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EL CORREO, 2 de agosto de 2004

El obispo Uriarte dice que «todos los partidos» deberían participar en la normalización de Euskadi

Aboga por acompañar a las víctimas aunque no se compartan sus «opciones políticas»

O. BARRIUSO/AZPEITIA

El obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, hizo girar la homilía pronunciada ayer con motivo de la festividad de San Ignacio de Loyola en torno a la «reconciliación» de la sociedad vasca, una de las tareas «más vitales y urgentes» que, en opinión de la Iglesia, deben acometerse en Euskadi y una «obligación moral» de sus ciudadanos.

El prelado citó dos etapas irrenunciables en el camino hacia ese país reconciliado: la «normalización política» y la pacificación definitiva tras un año largo sin atentados y tras haber dejado atrás una fase de «oscuridad e impotencia». Para lograr el primer objetivo, Uriarte consideró que «todos» los partidos vascos deberían «poder» implicarse en la elaboración de una «fórmula de convivencia» que pueda ser asumida por el conjunto de las fuerzas políticas aunque no las satisfaga «del todo». «Todos ellos deberían estar dispuestos a recortar sus legítimas aspiraciones en aras del bien superior de la paz, construida entre todos y para todos», apostilló.

El obispo hizo así una velada alusión a la ilegalizada Batasuna, a la que no citó en ningún momento a lo largo de su alocución ante los fieles. No obstante, dejó claro que «en la casa común hemos de caber todos, siquiera apretándonos un poco» y confió en que, aunque estos criterios «morales» puedan parecer «casi utópicos», los vascos encuentren «la generosidad, la paciencia y hasta el ingenio» para darles cauce a través de «fórmulas adecuadas», que no concretó.

Respecto a la consecución de la paz, el prelado consideró «necesario, urgente y capital» que «callen para siempre las armas que matan, extorsionan y amedrentan», en respuesta al «clamor popular masivo» que dijo percibir en la sociedad vasca para que ETA ponga fin a su «atrocidad» terrorista.

Restañar heridas

No obstante, Uriarte advirtió de que «un pueblo pacificado no es aún un pueblo reconciliado» y anticipó que será necesario «restañar heridas antiguas y recientes», mitigar «mutuas y viejas desconfianzas» y que todas las partes implicadas hagan «autocrítica» y tengan «la generosidad para perdonar y la humildad para pedir perdón».

En la preparación de esa Euskadi a la que apeló, y para allanar el camino, el obispo de San Sebastián pidió la colaboración de todos los responsables políticos, sociales, sindicales, así como de organizaciones empresariales, instituciones educativas y medios de comunicación. Y garantizó la aportación de la Iglesia vasca a este «nobilísimo objetivo».

El obispo también tuvo palabras reconfortantes para las víctimas de ETA y para los presos de la banda. Instó a la sociedad vasca a «acompañar, escuchar, ayudar y reparar» a las primeras, para tratar de «suavizar su traumatismo y sufrimiento», pero sin «apropiarse» de su dolor para tratar de obtener «provecho político» de su tragedia. Como novedad, monseñor Uriarte animó a la ciudadanía a acercarse a las víctimas aunque no comparta «las opciones políticas de algunas de ellas» y «sin que el temor a confundir ambas cosas nos retraiga de estar a su lado».

Inmediatamente después, el prelado abogó por «humanizar» la situación de los reclusos etarras y sus familias porque, según dijo a los fieles reunidos en Loyola, «la red de sufrimiento y justo descontento» que genera la política de alejamiento «dificulta gravemente el camino hacia una reconciliación social».