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El Correo, 16 de noviembre de 2003

Calumnia que algo queda

JUAN BAUTISTA IRAZOQUI/PÁRROCO DE LEITZA

El pasado 9 de noviembre EL CORREO publicó un artículo de opinión que, bajo el título '¿Aprovechemos las víctimas!', firmaba Daniel Portero de la Torre, portavoz de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Dicho artículo contiene algunas afirmaciones totalmente falsas que me afectan personalmente y a las que, como párroco de Leitza, me veo obligado a responder.

Señala el autor que «Cuando ETA asesinaba en los años setenta, ochenta e incluso en los noventa, en multitud de ocasiones en los propios funerales la familia y los amigos del asesinado tenían que soportar misas en euskera» y después de calificar de «farsa» a estas misas, pasa a hablar del aniversario del asesinato de Juan Carlos Beiro y de la misa que con tal motivo celebramos el día 24 de septiembre de 2003 en la parroquia de Leitza.

Y refiriéndose a los hechos desagradables que tuvo que soportar en aquella circunstancia, dice textualmente: «El primero de ellos fue que no teníamos plena seguridad de que la misa se oficiara en castellano o español y por ello algunos tuvimos que hablar con el sacerdote para convencerle de que el padre de Juan Carlos, que era de Granada, y su madre, creo que de Asturias, no iban a entender nada si la misa se recitaba en vasco. Igualmente, pudimos observar cómo el sacerdote que ofició la Eucaristía nunca hizo referencia al asesinato de un ser humano sino más bien a la muerte de Juan Carlos (como si el terrorismo fuera una causa natural de morir hoy en día). En ningún momento el sacerdote se acercó a la familia a darle el pésame o ¿por lo menos! un saludo, hola, adiós, lo siento, ¿nada de nada!».

En respuesta a esta sarta de falsedades paso a exponer los hechos tal como sucedieron. Para preparar la misa de aniversario, en primer lugar hablé varias veces por teléfono con María José, la viuda de Juan Carlos Beiro, a fin de saber cuál era su voluntad. Desde luego, quedó bien claro que la misa iba a ser celebrada íntegramente en castellano. Por otra parte, María José decidió también el día y la hora de la misa, el miércoles, 24 de septiembre, a las 13.00 horas; a los sacerdotes de la parroquia nos parecía mejor que se celebrara en domingo, para facilitar una mayor asistencia del pueblo, pero respetamos su voluntad de mantener la fecha exacta del aniversario. Aunque yo estaba haciendo ejercicios en Aránzazu, desde allí le comuniqué que me vendría a celebrar esa misa, a pesar de que en la parroquia había otro sacerdote. Ella me lo agradeció sinceramente.

El día del aniversario, en cuanto la vi en la iglesia, fui, con el otro sacerdote de la parroquia, a saludarla, así como a los padres de Juan Carlos. Ella nos dio a entender que estaba pasándolo muy mal. Seguidamente los sacerdotes fuimos a la sacristía, en donde se presentaron tres personas que dijeron ser una de ellas del Ministerio y las otras dos de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Venían con cierta inquietud porque habían visto en la pantalla de los cantos la letra del «Juntos como hermanos» y sospechaban que se trataba de la traducción de alguna canción vasca. Les aclaramos que era un conocido canto de entrada para la misa y, al parecer, quedaron tranquilos.

En la homilía desarrollé tres puntos: en primer lugar, un acercamiento cariñoso y cálido a la familia en esa situación de sufrimiento, pues «nunca haremos lo suficiente para poner nuestros paños cálidos de amor que amortigüen su dolor y remedien, en parte al menos, el daño irreparable»; a continuación, una «inequívoca denuncia y condena de esa conculcación del primer derecho humano que es el derecho a la vida». Y, dicho esto, traté de iluminar nuestra celebración desde la Palabra de Dios para terminar con una oración a «ese Jesús de la vida para que no haya más muertes como ésta (...). Que se oiga con más fuerza las palabras del perdón y del amor que las del odio y el terror. Y que con san Francisco de Asís trabajemos por la paz».

Era necesario hacer estas puntualizaciones para informar verazmente a la opinión pública y especialmente a las víctimas del terrorismo. Espero que los lectores juzguen por su cuenta el porqué del título de mi escrito.