|
EL CORREO, 23 de junio
de 2004
OPINIÓN/Ni Flick ni Flock
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA
Las comisiones de investigación no se han distinguido en España
por su capacidad de generar información veraz o de alcanzar conclusiones
aceptadas por todos. Han servido, más bien, para airear ante la opinión
pública, con mayor resonancia mediática que en el debate parlamentario
de todos los días, las mismas posiciones encontradas que la gente ya
conocía de antemano. Falta todavía en nuestro país esa
tradición de «convenciones constitucionales» que, en los
de cultura, por ejemplo, anglosajona, hace que la indagación de la verdad
se sobreponga a los intereses partidistas en este tipo de investigaciones parlamentarias.
En el caso concreto de la comisión que acaba de constituirse en el Congreso
para indagar las circunstancias que concurrieron en el atentado del 11-M, a las
dificultades inherentes a toda comisión de investigación se añade
la específica de que los componentes de ésta comienzan a trabajar
sin saber exactamente qué quieren investigar o con la voluntad de investigar
cosas absolutamente dispares. Tras enunciar -para quedar bien ante la opinión
pública y con una ingenuidad que más parece cinismo- que su objetivo
común consiste en poder evitar en el futuro la repetición de actos
criminales como el de aquel día, los partidos han elaborado una lista
de comparecientes que sólo sirve para poner de manifiesto el interés
particular de cada uno en desacreditar al contrario. Y es que, en realidad, o
bien todo lo que podía saberse de aquel atentado ya lo sabemos, o bien
lo que falta por saber no podrá nunca ser aclarado en una investigación
parlamentaria. La gente seguirá pensando, cuando la comisión cierre
sus puertas, exactamente lo mismo que ahora piensa: que el Gobierno mintió o
que la oposición manipuló. Nadie podrá siquiera tapar la
boca a ese tercer grupo minoritario que, en contra de toda evidencia, continúa
apuntado a la teoría de la conspiración universal para explicar
lo que la mayoría tiene ya explicado sin recurrir a intenciones perversas
o a causas rocambolescas.
Aunque no resulte políticamente correcto decirlo, esta comisión
es un auténtico despropósito. El Gobierno ha demostrado, al aceptarla,
que no ha superado todavía ese espíritu de 'boy scout' o de 'girl
guide' -dicho sea en atención a la paridad que lo compone- del que viene
haciendo gala en buen número de sus actuaciones. Y la oposición
ha dejado claro que, mientras sea oposición, nada tiene que perder en
este tipo de indagaciones. Por fortuna para ambos, las cosas quedarán
como están. Ya lo dijo Felipe González cuando se cerró sin
conclusiones aquella primera comisión parlamentaria de la democracia en
la que se investigó la financiación supuestamente ilegal de su
partido por parte de un conocido consorcio alemán: «a los socialistas
no nos ha dado una perra ni Flick ni Flock». Y todo el mundo le creyó.
O no.
|