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La
Jornada, 3 de junio del 2002
El
destino de Euskal Herria como nación sólo lo deben
decidir sus habitantes, dicen
Advierten
358 curas vascos sobre las graves consecuencias que traería
ilegalizar Batasuna
Armando
G. Tejeda
Madrid,
1º de junio. Un grupo de 358 sacerdotes católicos del
País Vasco envió ayer una carta a la Conferencia Episcopal
Española (CEE) en respuesta a los "ataques que han recibido
los obispos de la Comunidad Autónoma Vasca", en la que
advirtieron sobre las "consecuencias" que traería
a la región la futura ilegalización de Batasuna, considerada
el brazo político de ETA.
Una amplia mayoría de los curas vascos se solidarizó
así con los tres obispos a los que el gobierno español
tachó de "inmorales", y dijeron que Madrid ha creado
un "entorno poderosamente hostil" en la región,
sobre todo a raíz del trámite de la nueva ley de partidos
políticos, creada para desaparecer del escenario político
a la coalición de la izquierda separatista vasca Batasuna,
la cual representa a 10 por ciento del electorado vasco y defiende
la ideología del grupo armado.
La acción de los obispos católicos motivó que
el viernes el presidente del gobierno español, el conservador
José María Aznar, presentara una queja formal ante
el Vaticano para que llame a los prelados "al orden".
El Vaticano anunció este sábado que "de momento"
no piensa intervenir en la polémica en respeto a la soberanía
de las respectivas diócesis de los obispos.
Los 358 sacerdotes vascos enviaron la misiva en la que manifiestan
su coincidencia con la postura de los obispos sobre las consecuencias
futuras de la ley de partidos, y exigieron el "cese de toda
violencia", al tiempo que alertaron que la "conciencia
de pertenecer a un pueblo llamado Euskal Herria se va afirmando,
desarrollando y creciendo cada día a pesar de un entorno
estatal poderosamente hostil".
Estos sacerdotes, según informó ayer Radio Euskadi,
reconocieron además que "la realidad vasca como pueblo
está atravesando una serie de problemas como consecuencia
de grandes oposiciones y dolorosos conflictos políticos,
sociales y culturales que demandan soluciones que superen los enfrentamientos".
Agregaron los religiosos que por lo anterior demandan "el cese
de la violencia" y "el reconocimiento de los derechos
individuales y colectivos sin excepción", en alusión
a uno de los reclamos históricos en la región, la
autodeterminación, uno de los orígenes del conflicto.
Además sostienen que "lo único que tiene legitimidad
como valor democrático para determinar el destino y configuración
de Euskal Herria como nación es la decisión libre
y democrática de sus miembros, lo antidemocrático
es entorpecer o negar el ejercicio de ese derecho fundamental de
autoderminación que reclama la mayoría" del pueblo
vasco.
Mensaje a la CEE
Pero los sacerdotes también lanzaron un mensaje a la propia
CEE, que se deslindó de la postura de los obispos y además
criticó la intención de los prelados vascos que demandan
una Iglesia vasca autónoma y con administración propia.
El ministro de Asuntos Exteriores español, Josep Piqué,
calificó la carta de los 358 sacerdotes como "inmoral
y absolutamente contradictoria con los valores de la Iglesia".
Más duro fue el dirigente del Partido Popular (derecha) vasco,
Carlos Iturgáiz, quien acusó a los sacerdotes vascos
de estar a las "órdenes de su amo Arzalluz", en
alusión al presidente del moderado Partido Nacionalista Vasco
(PNV), en el gobierno regional, y de "apoyar a los verdugos
y no a las víctimas". De su lado, el vocero de los socialistas,
Jesús Caldera, criticó la "ceguera" de los
religiosos vascos ante una ley "debatida de forma democráctica".
La postura de las tres formaciones de la coalición del gobierno
vasco, el PNV, Eusko Alkartasuna e Izquierda Unida, fue radicalmente
distinta, al sostener que la Iglesia vasca mantiene una postura
"realista y comprometida con los diálogos para la paz",
por lo que "aplauden" las "líneas generales
de la pastoral y asumimos el clima de incomunicación política
que denuncian los obispos, pero debemos señalar que es vergonzoso
y una aberración criminalizarla (a Batasuna), lo que refleja
la mente fascista de Aznar".
Arzalluz añadió que "a éstos (en referencia
a Aznar y la oposición socialista) les gustan los obispos
como los de antes, que recibían en palio al caudillo. Espero
que no pretendan llevar bajo palio a Aznar ahora, pero eso es lo
que les gusta y en cuanto se salen del guión, ya veis el
linchamiento".
El dirigente vasco explicó que la solución del conflicto
vendrá de la distensión, el diálogo y la negociación,
"independientemente de que la policía tenga que actuar
cada vez que maten a alguien o extorsionen o atropellen a alguien".
El origen de este enfrentamiento es la carta pastoral "Preparar
la paz", en la que los obispos de Bilbao, Ricardo Blázquez;
de San Sebastian, Juan María Uriarte, y de Vitoria, Miguel
José Azurmendi, se manifestaron radicalmente en contra de
las intenciones del gobierno y del principal partido opositor, el
Socialista Obrero Español, a la futura ilegalización
de Batasuna.
Esta declaración pública provocó un torbellino
político y severas críticas desde el gobierno del
presidente Aznar, que los acusó de favorecer la "impunidad"
de Batasuna y dar cobertura a los violentos antes que a las víctimas
de las acciones terroristas de la organización.
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