «no sé por qué guarda esa cosa») uno de los rincones de su despacho en el Instituto Vasco de Criminología, a las afueras de San Sebastián, la novedad reside en una sombra que lo acompaña día y noche. Desde el 20 de diciembre de 2002 (la primera entrevista para este libro tuvo lugar un día después), Antonio Beristain lleva escolta. «Antes había tenido alguien que me acompañaba al entrar y salir de casa, incluso contravigilancia, pero escolta, jamás. No es algo que pedí ni de lo que me sienta orgulloso.» «Yo pienso vivir muchos años, pero lo lógico es que muera antes que usted. Luego es normal que me guarde cosas para cuando llegue el momento», apunta el jesuita mientras se pierde en las pilas de papeles de su despacho en busca de un documento, un libro dedicado, una imagen de la paloma de la paz, recuerdos de toda una vida y secretos que algún día saldrán a la luz. Y es que la vida de Antonio Beristain ha estado salpicada de conflictos, suficientes como para escribir varios libros. Procedente de una familia religiosa y profundamente vasca («mi padre aprendió castellano a los once años»), aunque nacido en Medina de Rioseco (Valladolid), Antonio Beristain presume de vascuence. «Vine al País Vasco con cuatro años. He veraneado en Zarauz. Toda mi vida, desde mi juventud hasta ahora, con algunos paréntesis, la he pasado en el País Vasco. Mi vocación nació aquí. Me enorgullezco de ser vasco.»

De Franco a ETA: una vida entre amenazas

Sin embargo, no son pocos los que lo acusan de españolista, aunque «no siempre ha sido así». Jesuita desde 1941 y sacerdote a partir de 1956, la trayectoria de Beristain ha estado salpicada por la polémica desde que entró en la universidad pública, en 1968, por divergencias con sus superiores. «Hasta 1972, yo celebraba la misa todos los domingos en la iglesia de las Salesas, intentaron prohibirme y la solución que se dio fue quitar la misa de una en Oviedo.» En el plano moral, sus consideraciones sobre la existencia del infierno o el aborto le han colocado en una posición delicada en el seno de la Iglesia. Pero ha sido su posicionamiento en contra de la violencia (primero, contra la tortura y la pena de muerte; entonces y después, contra los asesinatos terroristas) el que más problemas le ha granjeado. Y los que, en el plano humano, hacen que sienta temor por su propia vida. En 1973, durante un congreso en Siracusa, Beristain habló de terrorismo, «pero sin defenderlo. La gente de Franco me estaba siguiendo (...), por si decía algo raro». Paradójicamente, la policía secreta (...) lo tenía custodiado por las amenazas de algunos grupos falangistas: «En una ocasión estaba enviándole un telegrama a Franco para que no hiciera efectivas varias condenas a muerte, cuando un hombre que estaba a mi lado me lo recriminó. Resulta que él era policía y me estaba protegiendo, sin que yo lo supiera.»

Otro ejemplo: en 2001, comenzaron a verse, en las fachadas de San Sebastián, pero también en paneles de la Universidad del País Vasco y la de Deusto, carteles amenazantes contra Beristain, Carlos Martínez Gorriarán y Mikel Azurmendi. El jesuita recogió uno de esos panfletos en un corcho junto a su propio despacho. (...)