¡Basta Ya! Imprimir documento

La Voz de Galicia, 6 de agosto de 2003

Ibarretxe triunfa en Maruri

JOSÉ MARÍA CALLEJA

NO HA hecho falta que salgan los siete borradores del lunático de Ibarretxe para comprobar, una vez más, la absoluta falta de piedad de los nacionalistas con las víctimas. Jaime Larrinaga, hasta ahora cura de Maruri (Vizcaya), se suma a la larga lista de ciudadanos vascos que, presionados por eta y desesperados por la falta de apoyo del PNV, han hecho las maletas y se han marchado de la tierra en la que nacieron. Éste es el problema, éste es el principal problema: fuera de la iglesia nacionalista, no hay salvación. Éste es el mensaje que el nacionalismo, el que mata y el que no, lanza permanentemente a todos los habitantes de la comunidad autónoma vasca. Si usted es nacionalista, tendrá buena consideración social, podrá expresar sus opiniones políticas en voz alta y hará rentables negocios económicos. Si usted no es nacionalista y lo expresa, tiene riesgo de que le vuelen la cabeza, entrará en el bombo de los amenazados, no podrá hablar en voz alta, acabará llevando escolta y le quemarán la librería. Ante este panorama, ante esta perversión, ante esta situación dictatorial, todavía no me explico cómo algunos seguimos dispuestos a luchar por las libertades, con lo fácil que es llevarse bien con el régimen nacionalista.

En el caso de Jaime Larrinaga se reúnen todos los pliegues del horror, aquí esta el ADN de la persecución. Larrinaga se va porque los feligreses que le apoyan le cuentan que por ese apoyo son mal vistos en el pueblo, se les presiona, se les hace la vida imposible hasta el punto de tener que ir a misa a otros pueblos. A Larrinaga los muy católicos padres del PNV, los que se dan la paz en misa todos los domingos, le han dicho que no quieren que dé la comunión a sus hijos, que no quieren que les dé la catequesis, que no quieren oír sus misas, ni darle la mano ni recibir la comunión ellos tampoco. Todo ello dentro del catolicismo practicante.

Larrinaga se ha ido, sobre todo, por esa presión a sus feligreses, por ese acoso que él ha sufrido, y que lleva a un alcalde del PNV a buzonear un panfleto contra Larrinaga por todo el pueblo, cosa que el mismo alcalde no ha hecho jamás con ninguno de los criminales, responsables de los asesinatos cometidos por eta mientras él era alcalde.

En este repugnante clima va el portavoz del PNV, Inaki Anasagasti, y dice que Larrinaga no es un hombre de paz. O sea que Josu Ternera sí puede estar en la comisión de derechos humanos del Parlamento vasco gracias al apoyo del PNV, pero Larrinaga no puede dar misa en Maruri porque no es de la comunión nacionalista.

Es para comer cerillas. No hay región en toda Europa en la que se pueda perpetrar semejante atropello, no hay país con régimen democrático en el que pueda ocurrir semejante escenificación de ausencia de piedad, falta de piedad nada cristiana, digo yo.

Maruri es el microcosmos en el que ya ha triunfado el plan del lunático de Ibarretxe: un pueblo sin nacionalistas, un pueblo en el que mandan los nacionalistas y los que no piensan como ellos o se callan o se largan con viento fresco. Ni Franco lo hubiera hecho mejor con la oposición. Estamos otra vez en el régimen nacional católico.